Cuando volvieron a la habitación, Garrett se sentía como un campesino agotado después de todo un día en el campo, en lugar de alguien que acababa de cenar una comida digna de reyes. Elvinia debía de sentir una fatiga similar, porque en cuanto cruzó la puerta, escogió dejarse caer en el sofá del saloncito.
—¿Estás bien? —preguntó Elvinia, mientras lanzaba descuidadamente los delicados zapatos de tacón—. No comiste mucho.
—Había tanta tensión en ese comedor, que difícilmente podría haber metido nada en mi estómago. —Garrett siguió los pasos de Elvinia y se sentó junto a ella en el acolchado sofá—. Y mis energías se han agotado bastante solo tratando de seguir la conversación. Siento que por cada palabra que se ha dicho, me he perdido diez.
La fae emitió una ligera risa cargada de ternura. —La especialidad de los faes es hablar con dobles sentidos, y entre los nobles es prácticamente un requisito indispensable para socializar.
—Ya que mencionas ese tema. —Garrett se sentó junto a Elvinia, reclinándose cómodamente en el respaldo del sofá—. Me lo pregunté desde que te mostraste ante los soldados del duque, ¿es así como hablan normalmente los nobles?
—¿Te refieres a ese asunto del “nosotros”? Es la etiqueta fae para que los nobles puedan darse importancia a sí mismos y diferenciarse del resto.
—Suena muy rígido.
—Lo es. La residencia del duque es especialmente estricta en sus formas, por eso los sirvientes tienen prohibido dirigirse a nosotros directamente al hablar.
Garrett se mordió los labios, indeciso. Había otro detalle que le había llamado la atención en las palabras del duque esa noche, principalmente porque recordaba que los faes de la taberna habían mencionado algo parecido. Sin embargo, no estaba seguro de si debía preguntar, temeroso de que fuera un asunto delicado. Cuando había increpado a Elvinia sobre el asunto de su escuadrón, Garrett no había estado seguro de sus sentimientos, y Elvinia lo había interpretado como una acusación. No quería que volviera a ocurrir algo parecido.
Perdido en sus pensamientos, el dulce toque en su mejilla reclamó su atención y, al girar la cabeza, se encontró con los suaves ojos dorados.
—Cualquiera que sea la cosa que esté rondando por tu mente, puedes decírmela. No necesitas guardarte nada conmigo.
Las palabras de Elvinia acabaron con sus reservas. Tal era el poder que esa mujer tenía sobre él.
—Hay un cosa que dijo el duque que me llamó la atención. Es algo que también mencionaron los faes de la posada. —Garrett contempló el rostro de Elvinia, asegurándose de que sus palabras no se malinterpretaran como nada más que sincera curiosidad—. Dijo que nadie se atrevería a interponerse entre tú y aquello que desearas, y los faes de la posada mencionaron que habías conseguido algo, antes de prohibírselo a los demás. ¿A qué se referían?
Garrett creyó ver un brillo de vacilación en los ojos de Elvinia, junto con un deje de miedo. Sin embargo, estuvo casi seguro de haberlo visto mal, porque, ¿qué podría asustar a Elvinia? La fae soltó un pesado suspiro, como si se preparara para soportar el peso del mundo, antes de responder a su pregunta.
—Ese es un tema que, aún a día de hoy, permanece vívidamente en la memoria colectiva. La parte más oscura de mi reinado, supongo. —Elvinia se mantuvo cabizbaja mientras hablaba, y Garrett creyó verle una expresión resignada—. Originalmente, yo no era la primera en la línea de sucesión . Ese honor recaía en mi hermano mayor.
Garrett se quedó impactado por la revelación. ¿Su hermano?
—¿Tienes un hermano mayor?
Elvinia volvió a suspirar. —Lo tuve —aclaró—. Era el heredero predilecto, un príncipe fae de la cabeza a los pies. Cruel, déspota y despiadado. El perfecto futuro Rey.
Garrett contempló cómo el rostro de Elvinia se contraía en una mueca de dolor, y se temió cómo iba a avanzar la historia.
—Pero fuiste tú quien se convirtió en la Reina —dijo—. ¿Le arrebataste el trono? —Y en base a lo que Elvinia le había relatado sobre cómo funcionaba antes la Corte, Garrett podía imaginar cómo lo había logrado.
—No diría que se lo arrebaté —dijo Elvinia—, pero quedarme con él fue la consecuencia inevitable de terminar definitivamente con sus intentos por convertirse en el único heredero.
Como se había temido, su propio hermano había sido uno de los faes que habían intentado matar a Elvinia en su juventud.
—¿Así que lo mataste?
—Participé en los hechos que causaron su muerte, sí. —De nuevo, la postura de Elvinia emitió un aire de dolorosa resignación—. ¿Me desprecias ahora?
¿Eso era lo que ella pensaba? ¿Que, después de su historia, Garrett la odiaría? ¿Por eso sus brillantes ojos se mantenían bajos, como si temiera devolverle la mirada, y con un deje vulnerable como el de alguien que esperaba un veredicto de culpabilidad?
Garrett no pensaba nada de eso.
Desde que habían sido descubiertos, el comportamiento de Elvinia en frente del duque y sus sirvientes le había dejado en claro a Garrett la enorme diferencia que existía entre la reina Elvinia, que había sobrevivido en una Corte llena de cuchillas, y la mujer llamada Elvinia, que Garrett había conocido en su tiempo a solas y con la que había bromeado despreocupadamente.
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Editado: 18.04.2026