El chico manipulado
Encuentro a Sasa en el jardín de los limoneros, sentado en el mismo banco donde mi madre solía leer libros que nunca terminaba, con una copa de vino que no ha tocado desde hace rato, a juzgar por la condensación que se ha formado en el cristal.
—Necesito la verdad completa —digo, sentándome frente a él sin esperar invitación—. Ahora. Sin más evasivas.
Sasa levanta la vista, y por primera vez en toda esta conversación tensa que llevamos manteniendo desde hace días, veo algo parecido al alivio en su expresión, como si hubiera estado esperando desesperadamente el momento de poder soltar el peso que ha estado cargando en silencio.
—Es sobre Matteo —dice, confirmando lo que ya sospechaba después de escuchar la grabación con Valentina—. Descubrí hace tres semanas que había empezado a comunicarse con alguien del entorno de Isabela Caruso. Al principio pensé que era simplemente curiosidad adolescente, algo inocente que podía resolver hablando directamente con él, sin necesidad de alarmar a Valentina o a ti innecesariamente.
—¿Y por qué no me lo dijiste de inmediato?
—Porque cuando confronté a Matteo, me contó una versión de la historia que me pareció, en su momento, más comprensible de lo que probablemente debería haberme parecido. —Sasa se pasa una mano por el rostro, con un cansancio genuino—. Alguien se acercó a él, presentándose como un contacto que podía ayudarle a "entender mejor su verdadero valor para la familia Moretti". Le prometieron información sobre cómo podría ganarse un lugar real dentro de la organización, más allá de simplemente ser el hermano menor de tu pareja.
Siento la rabia crecer en mi pecho, no dirigida hacia Sasa, sino hacia quien sea que decidió manipular a un chico de dieciocho años, inseguro sobre su lugar en un mundo complicado que apenas empieza a entender, usando esa vulnerabilidad como puerta de entrada hacia información sensible de mi familia.
—¿Y le creíste?
—Le creí que él no entendía completamente las consecuencias de lo que estaba haciendo, sí. Matteo no es un traidor consciente, Dante. Es un chico que fue manipulado por alguien que sabía exactamente cómo explotar su inseguridad, su deseo de demostrar que merece un lugar real en esta familia, no solo por ser el hermano de Valentina.
—Aun así, deberías habérmelo dicho de inmediato.
—Lo sé. —La admisión sale con un peso genuino—. Pero temía que tu reacción, considerando todo lo demás que está pasando con Enzo, con Rocco Fabrizi, fuera desproporcionadamente severa hacia un chico que, en el fondo, solo está intentando encontrar su lugar en un mundo que ninguno de los dos elegimos completamente para él.
Me quedo en silencio, procesando la explicación, reconociendo, con una honestidad incómoda, que Sasa probablemente tiene razón sobre cómo habría reaccionado si me hubiera enterado hace tres semanas, en medio de la tensión creciente con los Fabrizi y la revelación devastadora sobre Enzo.
—¿Sigue en contacto con esa persona?
—No lo sé con certeza. Le pedí que cortara toda comunicación inmediatamente, y aceptó, pero no puedo garantizarte que haya cumplido completamente, especialmente si la persona que lo manipuló sigue presionándolo de alguna forma que Matteo no me ha contado.
La pieza que faltaba en mi comprensión de la situación empieza a encajar con una claridad incómoda: si alguien manipuló deliberadamente a Matteo para obtener información, esa misma persona podría ser, con una probabilidad cada vez más alta, el traidor interno que llevamos meses intentando identificar sin éxito.
—Necesito hablar con Matteo directamente —digo, levantándome del banco—. Y necesito que me digas exactamente quién es esa persona, Sasa, sin más protección hacia nadie, sin importar quién resulte ser.
Sasa asiente, aunque algo en su expresión sugiere que hay una parte de esta historia que todavía no ha terminado de contarme, algo que lo hace dudar incluso ahora, después de haber confesado la mayor parte de lo que estaba ocultando.
—Todavía no estoy completamente seguro de la identidad —dice finalmente—. Matteo se negó a darme un nombre concreto, insistiendo en que se comunicaban a través de aplicaciones encriptadas, sin nunca ver el rostro de la persona en persona. Pero hay algo que sí descubrí, algo que me hizo entrar en el archivo privado la semana pasada: la persona que contactó a Matteo usó información extremadamente específica sobre la estructura interna de esta familia, información que solo alguien con acceso directo a nuestros círculos más cerrados podría conocer.
—¿Qué información?
—Los horarios exactos de rotación de la seguridad. Los códigos de acceso al ala de las oficinas, que se cambian semanalmente. Y, lo que más me preocupa, detalles sobre la relación entre tú y Valentina que ni siquiera yo conocía completamente hasta hace poco.
El peso de esa revelación se instala sobre mí con una certeza fría: quien sea que esté detrás de todo esto no es simplemente un enemigo externo con contactos ocasionales dentro de mi organización. Es alguien profundamente integrado en la vida diaria del Palazzo, alguien con un nivel de acceso y confianza que reduce dramáticamente el círculo de sospechosos posibles, acercando la traición, con cada nueva pieza de información, cada vez más cerca del núcleo de las personas en las que confío completamente.