La recta de Kumiko.

03.

3. 🎧Sweet DreamsEurythmics.

“Los sueños dulces están hechos de esto,
¿quién soy yo para no estar de acuerdo?
Viajó por el mundo y los siete mares,
todo el mundo está buscando algo.

Algunos quieren usarte,
algunos quieren ser usados por ti”.

Todos tenemos un sueño, aquella meta que nos proponemos de pequeños y que ahora puede sonar absurda pero todavía se considera porque nos gustaría poder complacer a ese niño que tenemos dentro. Siempre quise ser famosa, ver mi rostro en los diarios más leídos, ser portada de las revistas agotadas, aparecer en los portales de internet, en realidad que todo yo esté sobre la ciudad, pero desear es una palabra muy grande y más cuando se cumple y no de la manera que uno espera.

Cada paso que daba era un flash y aparecía en los diarios y revistas, saturaba los portales de internet, todos querían saber quién era realmente, no por ser cantante, ni siquiera bailarina o artista, solo por ser la hija de un senador asesinado.

Deseo: sentimiento extremo.

«—¿Señorita Kumiko, se la vio salir del homenaje de su padre muy alterada, ¿Está usted bien?»

«—¡Kumiko! ¡Aquí! Escapaste de la marcha con el hijo del mejor amigo de tu padre, Wells Henry, ¿Tienes algo que confesar?»

«—¿Están saliendo? »

«—¿Cómo sobrellevas todo esta situación? ¿Wells te apoya? »

Ese chico se había introducido en la mayoría de las preguntas de la prensa antes que cualquier persona y eso me terminó por agotar.

Según algunos portales estaba tan desconsolada que me enamoré perdidamente de Henry, el hombre de cuya familia involucrada en la causa de mi padre, lo cual era bastante absurdo porque, si no recordaba mal, la última vez que vi a Wells fue el mes pasado en la inauguración cuando creí que él sería mi única escapatoria de aquel lugar nostálgico.

—¿Hablaras alguna vez sobre lo sucedido?— mi cara otra vez fue bañada por una luz insoportable y cegadora. Si continuaban así quedaría ciega y podría apostarlo.

—Permiso. No más notas. Permiso— Paul hablaba pero al parecer todos sufrían de una sordera incurable, ninguno se movía hacia atrás para poder respirar aunque sea un poco, es más, se amontonaban cada vez peor, tanto que llegaba a agradecer no ser claustrofóbica en ese momento.

—¡Señorita Miko! ¡Señorita Miko!

—Mierda.

—¡Kumiko! ¡Aquí, aquí!

—¡No empujen!— gritó otra vez Paul, pero nadie entendió el mensaje, incluso me empujaron con más fuerza, causando que por impulso me agarrara de mi guardaespaldas y pisara algo peludo y suave que se cruzó por mi camino, estaba a nada de romper en llanto.

—¡No puede ser!

—Mierda.

Otro día. Otro amanecer. Otra revista que llegaba y entraba por la pequeña abertura que tenía la puerta del departamento, llevando como primera noticia y de portada el desastre que había causado ayer por culpa de los reporteros.

—¿Ahora maltratas a los animales? Pensé que eras vegetariana— se burló Thrud al ver la noticia y mi cara de desagrado cuando le gritaba a una periodista en primera plana.

—Lo soy.

—Que descontrol ayer.

—Ni me lo digas.

Me lanzó la revista que tenía como gran titular “Kumiko Dullin, acoso, discusión y pisadas” esas letras en blanco estaban sobre la foto que sacaron cuando pise, sin querer, la cola de dos perros mientras tenía un paparazzi encima haciéndome preguntas y empujándome entre otros. 

Bufé esperando más que eso, siempre más, en aquel mundo las cosas sucedían así, los periodistas no tenían la culpa, no, solo las personas por no contestar a sus preguntas comerciales.

—Esto apesta, Thrud, sálvame— le rogué como última salida.

—Miko, nadie dijo que sería fácil, estos momentos son los que quería evitar pero por más que quiera es difícil no ver cuánto te afecta. Así que, ¿Qué dices de hacer una entrevista? Quizás se calmen un poco las cosas, consideralo...— la interrumpí con indignación.

—¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Para que se detenga una mínima parte de esto? Ellos simplemente jamás dejarán de romper el respeto por la situación. Crean sus propias teorías como si estuvieran escribiendo una historia buscando el final perfecto para aquella. No necesito exponerme, no quiero hablar con los medios— el fuerte agarre a los bordes de la mesa de mármol demostraban el mal humor que había atrapado mi cuerpo frente a su propuesta.

—Yo sé cuál es tu ideología, pero hazlo por nosotros, por favor. Si quieres que sea algo corto, lo será, puedo arreglarlo, aclara todo lo que creas necesario, pon los límites y que nadie los sobrepase, no dejes que los periodistas te controlen, tu controlarlos a ellos, es tu decisión responder al respecto o no, cuenta lo que quieras, después de todo ellos reciben su recompensa. No te cuelgues, esto no va a dejar de suceder hasta que le des un alto, solamente declara tu condición y yo haré posible cada una de tus exigencias— Thruddy casi se ponía de rodillas suplicando que considere su idea y quizás era buena, pero no me terminaba de convencerme.




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