La Rosa y la estaca

Capítulo 5 ☨♱♰♱♰ Capítulo 5 Bajo seis pies de tierra☨♱♰♱♰

BELLADONA DE LA CRUZ: DÍAS DESPUÉS DEL FUNERAL DE BENEDICT

Un vello erizado recorrió mis brazos y el aire se estancó en mis pulmones al acercarme al ataúd de Benedict. Era una pieza de nogal con esquinas talladas en filigranas minuciosas. Las bisagras de bronce crujieron con un lamento metálico bajo las manos del Maestro de Ritos, ese hombre que, en el mundo, vampiro sustituía la figura del sacerdote.

—Sicut rosa inter spinas, sic anima eius inter dolores floruit Fiat pax super eum in aeternum—recitó el Maestro, inclinando la cabeza ante el arca.

—¿Por qué el destino se ensañó con nosotros? Benedict nunca debió formar parte de esto. Nosotros nunca debimos pertenecer a este mundo —susurré. Un escalofrío me lamió la nuca y se hundió como una aguja de hielo por toda mi columna.

Las manos, presas de una agitación incontrolable, buscaron refugio en el corsé. Vestía un luto de encaje fosco y telas tupidas que pesaban sobre la piel. El corselete me obligaba a una postura rígida que contrastaba con mi desmoronamiento interno. Al moverme, las cadenas plateadas de mi cinturón entrechocaron con un tintineo metálico.

Los dedos se cerraron sobre el bustier con una fuerza desesperada; los nudillos palidecieron mientras el encaje se arrugaba bajo mi agarre. Bajé la cabeza y la trenza rojiza cayó hacia adelante, rozando el metal de mi cintura.

—El destino, hija, no está en nuestras manos —respondió él sin volverse.

—¿Pero y nosotros? ¿Acaso somos solo marionetas en su juego? —Tragué saliva sobre un nudo punzante; las palabras pelearon por salir de mi garganta, pero solo logré arrancar un susurro quebrado

—Marionetas. Esa es una palabra que usan quienes creen que todo está resuelto de antemano. Pero no es así. Se acercó al centro del aposento con una parsimonia casi irreal. —repitió con calma el Maestro de Ritos.

—Si existiéramos como simples títeres no conoceríamos la duda, no disputaríamos nada ni tendríamos elección —sentenció sin quitarme la vista de encima.

—Y, sin embargo, aquí seguimos, especulando —respondí con una sonrisa amarga.

—Los monigotes no hacen eso —replicó él.

—Tal vez el juego sea real, pero cada uno inventa sus propias reglas.

El Maestro hizo una pausa antes de concluir. Yo me hundí en mi propio juicio: «Quizá el juego exista, pero nadie nos dice cuándo empieza ni cuándo termina; la verdadera trampa es creer que todos jugamos a lo mismo».

Me llevé la mano a la boca para frenar el recuerdo, pero ya era tarde. La imagen seguía allí, clavada, repitiéndose en bucle.

—¿Por qué no hice nada? ¡Dime por qué no hice nada!

Aquel lamento me arañó la garganta hasta el desgarro, apagándose en espasmos que me sacudieron los hombros. Sentí el escozor del llanto quemándome tras los párpados, una marea caliente que amenazaba con desbordarse mientras me hundía la cara entre las manos. La verdad era un peso que me hundía el pecho, mucho más Insaciable que el propio recuerdo.

Yo estaba a su lado. Fui testigo de cada detalle y, aun así, no moví un dedo para salvarlo.

Los días previos a la muerte de Bendict, tras lo ocurrido en la cabaña

Me encontraba en la biblioteca. Con los dedos apoyados sobre el lomo de un libro antiguo, me arrimé a la estantería con delicadeza, dejando que mis yemas acariciaran la madera corroída por los siglos. Era un mueble imponente, tan alto que casi rozaba el techo, compuesto por tablones gruesos que crujían bajo el peso de pergaminos añejos y volúmenes polvorientos.

La estructura albergaba pequeños compartimentos: cajas de madera con cerraduras minúsculas, frascos con tintes olvidados y un par de objetos de metal, fríos y toscos, que no me atreví a tocar.

Me apoyé contra ella, dejando que me sostuviera. Cada libro, cada objeto, contenía historias que jamás podría asimilar de una sola vez. Y, aun así, hallé en ello un extraño consuelo; era como si la propia repisa me acogiera, protegiendo mis secretos, mis dudas y aquellos recuerdos que no podía compartir con nadie.

Intentaba fingir concentración, pero sin éxito.

—Belladona —dijo mi padre con voz grave.

Me giré y los vi a ambos. Él tenía el ceño fruncido; mi madre, los labios apretados y la mirada clavada en mí, tan afilada que parecía capaz de atravesarme.

—Sabemos lo de Bendict —soltó Isis, mi madre, sin preámbulos.

—No... —intenté defenderme.

—No nos mientas, hija. Los rumores han llegado incluso a nuestra familia.Que tengas contacto con un vampiro... ¿Sabes lo que significa? Es inadmisible—intervino mi padre.

—Bendict no es nuestro enemigo. No es lo que piensan —susurré.

—Espina, no necesitamos tu opinión —atajó mi madre con dureza—. ¿Cuánto tiempo llevas viéndolo?

—Meses. Desde que lo conocí —confesé, con un hilo de voz apenas audible.

Mi padre dio un paso hacia mí; sus ojos lucían sombríos, despiadados.

—¿Meses? ¿Y arriesgarlo todo por él? Nuestra familia, nuestra sangre... Eres una deshonra para esta estirpe.

Phillip retrocedió de golpe, como si mis palabras le hubieran quemado. Se llevó una mano a la boca para ahogar un jadeo y sus ojos se dilataron, fijos en un punto vacío del suelo mientras la sangre abandonaba su rostro por completo. Sus dedos temblaron contra sus labios antes de dar otro paso atrás, alejándose de mí como si acabara de ver un cadáver.

—Él me resguardó. No podía hacer otra cosa —respondí bajando la cabeza, aunque sin retroceder un solo paso.

—No sé cómo... no sé si podré aceptarlo —murmuró Isis.

—No les pido que lo acepten. Solo que no me lo quiten —dije, sintiendo que mi corazón golpeaba contra las costillas como un pájaro enjaulado.

Benedict ya echaba raíces en mi pecho, y la estirpe de la Cruz no iba a desarraigarlo tan fácilmente. Rosaura Duvall, la criada, entró en el salón con el paso silencioso que la caracterizaba. Su uniforme negro quedaba oculto bajo un delantal blanco de bordados minuciosos; un imperdible plateado le cerraba el cuello con una rigidez casi asfixiante. Llevaba el cabello recogido en trenzas que formaban un moño perfecto, dejando dos mechones sueltos que enmarcaban sus ojos verdes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.