La Reina entre las sombras y el destino

Capitulo 2

Han pasado unos cuantos días y su hermano Izan llega hoy al fin a la mansión en Crestvell, lugar donde su tía Matilde vive y su hogar desde hace ocho años, cuando su madre, la reina Alannah, le cedió su educación a su hermana Matilde. Su padre solo aceptó cuando ella le suplicó poder ir con su tía, quien había perdido a su esposo recientemente y no tenía hijos, así que no quería dejarla sola. Desde entonces, ella y sus damas de compañía han estado a su lado, ya que Matilde decidió no volver a casarse y llevar una vida tranquila a las afueras de la ciudad.

Ellas lo están esperando al pie de las escaleras de la entrada de la mansión, cuando el carruaje llega lentamente y se detiene. Enseguida su hermano baja y ella corre a abrazarlo. Él sonríe abriendo sus brazos para recibirla. El silencio hablo por ambos: los había separado la distancia, pero el cariño seguía intacto como si el tiempo se hubiera detenido en su infancia cuando el único problema era evitar que descubrieran la travesura que habían cometido.

—Hermanita — pronuncia rompiendo el silencio—. Te ves radiante mas que la ultima vez que nos vimos. Por cierto alguien mas decidió acompañarme –añade volteando hacia el carruaje—.

Ella sigue su mirada y observa a su primo Hugo bajando del carruaje. Su cabello está revuelto y su capa un poco desacomodada, aun así, su mirada brilla cuando la ve con una sonrisa. Su madre es una de las hermanas menores de su padre, se casó con el primo del actual rey de Kiethaven por fines políticos, aunque este murió de una enfermedad desconocida. Y aunque es seis años mayor que ella, siempre tuvieron una conexión de hermanos, ya que, al morir su padre, regresaron a Kethverne y crecieron en la corte él y su hermanas ademas sus familias solían venir de vacaciones a Cresttvell. Aún sorprendida de que esté allí, le da un abrazo, feliz de verlo nuevamente después de un tiempo sin verse.

—Hermano. Primo, me alegra verlos. ¿Como están?—habla emocionada Azaelia—. ¿Como estuvo el viaje?

—No te preocupes, todo estuvo bien. Un poco cansado la verdad, Hugo insistió en acompañarme

—Cierto, ya que no pude venir a visitarte el verano pasado. Supuse que seria buena idea acompañarlos de regreso a la capital para pasar tiempo juntos antes de mi partida a Kiethaven en unos días.

Antes de poder preguntar el motivo de su viaje Matilde se acerca y saluda a Hugo y luego toma de las mejillas a Leonardo, mientras le un beso en cada una .

—Sobrino querido. Qué bueno verte —dice separándose con voz cariñosa—. Qué grande estás. Todo un príncipe digno de Kethverne. He mandado preparar todo para tu llegada. No tenía ni idea de que Hugo también vendría, pero ahora mismo mando a Naerys a preparar una habitación extra.

—Gracias, tía. Por cierto, todos te mandan saludos en especial mi madre

—¿Como están todos?. Por cierto tienes que contarme todo sobre las noticias interesantes de la corte y con eso me también me refiero a tu compromiso con la señorita Veyra.

—Están todos bien. En dos días partiremos hacia Kethverne. Tenemos suficiente tiempo para ponerte al tanto de todo lo que ocurrido en la corte.

Se dirigen hacia adentro cuando los príncipes se detienen a saludar a las chicas que hacen una reverencia sincronizada a ambos bajando levemente la mirada con elegancia y delicadeza a la vez que responden con un saludo.

—Confió en que han cuidado bien a mi hermanita — habla Izan con diversión. — Siempre, Alteza—responde Deyra conteniendo una sonrisa.

Él sonrió complacido y continuaron caminando. Llegaron a la sala principal y, tras conversar después de un rato ambos se retiraron a descansar a sus habitaciones. Su tía se dirigió al comedor a supervisar los preparativos para el almuerzo, así que ella decidió ir a su habitación, seguida de sus damas.

Al llegar, Brianna cerró la puerta y la princesa se acostó sobre la cama. Deyra se acercó, se sentó a su lado y comenzó a hablar.

—En dos días regresaremos a la corte. Asistiremos a los bailes y probablemente encontremos al amor de nuestra vida. ¿No te emociona, Lia, poder conocer al príncipe de tus sueños?

—De hecho, no lo había pensado y tampoco estoy segura de que eso sea lo que quiero, pero sé que si tengo que casarme algún día, quiero que sea con alguien a quien ame —confesó mientras se sentaba y apoyaba los codos en la cama—. Pero ustedes tendrán esta oportunidad para encontrar la felicidad y no deben desperdiciarla.

—Yo no sé si algún día querré casarme. No puedo hablar por todas, pero mi ambición va mas allá de un matrimonio también quiero estar a tu lado Lia. Mi familia no necesita una alianza y, al ser la última hija, no es necesario que me case si no quiero —espetó Brianna, mientras se sentaba al otro lado de la cama—.

—Yo estoy de acuerdo con Brianna—añadió Leila—. Servir a la familia real es un gran honor para cualquiera, pero si nuestras familias deciden que debemos buscar un matrimonio por conveniencia, debemos hacerlo.

—Saben que mi familia espera que encuentre a alguien de buen estatus para casarme. Mi padre me lo recuerda siempre que tiene la oportunidad —explicó Deyra—.

—No es su obligación quedarse para siempre. Si llega la oportunidad y lo desean, quiero que tomen la decisión que las haga felices —agregó Azaelia.

Después de un rato conversando sobre sus ambiciones y sueños en la corte llegó Naerys avisando que la esperaban en el comedor.

La noche llegó y no podía evitar preguntarse, antes de dormir, lo que los dioses tenían preparado para ella. La luz de la luna se filtraba por la ventana. Se deslizó debajo de las sábanas de lino intentando calmar su mente, que en ese momento creaba escenarios sin sentido y solo la ponían mas nerviosa. La luz de la vela encendida en la mesa de al lado la acompañó mientras los minutos pasaban y la veía consumirse lentamente, sin lograr conciliar el sueño.

Había crecido escuchando que el destino estaba entre las manos de los dioses de diferentes matices, orgullosos y oscuros, otros dorados y compasivos, pero todos imprescindibles para lograr el equilibrio que debe haber siempre. Esrath, diosa del cambio, movía los hilos del destino de las personas a su capricho. Kaelhan, dios del caos y del orden, dependiendo de su humor. Naevra, la protectora de los sueños, cuida de las almas que anhelaban significado en medio de la incertidumbre, la más benevolente a su parecer, que ofrecía consuelo y protección a los corazones que buscaban su ayuda sin nada a cambio. Y Zhavell, dios de la guerra y la venganza, la deidad que residía entre la dignidad y la ira. No solo era el jefe del conflicto, sino también del anhelo de equidad que se encendía cuando se vulneraba la tranquilidad.




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