La Reina del bosque

Capítulo 8: Elvinia y Garrett

Elvinia guió a Garrett hacia su habitación en la posada. Durante el corto trayecto, la mujer se mantuvo en silencio, alimentando la tensión de la nube que les envolvía. Por su parte, Garrett caminaba detrás de la fae, igualmente callado, con los músculos rígidos y un nudo de nervios apretándole el estómago. Las palabras dichas en el callejón pesaban sobre él como un lastre, y Garrett no podía eludir el pensamiento de que había cometido algún tipo de error.

Tras adentrarse en el dormitorio, Elvinia encendió la gema luminosa del techo con un simple movimiento de su mano y cerró la puerta detrás de ellos, dejándoles atrapados en esa burbuja de incomodidad. Aún sin pronunciar palabra, la fae se sentó sobre la cama individual, provocando que unas pequeñas arrugas deformaran el bordado de la colcha, cruzó los brazos sobre el pecho.

—Pregunta lo que desees saber. —Por algún motivo, aunque no hubiera ninguna inflexión especial en la voz de Elvinia, Garrett creyó discernir un rastro de incomodidad en ella. Y aunque la reina parecía dispuesta a resolver todas las dudas del cazador, ni siquiera él mismo era consciente de hacia dónde navegaban sus pensamientos.

¿Qué era lo que Garrett le había preguntado en ese callejón?

"¿Acoges a niños desamparados para que se conviertan en tus soldados más leales?"

Como respuesta, Elvinia le había cuestionado si eso era lo que Garrett pensaba de ella, pero… ¿Era eso lo que Garrett pensaba?

Antes de entrar al pueblo, el cazador había asegurado que confiaba en Elvinia, y seguía manteniendo esa resolución intacta en su mente, porque la fae le había demostrado con hechos que era una persona amable y digna de confianza, todo lo alejada que alguien podía estar de ser presa de la codicia. No obstante, Garrett era plenamente consciente de que nadie podía sobrevivir en un mundo como aquel en el que había nacido Elvinia, a base de amabilidad y confianza. Al fin y al cabo, ella era La Reina. ¿Significaba eso que Garrett debía renunciar a la confianza que habían ganado? No. En absoluto. Aunque, por un instante, a Garrett se le hubiera pasado por la cabeza la posibilidad de que Elvinia estuviera actuando de manera calculadora y fría, su intención nunca había sido emitir ningún juicio sobre sus acciones. Entonces, ¿qué era lo que Garrett quería preguntar realmente?

—¿Por qué enviaste a ese niño a la oficina de reclutamiento? —Cuando Garrett habló finalmente, lo hizo sin el más mínimo indicio de reproche, esperando que Elvinia notara que su intención no era recriminarla nada.

—Como he dicho, el niño parecía necesitar con urgencia una fuente de ingresos y un oficio, y no parecía que aquí tuviera muchas opciones —respondió ella, con voz suave, como si temiera que Garrett no creyera en sus palabras—. Así que le envié allí, porque es el único lugar en el que puedo dirigir una palabra discreta al encargado.

Garrett asintió, sin expresar ninguna opinión. —¿Lo haces a menudo?

Elvinia suspiró. —¿Enviar huérfanos y mendigos a las oficinas de reclutamiento especial? Sí, lo hago cada vez que puedo.

—¿Por qué?

En ese momento, los hombros de la fae se tensaron visiblemente, y toda su cuerpo se colocó en una postura defensiva, como si la reina se viera en la necesidad de sostener su postura frente a un ataque.

—No soy indolente ante las dificultades de mis ciudadanos, Garrett —dijo, con un intenso brillo en su mirada—. Cualquiera pensaría que mi posición de poder me permitiría tomarme ciertas libertades, y aunque es cierto que poseo más libertades que otros, nada hay más lejos de la realidad —admitió—. Soy la Reina. Cada ojo a mi alrededor me observa atentamente cada minuto del día, buscando la más mínima debilidad para emplearla como artillería contra mí. Hay mucha gente con no menos poder que yo, que busca eliminarme del modo que sea. Lamentablemente, yo misma les he dado la oportunidad, con mi reforma de ley. —La expresión de Elvinia se tornó burlona, pero quedó claro que ella misma era el objeto de burla—. Por desgracia, eso significa que no puedo, simplemente, extender la mano hacia cualquier fae necesitado, porque entonces los demás nobles podrían acusarme de corrupción, abuso de poder o tráfico de influencias. Delitos que yo misma incluí en la legislación con el objetivo de poder destituir a cualquier noble corrupto. Así que ya ves —suspiró—, soy una Reina sin la libertad de ofrecer ayuda a un súbdito en la pobreza. ¿Por qué les envío a un escuadrón del ejército? Porque los miembros de ese escuadrón son los únicos faes dentro de la Corte que no utilizarían esa información en mi contra.

Garrett no sabía qué decir. Él nunca había pisado ninguna Corte, así que ignoraba por completo el tipo de intrigas que allí se tejían. Sin embargo, consideró lo que había aprendido del mundo fae a través de los relatos de Elvinia.

Los faes habían vivido matándose entre ellos por vaya a saber cuánto tiempo, hasta que Elvinia llegó al trono y estableció unas leyes que prohibían la violencia indiscriminada y el abuso de poder, lo que tácitamente eliminaba el estilo de autoridad que muchos de los nobles llevaban ejerciendo durante toda su vida. Por desgracia, esas leyes también se extendían a la Reina, razón por la cual ésta debía ser extremadamente cuidadosa con sus actos públicos. De pronto, a Garrett se le ocurrió que, el hecho de ocultar su identidad, no respondía al simple motivo de aprovechar una ventaja estratégica, sino que tal vez, Elvinia podría tener verdaderos problemas si alguien descubría que no estaba en el Palacio.




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