☨♱♰♱♰ BELLADONA DE LA CRUZ: DÍAS DESPUÉS DE LA MUERTE DE BENEDICT ☨♱♰♱♰
Empujé la puerta de la capilla. Al entrar, olía a cera vieja y a hierro húmedo.
El Maestre no estaba de rodillas. Permanecía sentado tras una mesa de piedra, con un libro abierto y una caja cerrada a su lado. No me miró cuando entré. Terminó de escribir en su pergamino antes de dirigirse a mí.
—¿Nombre del objetivo? —preguntó.
—Benedict Vireaux —respondí.
—¿Título?
—Príncipe heredero.
La pluma se detuvo frente a mí.
—¿Edad?
—Cien años.
Anotó sin levantar la vista.
—Joven para su estirpe.
—Suficiente para matar —mentí.
Cerró el pesado libro de pergamino.
—Entonces queda registrado como ejecución de alto valor —dijo mientras abría la caja.
Dentro, filas de sangreal descansaban ordenadas con precisión.
—Por un príncipe heredero, la orden paga tres mil quinientos —sentenció.
Comenzó a retirar monedas.
—Descuentos.
—Uso de agua bendita mayor —enumeré.
—Sello de contención.
—Bendición previa.
—Sagrarios.
Apartó otra fila.
—Daños colaterales.
—Dos siervos humanos estaban encadenados —advertí.
Cuando terminó de contar, dejó la caja abierta ante mí.
—Dos mil cuatrocientos.
Miré el hueco donde antes había tres mil quinientos.
—¿Eso es todo? —pregunté.
—Eso es lo que queda.
—¿Eso es lo que vale un heredero joven? —exhalé con brusquedad.
—Eso es lo que cuesta cortar una línea antes de que crezca —respondió.
No me moví de la capilla.
—Lo protegí en otro siglo —dije—, y hoy me pagaban por eliminarlo.
—Hoy te pagábamos para evitar un reinado.
Tomó la caja entre sus manos. Yo no dejaba de pensar en algo que nunca debería haber tenido precio.
—¿Y yo?
—Tú eras la mano.
—Eso no estaba en el contrato —dije, arrugando el papel entre mis dedos.
—Siempre lo estaba.
Abandoné la capilla con los dos mil cuatrocientos sangreal y una certeza que pesaba más que el oro. Pensé en el heredero muerto y en mi futuro cancelado.
Yo era el precio.
Murmuré esas palabras al cruzar la puerta.