La Reina del bosque

Capítulo 7: En el bosque

A la mañana siguiente, Garrett saludó al nuevo día con una mujer fae entre sus brazos. Había notado la calidez contra su pecho y el dulce olor contra su nariz, por lo que abrió los ojos, confundido, solo para encontrar la visión de las plateadas hebras frente a su cara, y el femenino cuerpo contra el suyo. Al parecer, en algún momento de la noche, tal vez por el frío, Garrett se había acercado a Elvinia y había rodeado su cintura con los brazos, provocando que durmieran en una especie de abrazo involuntario.

En cuanto la mente de Garrett consiguió despejarse del todo, el cazador se levantó como un resorte, teniendo cuidado de no despertar a Elvinia, y se preparó para partir en busca del desayuno de ambos. Afortunadamente, en esa época del año muchos peces se acercaban a la orilla en busca de alimento o de un lugar donde poner sus huevos, por lo que, usando su cuchillo, improvisó una lanza con una robusta rama y emprendió el camino hacia el río. Para cuando Elvinia se despertó, Garrett ya había vuelto con dos truchas de buen tamaño. Como había dicho Elvinia, las heridas de la fae habían sanado completamente durante la noche, así que ambos podrían continuar con su camino en cuanto comieran algo.

Mientras Garrett avivaba el fuego y preparaba el pescado, Elvinia empleó una ramita quemada y un tozo de la tela, procedente de su camisa, para escribir una nota. Después, tras atravesar las ramas del sauce e internarse unos pasos en el bosque, la fae emitió algún tipo de silbido melódico, como el que se emplearía para llamar a un animal entrenado. A través de la cascada de hojas, Garrett pudo atisbar cómo un ave aparecía de entre las copas de los árboles y se posaba en el brazo extendido de la reina, quien le enganchó el trozo de tela en una pata antes de hacer volar de nuevo al animal.

Garrett supuso que así era como la reina se comunicaba con su escuadrón, y no pudo evitar que su menta elucubrara un pensamiento perturbador. Cuando Elvinia volvió a adentrarse en la caverna que usaban como escondite, Garrett no pudo evitar manifestar sus preocupaciones.

—¿Cómo sabes que ningún miembro de tu escuadrón está confabulado con quien ha planeado todo esto?

La sorpresa tiñó el semblante de Elvinia, quien clavó su áurea mirada en el rostro preocupado de Garrett, antes de responder con absoluta seguridad.

—¿Mi escuadrón? Eso es imposible. Todos los miembros del Escuadrón especial de la Reina me son completamente leales. Es prácticamente un requisito.

Elvinia había pronunciado las palabras como si éstas manifestaran una verdad inamovible, pero la intranquilidad no desapareció del corazón de Garrett. ¿Cómo podía la reina estar tan segura? Uno, o varios, de sus súbditos habían organizado un complot en su contra, y también había quedado comprobada la nula vacilación que podían mostrar otros grupos de faes a la hora de ser partícipes en dicho complot, siempre y cuando recibieran el pago adecuado. ¿No sería lógico pensar que la red de conspiradores se extendía hasta el círculo interno de la reina?

Los atribulados pensamientos corrían sin cesar por la mente de Garrett, hasta que un delicado toque en su piel los silenció por completo, atrayendo la atención del cazador hacia la mano que se había posado gentilmente sobre la suya.

—Mi escuadrón es completamente confiable, Garrett. No debes preocuparte por ellos —insistió la reina—. Incluso si un espía intentara infiltrarse, el resto de soldados se percatarían de inmediato y me lo harían saber.

—Apenas han pasado tres días desde que se llevaron a Fiona —respondió Garrett—. ¿No habría necesitado el conspirador que alguien le informara sobre el Juicio Real, con la antelación suficiente como para planear todo esto?

—Cuando se emite una orden de captura, se le da al acusado un aviso con tres días de antelación —explicó la fae—. Ese tiempo es más que suficiente para formar un plan sólido. —Elvinia soltó la mano de Garrett y, en cambio, tomó asiento junto a él, lo bastante cerca como para que su hombro y su cadera rozaran las del cazador—. Sin embargo, estoy de acuerdo en que alguien cercano a mí está involucrado en este plan. Seguramente sea un noble de la Corte, sé de buena tinta que hay unos cuantos insatisfechos con mi reinado, aunque desconozco sus identidades.

Garrett se mantuvo pensando en las palabras de Elvinia, sin lograr sentirse del todo apaciguado, mientras vigilaba el fuego y dejaba que el silencio se extendiera entre ellos durante varios minutos, hasta que la reina volvió a romperlo con su melodiosa voz.

—Mis soldados darán caza al grupo de caminantes que se dirigió al sur —aseguró con confianza—. Y mientras tanto, nosotros encontraremos el rastro de los que fueron hacia el norte, daremos con su escondite, encontraremos a tu amiga y descubriremos la identidad del fae detrás de este complot.

Garrett se limitó a asentir a las palabras de Elvinia, deseando sentirse tan confiado como ella, y aunque trataba de no dejarse ahogar por la incertidumbre, ésta permaneció bien presente en sus pensamientos.

Cuando el pescado estuvo listo, ambos desayunaron en silencio y, tras terminar, apagaron la hoguera y se prepararon para emprender el camino. Garrett seguía preguntándose cómo era posible encontrar el rastro de alguien que viajaba por el agua, pero pronto sus dudas se vieron resueltas.

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Avanzaron durante todo el día y, cuando cayó el ocaso, seguían sin haber logrado nada.




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