Leyla bajó la voz hasta convertirla en un hilo de terror. "Hija, encontré una carta sobre su escritorio entreabierto... y lo que vi me heló la sangre". Con lujo de detalles, Leyla le describió a España los documentos: fotos de Galip en puertos clandestinos recibiendo cargamentos de armas ilegales, pagando sobornos en efectivo y firmando papeles falsos donde declaraba que los contenedores traían textiles para su empresa. "Él no solo vende armas, España... él las usa para silenciar a quien se atraviese. Por eso me echó, porque vio en mis ojos que yo ya sabía que su fortuna está manchada de sangre".
Capítulo XI: El Golpe al Corazón
Pero lo peor estaba por venir. Leyla tomó las manos de España y la miró con una lástima infinita. "¿Cómo está Emir contigo?", preguntó. Antes de que España pudiera responder, Leyla soltó la segunda verdad: "Cuando ustedes se fueron esos dos años, Asu (esa mujer de alma oscura que siempre te envidió) se quedó en la mansión. Ella asegura que está embarazada de Emir. Hay un niño, España... un niño de poco más de un año que Galip recibe en la casa a escondidas. Dicen que Emir no lo sabe, que su padre lo mantiene oculto para manejarlo a su antojo, pero el niño existe y Asu está reclamando su lugar como la verdadera señora de la casa".
Capítulo XII: El Regreso de la Leona
España sintió que el mundo se le venía abajo, pero su sangre guerrera no la dejó caer. Se puso sus tacones, se ajustó el vestido y miró a Leyla con una determinación de acero. "Gracias por la verdad, Leyla. Ahora sé a qué monstruos me enfrento". Salió de la casa humilde, llamó al taxi y, mientras cruzaba Estambul de regreso a la mansión, su mente trabajaba a mil por hora. No solo tenía que desenmascarar a un traficante de armas, sino que tenía que descubrir si el hombre que amaba, su dulce Emir, era un traidor o una víctima más de las mentiras de su padre y de la malvada Asu. Al llegar a la mansión, entró con la frente más alta que nunca. La guerra apenas comenzaba.