El ambiente se congeló cuando las palabras de Asu cortaron la música como un cuchillo. Galip, con una rapidez feroz, la agarró del brazo antes de que pudiera decir una sílaba más. "¡Estás borracha! ¡Llévensela!", rugió hacia sus guardaespaldas. Asu intentaba zafarse, pero la sombra de los hombres de Galip la tragó rápidamente, sacándola de la piscina. Emir se quedó como una estatua de mármol, con la mirada perdida y el pecho agitado. España, en cambio, mantuvo la calma. Su sonrisa, sutil y cargada de misterio, era la de alguien que ya conoce el final de la película antes de que se proyecte.
Capítulo XXIII: Que Siga la Música
"¿Entiendes lo que quiso decir?", le preguntó Emir con una voz cargada de duda. España lo miró con ternura pero con la firmeza de una leona: "Quizás ahora no, mi amor, pero la verdad siempre encuentra su camino". Con una elegancia que dejó a todos mudos, España alzó su copa y se dirigió a la multitud: "Señores, el alcohol a veces confunde las lenguas. Aquí no ha pasado nada, ¡que siga la fiesta!". La música volvió a sonar y Galip regresó a la mesa minutos después, fingiendo una calma que no sentía, pero España notaba cómo sus manos aún temblaban ligeramente.
Capítulo XXIV: La Investigadora en las Sombras
Mientras los invitados bailaban y brindaban por la "pareja perfecta", España ya no estaba en la fiesta. Su cuerpo estaba allí, luciendo su vestido espectacular, pero su mente estaba moviendo piezas en un tablero invisible. Esa misma noche, entre brindis y sonrisas de etiqueta, España ya había activado sus contactos. Mientras todos dormían tras el lujo, ella empezó a mover cielo y tierra. Documentos, registros de hospitales, movimientos de cuentas... España se convirtió en un fantasma digital buscando la prueba definitiva: el rostro de ese niño y el rastro de las armas ilegales. La cacería de la Rosa de Halfeti había comenzado oficialmente.