El brindis de Galip dejó un rastro de hielo en el aire, pero España no permitió que el frío la congelara. Con un gesto de su mano, ordenó la entrada de los regalos. Primero, para su suegra Belgin, entregó una gargantilla con una piedra invaluable, una gema que parecía haber capturado el azul del Bósforo. Los invitados soltaron un suspiro de admiración, pero el verdadero golpe estaba por venir. España se acercó a Galip y, con una sonrisa que no llegaba a los ojos, le entregó el estuche de terciopelo. Al abrirlo, Galip quedó mudo: era el bolígrafo de edición limitada, una pieza única que él había buscado por años sin éxito.
Capítulo XX: La Nota en el Tintero
Mientras Galip admiraba el peso del oro y la perfección del trazo, sus dedos rozaron un pequeño pergamino oculto en el estuche. España lo observó con intensidad mientras él leía para sí mismo:
"La transparencia es el lujo de los valientes; los secretos bajo llave son solo la cárcel de los cobardes. Yo camino bajo la luz, porque no tengo nada que ocultar. Que este bolígrafo le sirva para escribir la verdad, antes de que el silencio lo consuma."
Galip apretó el bolígrafo con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. La miró por encima del papel, y por primera vez en toda la noche, España vio una chispa de duda en los ojos del lobo.
Capítulo XXI: El Desespero de Asu
Asu, viendo que España volvía a ser la protagonista absoluta y que incluso Galip estaba impresionado, no pudo aguantar más. Su plan de esperar el momento "perfecto" se estaba desmoronando ante la seguridad de su rival. Con la copa temblando en su mano, Asu se acercó al grupo, interrumpiendo el momento de silencio entre España y el patriarca. "¡Qué hermoso detalle, España!", exclamó con una voz cargada de veneno. "Lástima que los regalos no puedan borrar los pecados del pasado... ni los hijos que se quedan esperando en la sombra, ¿verdad, Emir?".