La rebelión del ángel [libro 3]

Capítulo 4 Noche tras noche

Un tiempo desconocido para Anthony había transcurrido desde aquel inusual encuentro en el Límite, y hasta los momentos no había ocurrido ningún cambio, seguía su misma rutina, ningún diamante había vuelto a caer del otro lado del Muro, así que ¿por qué molestarse en ir hasta allá? Ni siquiera se lo preguntaba, sin embargo, aun cuando lo hubiera negado en voz alta o incluso en sus pensamientos, poco a poco, algo comenzó a decirle que debía volver hasta donde estaban los árboles. Una voz en su interior lo incitaba con la idea de regresar y descubrir lo que había allí. ¿Adónde iba aquel ángel con vestido? La voz murmuraba en lo que parecía ser su recién despertada conciencia; era tan débil que fue ignorada durante mucho tiempo.

Un día, la pequeña voz que parecía crecer con el paso del tiempo hizo un esfuerzo para ser escuchada. Anthony decidió hacerle caso y rodeó el Muro sin dudarlo un instante, luego de que un día sonara la canción. No fue movido por un gran interés tampoco, solo comenzó a caminar en aquella dirección como siempre lo hacía, con la misma calma característica de todos los ángeles, donde nadie tenía prisa nunca ni cansancio para realizar alguna tarea.

Caminaba sin buscar a ese otro ángel con vestido, andaba sin detenerse, sin mirar a ningún lado y sin hacerse preguntas, con su rostro tan inexpresivo como siempre, sin ser muy consciente de lo que hacía y de que estaba siendo observado.

—Volviste —dijo una voz agitada a su espalda.

Anthony siguió su camino sin tener interés de mirar en aquella dirección.

Silencio total.

En algún momento, Anthony dejó de caminar, se detuvo un tiempo considerable, sin mirar a ningún lugar.

—¿Qué piensas? —preguntó la voz.

Anthony se dio la vuelta sin hacer ni un solo gesto, cargaba su saco con diamantes, no estaba del todo lleno.

—¿Te marchas ya?

Anthony no podía mirar a quien le hablaba, era como si se negara a ver la realidad. Sus ojos no enfocaban nada en medio de la oscuridad.

El ser que poseía la voz, que había hablado, se adentró en el Límite que con claridad no lo era, pues había algo más allá. Anthony se quedó un instante sin avanzar, no lo había observado directamente, aun así, sabía lo que el ángel con vestido había hecho, y no tenía intenciones de seguir ese camino ni de preguntarse a dónde fue o si volvería. En algún momento, después de no haber hecho nada, reanudó su marcha hasta el Lago Negro.

***

Al día siguiente, cuando el saco de Anthony estaba lleno de diamantes, comenzó a caminar hacia el Lago Negro, todo continuaba igual hasta que sonó la canción. Las Luces comenzaron a descender. Él debía de continuar hasta la Torre, pero sin pensar cambió de dirección. Un tiempo después, se encontraba de pie frente al Límite, con la mirada fija hacia los troncos blancos.

Todos los días cuando comenzaba a oscurecer se repetía la misma escena, y la voz llegaba, se colocaba frente a él y preguntaba: «¿Cómo te llamas?, ¿te gustaría acompañarme?». Él escuchaba, pero no comprendía el significado de ninguna de esas palabras, era más bien como un ruido que no lo molestaba ni lo inquietaba en lo más mínimo. Al no tener respuesta, la voz continuó su camino hasta adentrarse en el Límite y desaparecer ante los ojos de Anthony, que al parecer seguía sin notar su presencia.

Una noche, se encontraba de nuevo allí frente a los árboles, todo estaba igual excepto por una cosa, la voz. La voz no hablaba. Era consciente de que estaba allí al igual que siempre, lo sabía sin mirar a ningún lugar. En su interior había una lucha, ¡qué difícil le resultaba ver algo que tenía justo frente a él! El silencio era absoluto, y una ligera sensación lo incomodaba sin saber el motivo. Necesitaba escuchar aquella voz, aunque nunca hubiera entendido bien sus palabras.

Pasados los días, de alguna forma, continuaba necesitando escucharla, le parecía hacerlo cuando estaba en el Muro, o en su Lugar. Incluso durante la «primera historia», pero no era así. Cuando no estaba en el Límite, la voz que hablaba era la de su cabeza y no la del ángel con vestido. ¿Qué le estaba ocurriendo?

Una noche dio un paso hacia adelante, como queriendo entrar al Límite, sin embargo, continuaba muy lejos, solo un pequeño paso había dado. El ángel con vestido que siempre lo observaba se acercó a él. Se puso justo frente a Anthony, cara a cara, y lo miró fijo a los ojos, le hablaba sin palabras. Anthony no lograba ver, pero el ángel con vestido se mantuvo allí, firme, sin dejar de mirar con intensidad los ojos que tenía delante.

Todas las noches se repetía la misma escena, hasta que después de cierta cantidad de tiempo el ángel con vestido se rendía para adentrarse en el Límite. Luego, Anthony se marchaba de nuevo al Muro.

Una noche, Anthony pudo ver con claridad. Sus ojos enfocaron por primera vez en el ser que tenía frente a él, y este le respondió con un gesto muy extraño, una sonrisa. El progreso era lento, poco a poco, con el paso de los días, Anthony pudo mirar más a aquel ángel con vestido. Las expresiones de aquel ser eran inusuales, le decía de todo y a la vez nada. No podía comprender qué quería comunicarle, había comenzado a decir frases, le hacía preguntas, no obstante, Anthony no le respondía nunca, solo seguía sus movimientos con la mirada.

—Sé que puedes oírme —dijo el ángel con vestido.




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