La Sangre

CAPÍTULO 5

La llamada de Isabela

Dante vuelve de Palermo distinto, con una tensión nueva instalada en sus hombros que no consigo disolver del todo, ni siquiera después de horas escuchándolo procesar en voz alta lo que Rocco Fabrizi le confirmó: que Enzo está vivo, y que su existencia, ahora, es un arma que un desconocido peligroso planea usar contra toda nuestra familia.

—Necesito estar sola un momento —le digo, después de que finalmente se queda dormido, agotado por el peso emocional del viaje, y bajo hasta el taller, donde el silencio de la madrugada me ayuda a pensar con más claridad de la que consigo tener cuando estoy físicamente cerca de su dolor.

Es ahí, entre los frascos de pigmento y el cuadro de la madre de Dante, ya casi completamente restaurado, donde recibo la llamada que no esperaba.

—Señorita Rosales. —La voz de Isabela Caruso suena distinta a como la recordaba, menos afilada, aunque no menos calculadora—. Sorprendida de escucharme, imagino.

—¿Cómo consiguió este número?

—Tengo mis formas. Pero no te llamo para pelear, Valentina. Te llamo porque creo que ambas tenemos un interés compartido en este momento.

—No tenemos nada en común.

—Al contrario. Las dos queremos sobrevivir a lo que Rocco Fabrizi está planeando, y créeme cuando te digo que su plan no tiene ningún límite ético que, a mi familia, con todos nuestros defectos, siempre respetó al menos parcialmente.

Algo en su tono me hace dudar antes de colgar directamente, como sería mi primer instinto después de todo lo que pasó entre nosotras.

—¿Qué quiere, Isabela?

—Reunirme contigo. A solas, sin Dante, sin Sasa, sin nadie más presente. Tengo información sobre el traidor dentro del círculo de los Moretti, algo que creo que te va a interesar mucho más de lo que Dante estaría dispuesto a admitir.

La mención del traidor interno, un tema que llevamos meses sin resolver, hace que mi curiosidad supere brevemente mi desconfianza natural hacia cualquier cosa que venga de Isabela Caruso.

—¿Por qué me ayudarías a mí?

—Porque Rocco me ha estado tratando como un peón desechable desde que formamos esta alianza forzada, y estoy empezando a cansarme de esa posición. Considera esto una forma de asegurar mi propio futuro, independientemente de lo que le pase a él.

Acordamos encontrarnos al día siguiente, en un café discreto cerca del puerto, un lugar público lo suficientemente concurrido como para que ninguna de las dos se sienta completamente vulnerable, pero lo suficientemente privado como para tener la conversación que Isabela insiste que necesitamos tener.

No le cuento a Dante sobre la llamada. No de inmediato, al menos. Me digo a mí misma que es porque quiero tener información concreta antes de preocuparlo con algo que podría ser simplemente otra manipulación de Isabela, pero en el fondo, mientras me preparo para la reunión al día siguiente, reconozco la ironía incómoda de estar, una vez más, guardando un secreto para "protegerlo", exactamente el mismo patrón que casi destruyó nuestra relación la primera vez.

Isabela llega puntual, vestida con una discreción que no había visto en ella antes, sin ninguno de los colores llamativos que usaba en la cena de hace meses.

—Gracias por venir —dice, sentándose frente a mí con una taza de café que no toca—. Sé que no tienes ninguna razón para confiar en mí.

—No la tengo.

—Justo. Así que voy a ser directa. —Saca su teléfono, mostrándome una fotografía que hace que el corazón se me detenga un segundo—. Esta es la persona que ha estado filtrando información a mi familia desde dentro del Palazzo Moretti durante los últimos meses. La reconocí durante una reunión hace dos semanas, aunque hasta ahora no he tenido pruebas concretas suficientes para confirmarlo del todo.

Miro la fotografía, borrosa, tomada aparentemente desde lejos con teleobjetivo, mostrando a alguien de espaldas conversando con un hombre que reconozco vagamente de los círculos cercanos a Isabela. La postura, la forma de los hombros, algo en la silueta general me resulta inquietantemente familiar, aunque no consigo confirmar la identidad con certeza absoluta desde este ángulo.

—No puedo confirmar quién es esto —digo, con la voz más firme de lo que siento en realidad.

—Lo sé. Por eso te traje esto también.

Desliza sobre la mesa un sobre pequeño, y cuando lo abro, encuentro dentro una grabación de audio guardada en una memoria diminuta, junto con una nota escrita a mano por la propia Isabela: *"Escúchalo con cuidado. La voz confirma lo que la fotografía no puede."

—¿Por qué haces esto? —pregunto, todavía desconfiando de sus motivos, aunque la calidad de la información que me está entregando parece demasiado específica para ser simplemente otra trampa elaborada.

—Porque Rocco Fabrizi es mucho más peligroso de lo que Dante o tú imaginan, Valentina, y porque cuando esto termine, quiero estar del lado que sobreviva. —Se levanta, dejando su café todavía sin tocar—. Escucha esa grabación. Y ten mucho cuidado con en quién confías dentro de esa casa, porque la persona que ha estado traicionando a los Moretti está mucho más cerca de Dante de lo que él jamás podría llegar a sospechar.




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