La rosa de Halfeti entre sombras y cristal

Capítulo VIII, IX Lágrimas en la Humildad

​El viaje hasta el pueblo de Leyla fue tenso, con España vigilando cada curva del camino. Al llegar, la sencillez de la casa de Leyla contrastaba con el mármol de la mansión Demirkan, pero el calor humano era real. España, en un gesto de profundo respeto, se despojó de sus tacones antes de entrar. Al verla, Leyla casi desmaya de la impresión. Se fundieron en un abrazo lleno de lágrimas. "¡Hija mía! ¿Qué haces aquí? Estás arriesgando tu vida", susurró la anciana mientras su esposo observaba desde el sofá. "Tuve que irme porque Galip decía que éramos demasiado cercanas... él no quiere que sepas la verdad".
​Capítulo IX: La Red de Mentiras
​Cem, el chofer, estaba al borde de un colapso nervioso. España, viendo su terror, le ordenó: "Vete, Cem. Si preguntan, sigo donde Karim. Yo regresaré en taxi". Inmediatamente, España llamó a su aliada: "Karim, escúchame bien: si Emir llama, dile que me preparaste un Sütlaç (arroz con leche turco) y me cayó fatal. Dile que llevo horas encerrada en tu baño. ¡Exagera, por favor!". La red estaba tejida. Ahora, de vuelta en la humilde sala de Leyla, España tomó el vaso con agua que sus manos temblorosas necesitaban. "Ahora, Leyla... cuéntamelo todo. No me ocultes nada de Galip".




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