La Ruleta De La Muerte

Prólogo.

Mis manos estaban un poco temblorosas, los nervios eran cada vez más evidentes conforme nos acercábamos a esa casa abandonada. Yo no soy este tipo de persona, yo no soy como mis amigos, yo si pienso algunas veces en las consecuencias que esto podría traer, pero por desgracia terminaron por convencerme.

—Lo juro, lo leí en internet, internet nunca se equivoca —mencionó Mike sonriendo.

Él golpeó la puerta de la casa en cuanto llegamos, y soltó una risita burlona, dentro se podía observar lo típico de una casa abandonada, había mucho polvo, telarañas y hasta creo que pude ver algo de basura. De inmediato fuimos directamente hasta donde supuse que era el sótano, pues en unos segundos ya nos encontrábamos descendiendo las escaleras.

—La historia comenzaba así: Todos los jugadores deberán poner su nombre en cada una de las casillas.

—¿En serio? Internet debe ser muy sabio, jamás hubiera sabido como es que se usa una ruleta —Eduardo comenzó a reírse.

—Cállate, idiota. Esto es algo diferente, es una ruleta con un pasado diabólico —Mike tragó saliva mientras llegábamos hasta el final de las escaleras. —Voy a seguir contando, no quiero interrupciones.

Comencé a sentir un poco de miedo, pues se perfectamente la historia de esa peculiar ruleta, en verdad no me podía creer que estos dos imbéciles me hubieran convencido para venir a buscarla.

—La historia decía que, al poner los nombres en la ruleta, estarías jugando con tu propia vida.

Eduardo y Mike pisaron el ultimo escalón y el ambiente comenzó a sentirse tenso, yo estaba cada vez mas nervioso y asustado, pero no puedo permitir que estos dos se den cuenta.

El sótano estaba oscuro, lo poco que podíamos observar era gracias a las linternas que teníamos en nuestras manos.

—No creo en nada de esas historias, solo son cosas que una persona aburrida se puso a inventar, solo quieren asustar a idiotas que buscan aventuras en sus patéticas vidas, justo como nosotros —Eduardo sonrió de lado, muy en el fondo sé que tampoco quería estar aquí.

—Esto es real, la ruleta de la que hablan en la historia está aquí, es en esta casa en donde ocurrió todo.

Levanté mi pequeña linterna y comencé a alumbrar algunas partes alejadas del sótano, había telaraña y basura, pero entonces, sobre una mesa en la esquina de esa tenebrosa habitación, pude verla, era la ruleta, se miraba igual a una de las fotos que venían adjuntadas a esa historia.

—Ahí está —mi voz salió un poco temblorosa.

—Esperen, ¿Qué era lo que pasaba con las personas de los nombres señalados? —preguntó Eduardo curioso.

—La ruleta describe que juegas con tu vida, porque en realidad es así. Cada vez que giras, estás jugando con la vida de todos los participantes, es lo que dicen. Si te toca, mueres de una forma extraña, por eso la llaman la ruleta de la muerte.

Los tres caminamos hasta donde se encontraba, el mas curioso era Mike, pues la idea de venir aquí había sido suya. La ruleta se miraba común, no se podía observar si albergaba fuerzas siniestras dentro, o si en verdad podría matar a alguien.

Eduardo temeroso dejó su mochila en el suelo, pude observar que estaba buscando algo, revolvió cosas dentro y sacó una pluma, lo miré un poco nervioso y después saco una libreta.

—Veremos si es real o no.

Eduardo arrancó una hoja y de inmediato se puso a escribir nuestros nombres, mil cosas pasaron por mi cabeza, desde que podía ser real, hasta que esto era una mentira. Lleve mi linterna hasta donde Mike estaba, su rostro estaba muy sonriente, obviamente no iba a detener a Eduardo de hacer lo que estaba haciendo.

Escuché el peculiar sonido de cuando rompes papel y cuando menos me lo esperé, nuestros nombres ya adornaban tres espacios de la ruleta.

—Hazlo, Damián, gira la ruleta —ordenó Eduardo mientras reía.

Suspiré hondo y lleve mi mano hasta la ruleta, tengo que hacerlo, no puedo quedar como un cobarde, además es muy poco probable que la historia sea real. La tome de una orilla y cuando estaba por hacerla girar, Mike me detuvo.

—Espera, tengo una mejor idea.

Mike quito nuestros nombres y los coloco todos dentro de una sola casilla, asentí y nuevamente me dispuse a girarla, La ruleta comenzó a girar rápidamente, con cada giro que esta daba, un gran escalofrió me recorría mi cuerpo.

—¿Ahora qué? —la voz de Eduardo sonó asustada. —¿Vamos a morir?

Negué con la cabeza, pero apenas lo hice la puerta del sótano se cerró de golpe, haciéndonos brincar del susto. Cuando regrese mi vista nuevamente a la ruleta, está ya se había detenido.

Para nuestra mala suerte se había detenido en la casilla donde se encontraban nuestros nombres

—Vamos a morir —Mike soltó su linterna y en un segundo pude verlo corriendo hasta las escaleras del sótano. Eduardo hizo lo mismo, así que por inercia también corrí, pero al hacerlo tropecé y caí en el suelo.

—¡No, no no no! —escuché la voz de Eduardo desde algún lugar del oscuro sótano. —¡Nooooo!

En un momento su voz se detuvo, ahora fue la voz de Mike, quién gritaba de una forma tan dolorosa, no sabía que hacer, intente buscar atientas mi linterna, mientras un nudo se formaba en mi garganta, quería llorar, salir de ahí, pero no podía, no podía ver una mierda.




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