España logró salir de la "ratonera" con el corazón martilleando contra sus costillas. Sus pies, helados por el contacto con el suelo y el terror, apenas la sostenían mientras cruzaba los pasillos en sombras hacia la cocina. Al servirse ese vaso de agua, el vidrio chocaba contra sus dientes por el temblor de sus manos. Pero al primer sorbo, una náusea violenta y desconocida la sacudió. No era solo el miedo, era algo más profundo, algo que venía desde sus entrañas. Al teléfono, la voz de Leila fue como un rayo: "¿Estás vomitando por el agua... o estás embarazada?". España se quedó de piedra, con el vaso a medio camino y la mirada perdida en el vacío. ¿Un hijo en medio de este campo de minas?
Capítulo XXXII: La Pieza que Falta
La sospecha del embarazo le dio una fuerza nueva, una rabia necesaria. "No puede ser, ahora no", pensó, mientras se limpiaba la boca. Tenía las grabaciones del plan de Galip y sabía que las fotos de Asu eran un montaje con un Emir sedado. Pero le faltaba el "por qué". ¿Cómo llegó Emir a ese hotel? Necesitaba la invitación, el mensaje o la llamada que lo puso en esa cama. Si lograba probar que él fue llevado allí bajo engaño, la mentira de Asu se caería como un castillo de naipes.
Capítulo XXXIII: El Despertar del Guerrero
España sabía que no podía enfrentar a Emir todavía; no hasta que tuviera la prueba de que él era inocente de toda voluntad. Pero lo que más le quemaba era el niño de Asu. ¿De quién era realmente ese hijo que Galip protegía? Mientras planeaba su siguiente movimiento, España sintió una sombra en la puerta de la cocina. Guardó el teléfono a la velocidad de la luz y trató de controlar su respiración. La cacería se había vuelto personal, y ahora, con la sospecha de un heredero real en su vientre, España ya no iba a jugar a la defensiva.