La reina de mi corazón

La pregunta Quién será la chica

Capítulo 2

—Señorito, ¿qué chica vio aquí? Nadie subió. Nadie entró. Estaba completamente solo.Demian negó con la cabeza con firmeza:—No me golpeé la cabeza. Recuerdo TODO perfectamente. Era una chica joven… lo que más se me quedó grabado es que tenía el cabello pelirrojo, rojo brillante como fuego. El resto se me difuminó un poco al caer, pero ese color jamás se me olvidará. Es lo único que necesito saber. Búsquenla.El escolta asintió y le informó:—Debemos irnos ya. Su padre llegó hoy, no estaba en ninguna reunión importante. Nos ordenó llevarlo de inmediato. Vinimos aquí porque su padre pidió que visitara a su abuelo, pero ya es hora de partir. Acompáñenos al auto, por favor., Demian subió al vehículo sin decir una palabra. Se recostó en el asiento trasero, mirando por la ventana cómo se alejaba aquel edificio, y una amargura le subió a la garganta:«¿Mi padre no estaba en una reunión importante?», pensó con rabia contenida. «Seguro era mentira. Siempre miente. Seguro inventó cualquier cosa para tenerme controlado.»Lo odiaba. Con toda su alma lo odiaba. Porque su padre era la razón de todo: de la muerte de su madre, de los gritos que no cesaban, de sentirse prisionero en su propia vida. Ese hombre lo había roto hasta el punto de querer desaparecer… y ahora se atrevía a mentirle otra vez.Lo odiaba. Con toda su alma lo odiaba. Porque su padre era la razón de todo: de la muerte de su madre, de los gritos que no cesaban, de sentirse prisionero en su propia vida. Ese hombre lo había roto hasta el punto de querer desaparecer… y ahora se atrevía a mentirle otra vez., Pero entonces su pensamiento volvió a ella. Y aunque todo a su alrededor era oscuridad, esa chica pelirroja seguía brillando en su mente.! «No importa cuánto mienta mi padre. No importa cuánto me esconda. Tengo su pista. Y la seguiré hasta encontrarla.»La cena transcurría tranquila, entre platos y silencios. Isabella movía la comida con el tenedor, ausente, sin poder apartar de su mente la imagen de aquel chico en la terraza. De pronto levantó la vista hacia su padre y preguntó con voz baja pero curiosa:—Papá… ¿qué le pasa por la cabeza a una persona cuando piensa en suicidarse?Su padre la miró un instante, soltó el cubierto sobre la mesa y respondió con naturalidad:Isabella sintió que se le aceleraba el corazón. Bajó la mirada rápidamente hacia su plato y dijo:—Nada. Nada más… me dio curiosidad, eso es todo.Al día siguiente, el sol apenas comenzaba a subir cuando Demian bajó al salón principal. Tenía el cabello castaño, algo rizado aunque solía llevarlo liso, y unos ojos azules profundos que solía esconder tras una mirada seria. Se detuvo un instante en el marco de la puerta, observando a su padre hablar con un grupo de hombres de negocios.Mientras los miraba, su mente se alejó de aquel lugar… volvió a la terraza. A cada momento desde aquel día su vida había cambiado. Ya no era el mismo chico que vivía sin rumbo, perdido entre gritos y silencios rotos. Algo se había encendido en él. Cada hora, cada minuto, su pensamiento volaba hacia ella: su voz, la fuerza con la que lo detuvo, la forma inesperada en que apareció y desapareció como un sueño. Ya no soportaba su vida de antes, porque ahora sabía que existía algo mejor, algo real… y estaba decidido a encontrarlo.«Gracias a ti ya no soy el mismo», pensaba con el pecho apretado. «Me diste una razón para seguir y no sé tu nombre. Pero te buscaré. No descansaré hasta verte otra vez.»En medio de esos pensamientos, la vio.Entró caminando con paso seguro, con aire de sentirse dueña de todo lo que miraba. Camila, doce años, cabello de color dorado que le caía suave sobre los hombros y unos ojos verdosos, grandes y expresivos. Era con quien habían arreglado su matrimonio desde que eran niños. Al principio le pareció que tal vez no sería difícil llevarse bien… pero con el tiempo todo cambió. No dejaba de seguirlo a cualquier parte a la que fuera, siempre apareciendo, siempre presente. Lo que al principio pudo ser amable, se volvió pesado, asfixiante. Cada vez que la veía venir, sentía que perdía el aire. No quería estar con ella. No quería estar con nadie… salvo con la única persona que no lograba recordar por completo.«¿Por qué siempre estás aquí?», se preguntaba con fastidio. «No te pedí que me buscaras. No te quiero a ti. La espero a ella.»Camila se acercó a él con su sonrisa de siempre.Él apenas la miró, sin decir nada, y en su cabeza volvió a estar en aquella terraza. Ese era su refugio ahora: recordarla una y otra vez, la única imagen que lo hacía sentir vivo. «Si supieras quién está en mi mente ahora… si supieras que ya le pertenezco a otra.»




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