La reina de las tinieblas

Vuelta al pueblo

Spencer Observó intrigado a la mujer, siendo llamado por su compasión guio sus ojos a sus manos huesudas comprendiendo quera un alma en pena, levantó la mirada prestando atención a las larvas que se comen sus ojos, la piel seca en sus manos es lo que hace que su pesar se haga más visible por la marca de un rosar en su cuello.

Como si hubiera muerto asfixiada por ella.

—Lamento haber tomado a su alteza de esa manera, pero era necesario para sacarlo.

—¿Conoce la salida de la prisión?

Ella asintió con la cabeza.

—Pero antes, permítame decirle que debe hacer por nosotros… —La mujer mostró sus dedos quitando la piel seca de un tirón revelando los huesos de sus manos, sin dolor alguno quito de un tirón una tira de piel seca

Exhibiéndola a la luz donde su transparencia se refleja.

—Cómala —pidió

La observó con asco, trago en seco y fue en ese momento que negó con la cabeza.

—Por favor…, por favor …, por favor —su suplicar vino con un quebranto apagado

Trago en seco y apretando los labios tomó la piel apreciándola en sus manos, acariciando con sus dedos la piel seca que han de exhibirle.

«Debe ser similar a comer cuero»

Abrió la boca, su mandíbula temblaba, y sus ojos no se apartaban de la huesuda mujer cuyas larvas ya se estaban apoderando de gran parte de su rostro. Como si brotaron de ella.

Sus dientes chocaron juntos con fuerza sobre la piel, partiéndola y así tragándosela, no la mordio, simplemente la paso.

Y su sabor lo lleno de incertidumbre, pues, aunque era débil y la saliva la desintegró, sintió tierra en su lengua.

Pegó la lengua al paladar, sus glándulas salivales generaron más saliva dentro de su boca.

—No puedo comer más —dijo

Le paso el troso de piel qué aún quedaba, y ella sin nada más que aceptar. Lo tomó pegándolo sobre su putrefacta carne.

Spencer aprecio el lugar, lleno de curiosidad por la blancura de aquel refugio que se había creado para él.

Observó el suelo, el cristal transparente en el que estaba sentado reflejaba su apariencia cómo un espejo.

—Su alteza, por favor, libere nuestras almas en pena.

Sus ojos temblaron ante él, sus manos se pegaron sobre las del príncipe, ella inclinó su cuerpo, pegando su cabeza sobre sus manos mostrando total devoción ante él.

Spencer no hizo nada, cerró los ojos unos instantes con el ceño fruncido, los labios tensos y una fuerte mordida.

«En que me he metido» pensó

Con delicadeza quito la mano qué la muerta sostenía, acarició la parte de su rostro limpia levantándola hasta que sus ojos observaran al príncipe cuya mirada permanecía oscura.

La plata que caracteriza a los Burton, ahora en la mirada del último príncipe reflejo ante la mujer muerta algo que no era propio de ella, temor a un vivo.

Le tenía miedo a Spencer, luego de buscar su ayuda desesperadamente.

—¿Qué tengo que hacer, para que esta tierra se libre de su majestad la reina? —la severidad en su voz ayudada por su mirada trajo un perpetuo recuerdo olvidado por aquella alma

—Hacer que el pueblo la olvide, los vivos y los muertos deben olvidar su maldad. Su alteza

Spencer rio con ironía ocultando la severidad del asunto.

—Eso es imposible. ¿Está escuchando lo que dice? Quieren que un reino muerto, olvidado y acabado, se olvide de la reina que les han impuesto… ¿cómo pretenden que lo haga?

—Erradicando la mala hierba, mi príncipe. Vera… hace mucho tiempo estábamos esperando que la descendencia de la Condesa Bhakam llegara, que la conexión entre los vivos y los muertos se restableciera. Que nuestro primer Rey apareciera, que Karmillo Darks llegara a nosotros como nuestro salvador… —el dolor en su voz era claro, y el corazón de Spencer que antes latía por obligación, ahora late por temor —. Mi querido príncipe, solo para que ambas dimensiones logren estabilizarse, es importante que usted acabe que su majestad la reina Lizabeth, con su descanso, ella podrá liberar esta tierra. Esa es la única manera en la que se olvida un rey, y usted lo sabe.

—No. Así no se olvida un rey. Su majestad la reina tiene fama desde hace años, ¿cómo pretendes que el pueblo olvide algo que ha reinado eternamente? Es imposible.

—¡Para usted no lo es! ¿Acaso no comprende nuestro sufrimiento?

La tomó de los hombros retirándola de su cuerpo, sus manos, abiertas y tensionadas, trataron de tocar su pecho; sin embargo, él no lo permitió.

Mantuvo firmeza en su postura, la frialdad en su mirada era aquel clímax distinguido de los Darks, de los Burton.

La historia de Karmillo, el rey de la oscuridad, da inicio en una tierra desolada donde habitaban criaturas humanas demoníacas, él junto a la reina de Pathena establecieron un castigo divino sobre la tierra por castigos contra la vida humana.

Los años pasaron y las personas olvidaron su nombre, pero no la maldición, pues cada noche los habitantes se refugiaban en sus casas para evitar los estragos de los hijos de la Oscuridad, Karmillo murió, y le sedio el poder a su hijo mayor, y así hasta dar con la familia de Lizabeth. Dada la creencia popular de que la magia negra se relacionaba con Imferium —reino de la oscuridad —todo aquel qué practicará y brindará su devoción a la familia Darks sería condenado a muerte.

Muerte en la hoguera, siguiendo las tradiciones de Pathena —reino de los cielos y dueños del fuego —puesto que consideraban aquel candente elemento la ubica manera de erradicar todo aquello que estuviese relacionado con la oscuridad.

Bhakam, era nieta lejana de Karmillo, prima de las gemelas y solo sobrevivió porque no estaba en el reino el día del siniestro contra su familia.

Finalmente se casó con un duque, y su hija con un vizconde, el hijo de su hija con una condesa, la hija de su hijo, con un marques, la hija de su hija con un duque, el hijo de su hija con una princesa, y finamente continuaron con la rama real, hasta que nació Spencer Burton.




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