La rosa de Halfeti entre sombras y cristal

​Capítulo XXVIII-XXX La Guardiana del Estante

​España regresó a la "ratonera", pero esta vez no era la mujer asustada de antes. Descalza para no hacer ni un solo ruido sobre el suelo frío, se deslizó entre las sombras hasta ocultarse detrás de un estante pesado, rodeada de documentos y el olor a humedad de los secretos sucios de Galip. Pasaron horas de silencio sepulcral, con el corazón latiéndole en la garganta, hasta que la puerta chirrió. Un guardaespaldas entró y salió, dejándola en un estado de pánico cromático —blanca, verde y azul—, pero su voluntad de hierro la mantuvo firme. España activó la grabadora. No se iría de ahí sin la prueba final.
​Capítulo XXIX: La Llamada del Escorpión
​Entonces sucedió lo peor: Galip entró, y casi al mismo tiempo, su teléfono vibró con la llamada de Asu. La voz de la mujer, filtrada por el altavoz, destilaba puro veneno: "Tenemos que eliminar a España. Está demasiado cerca, Galip. Va a echarlo todo a perder". España, conteniendo la respiración hasta que le dolieron los pulmones, escuchó cómo Asu le confesaba al patriarca que las fotos no habían surtido efecto. La inteligencia de España los estaba acorralando, y ellos lo sabían.
​Capítulo XXX: Sentencia en la Sombra
​Galip respiraba con una furia contenida, sus bigotes temblando por la rabia. "Me encargaré de ella", sentenció con una frialdad que heló la sangre de España detrás del estante. "Tenderemos una trampa. Parecerá una muerte natural, un accidente... nadie sospechará de los Demirkan". España sentía que el mundo se le venía abajo, pero su mano no soltaba el teléfono que grababa cada segundo del plan para asesinarla. En ese instante, la joven que amaba las rosas negras de Halfeti comprendió que ya no luchaba por una historia de amor, sino por su propia vida.




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