La Reina del bosque

Capítulo 3: Plata y oro

Todo ocurrió demasiado deprisa.

Antes de que Garrett se diera cuenta, los soldados le habían arrebatado su arco y sus flechas, así como su cuchillo y su bolsa, y le habían arrastrado hasta una habitación sin ventanas —pero iluminada por algún extraño objeto luminoso colgado en el techo—, con una única mesa de piedra y dos sillas. Le habían dejado sentado en una de las sillas y se habían marchado, cerrando la puerta tras de sí. Una vez solo en la habitación, Garrett contempló el vacío, demasiado aturdido para reaccionar.

¿Qué había pasado? ¿Qué había dicho el fae? ¿Que lo detenían por ayudar a Fiona a fugarse? ¿Fiona se había fugado? ¿Cómo? Se la habían llevado tan solo dos días atrás, ¿cómo podía haber desaparecido?

Y unos momentos después de no haber encontrado respuesta a esas preguntas, recordó que le habían acusado a él. ¿Qué demonios iba a hacer? ¿Iban a llevarle a juicio? Pero él acababa de llegar, ni siquiera había tenido tiempo de conspirar en nada.

Rápidamente, su mente comenzó a pensar en todo lo que el pequeño fae le había explicado sobre los juicios.

¡El pequeño fae! ¡Él le había guiado hasta ahí, así que podía probar que no había hecho nada! Seguramente, seguía esperándole frente al edificio.

Garrett casi pudo suspirar de alivio al darse cuenta de que podía salir de ese lío, pero el sonido del cerrojo siendo abierto exigió su atención. Cuando Garrett levantó la vista, al mismo tiempo que se abría la puerta, vio entrar a la mujer más hermosa que había visto en su vida, y de pronto su mente se quedó vacía de nuevo.

Era alta, casi tanto como él, de huesos finos y estructura esbelta, con unos pómulos altos y un cabello largo y plateado, que reflejaba la luz y parecía brillar por sí mismo, y que evocó en Garrett recuerdos antiguos sobre un cabello similar, en el cuerpo de otra criatura. Cuando la mujer cerró la puerta y se giró hacia él, sus ojos dorados refulgieron directamente hacia los suyos, y Garrett sintió que la respiración se negaba a entrar en su pecho, mientras su corazón punzaba de nostalgia y anhelo.

Inconscientemente, Garrett se llevó una mano al pecho.

—¿Nombre? —La melodiosa voz flotó hacia sus oídos y los alcanzó como una caricia, adormeciendo los sentidos de Garrett, y haciendo que el significado de las palabras se le perdiera.

Garrett contempló a la mujer completamente embobado, hasta que la femenina expresión comenzó a tornarse en una mirada interrogante. Entonces, su cerebro fue capaz de convertir los sonidos en palabras con significado.

¿Nombre? ¿Qué nombre? ¿El suyo?

—Ga-Garrett. —Las letras se le trabaron por un momento, junto con un nudo en la garganta que Garrett trató de quitarse con un carraspeo.

Frente a él, la mujer se sentó en la silla al otro lado de la mesa y colocó los brazos sobre ella, con las manos entrelazadas.

—Se te acusa de colaborar en la fuga de una prisionera.

—No, yo… —Garrett se tomó un momento para organizar sus pensamientos y salir del bochornoso estupor, en el que la llegada de la mujer fae le había hecho caer—. Yo acabo de llegar a la ciudad. He estado caminando por el bosque los dos últimos días. Mi guía está en la calle, frente al edificio.

—¿Tu guía?

—Un pequeño fae alado. Le conocí esta mañana, me ha estado guiando todo el camino hasta aquí —explicó.

—¿Pequeño fae alado? ¿Te refieres a un pixie?

—No sé cómo se llama. Le prometí un diente a cambio de guiarme. —Diente que aún le debía.

—Hacer un trato con un pixie, si no sabes lo que es, ha sido un movimiento muy arriesgado —comentó la mujer, mientras se reclinaba en el respaldo de la silla con una mueca divertida—. Si el acuerdo era a cambio de un diente, has tenido suerte de que solo haya sido eso.

Garrett apretó los dientes. Como había pensado, había corrido un gran riesgo al aceptar la ayuda del pequeño fae —pixie, se recordó—.

—Bueno —continuó la mujer—, y si no tienes nada que ver con la fuga de la criminal, ¿qué estás haciendo aquí, Garrett?

Por un momento, el sonido de su nombre en la voz de la mujer amenazó con dejar la mente de Garrett sumida de nuevo en ese estado de abotargamiento, pero afortunadamente, la gravedad de la situación pesó más en su conciencia.

—Hace dos días, unos soldados se llevaron a una joven de mi aldea. Dijeron que se la llevaban a un Juicio Real. Yo he venido hasta aquí para defender su inocencia.

—¿Querías registrarte como su defensor?

—Así es.

La mujer pareció tomarse un tiempo para considerar la explicación de Garrett, antes de volver a hablar.

—Actualmente, solo hay una solicitud abierta para un Juicio Real, para una humana de nombre Fiona. —La mujer guardó silencio, como esperando algo. Solo continuó hablando después de que Garrett asintiera a sus palabras—. Fue traída hace dos días, como has dicho, pero esta mañana su celda apareció vacía, sin rastro de la acusada. Casualmente, tú apareces ahora, proclamándote su defensor.

—No es casualidad, ya he explicado por qué he venido. Y si Fiona ha desaparecido, no ha podido hacerlo por su cuenta.

Garrett pensó que sus palabras convencerían a la mujer de que Fiona era inocente, pero la fae simplemente se le quedó mirando sin cambiar su expresión, como si nada de lo que Garrett decía le sorprendiera. Entonces Garrett lo comprendió. Cuando le apresaron, le habían quitado sus armas, pero no se habían molestado en atarle, ni en asignarle ningún guardia para que le vigilara. Se habían limitado en dejarle en una habitación cerrada, porque Garrett era un humano. Por supuesto que los faes no pensaban que Fiona se hubiera escapado por su cuenta, porque definitivamente, sería imposible para un humano escapar de una prisión fae.




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