Hoy en la noche se llevaría a cabo una cena con miembros de la corte en el palacio. ¿Tenía ganas de asistir? No. Y bien podría ausentarme, pero mi padre había solicitado que me presentara… para suplir a Donovan.
—La segunda opción —susurre para mí al recordar cuando se asombraban por no ver al “heredero” pero si al “segundo príncipe”.
No tenía idea de donde se había metido ese idiota, desde hace días que no lo veía, pero uno de los dos tenía que presentarse y siendo la segunda opción, me obligaban a participar.
Arranque la mata de mala hierba del suelo de un tirón. Arreglando el jardín es como desquitaba mis emociones. Entre no saber de Stella y los comentarios del palacio, pronto me volverían loco si no me distraía.
Pronto acabe con la mayoría de las matas de mala hierba de esta parte del jardín. Ahora me sentía mejor, más desahogado. Volví al cobertizo, aún tenía tiempo.
—¿Rosas blancas? —preguntó mi madre al verme entretenido plantando.
Ok, quizá últimamente pasaba más tiempo en la jardinería para no mortificarme sin saber de Stella, pero a veces era inevitable.
—Me gustan —respondí concentrado, mi madre me observó.
—Simbolizan pureza, inocencia, juventud, nuevos comienzos y amor eterno, ¿lo sabías?
Sonreí pensativo. Recordándola.
—Sí, por eso me gustan —contesté con una media sonrisa.
—No olvides que tenemos una cena hoy —dijo acercándose y acariciando los pétalos del rosal que plante antes.
—No, lo tengo muy en mente. Prometo estar listo.
Mi madre me acarició el cabello y se acercó al banco más cercano. Le pidió a su sirvienta que nos dejará solos, eso captó mi atención, pero fingí no darme cuenta.
—Por cierto, te llegó una carta, pero no tiene nombre.
Levanté mi rostro sorprendido. Madre me tendió el sobre blanco y me quite los guantes, entonces lo tome y le agradecí con la mirada. Me alejé un poco para leerla en solitario.
Apenas la abrí sonreí como idiota.
“Querido jardinero:
La semilla que plantamos en primavera sigue creciendo, a pesar del frío repentino. El invernadero está bien resguardado y la flor no se ha marchitado.
A pesar de la calma, he oído rumores de que pronto podría llover de nuevo.
Agradezco el broche que me diste antes del viaje. Me ha servido bien como amuleto de la buena suerte en estos días de viento.
No te preocupes por los capullos, en el lugar donde los escondieron crecen maravillosamente.
Pronto llegará la luna llena. Espero que entonces pueda volver a verte en el jardín, junto a la vista, donde la noche cobija a sus seres queridos.
Con cariño.
Una rosa blanca.”
Es todo lo que necesitaba para sentirme tranquilo. Sabía que ella estaba bien. Más en el fondo había un pétalo blanco, casi crema por el viaje. Me acordé de la flor que me dejó una vez cuando éramos niños y aun enemigos. Nunca le dije que la guardé.
—¿Todo bien? —preguntó mi madre al no ver movimiento de mi parte.
—Sí —me apresuré a contestar conteniendo mi emoción, sin mucho éxito.
—¿Cómo esta Stella? —preguntó de pronto y yo no respondí, abrí mis ojos y mis manos comenzaron a sudar— Supe que la expulsaron de la escuela.
—Ah —alcance a responder tratando de recuperarme—. Sí, eso parece, pero Vicky, una amiga nuestra, Conner, Franky, Vero y otros compañeros estamos poniendo de nuestra parte para que le permitan volver el siguiente curso.
—Hablaré con el director, quizá sea de ayuda —añadió mi madre, no dejaba de sorprenderme—. No usare mi influencia, solo colaborar con ustedes.
—Gracias —tartamudeé—, ¿Por qué? —pregunté atónito.
Mi madre me sonrió e hizo una señal para que me sentará a su lado, eso hice. Me peino un poco, en realidad quito un mechón de la frente, no importaba la edad que tuviera, siempre haría eso conmigo.
—Le debo una —respondió con cariño.
—¿Cómo?
—Bueno, verás. Antes de que la conocieras, tu única motivación era estudiar. Un día nos llamaron para decirnos que habías llenado la escuela de comida —me reí, nuestra primera pelea—. Desde entonces algo cambio en ti y se lo agradezco. Dejaste de hacer las cosas en automático y te abriste a escuchar a los demás. Aún recuerdo cuando regresabas enojado al castillo porque la pequeña te hacia enojar como tu compañera de asiento. —Cierto, que recuerdos— Hubo un tiempo en que eras muy detallista y por ello me agradó que se volvieran cercanos. Le agradezco su influencia en ti.
Hubo un breve silencio, mientras pensaba en ella. No sabía que destacaba mucho la presencia de Stella en mi vida, más allá de mi día a día en el colegio. Ni siquiera me había dado cuenta que madre me observaba con mirada tierna. Me perdí en mis pensamientos, preguntándome si Stella se encontraría bien.
—¿Qué sucede? —pregunté cuando noté que no dejaba de verme.
—Nada —sonrió—. Es solo que quería confirmar algo.
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Editado: 12.08.2025