Elegir esto
Dejamos a Ferretti en el café, con la promesa de que su destino se decidirá en los próximos días, considerando tanto su traición como el dolor genuino que la motivó, y durante el trayecto de vuelta al Palazzo, me quedo en un silencio que Valentina respeta sin presionar, aunque su mano permanece firmemente entrelazada con la mía durante todo el camino.
Enzo eligió esto. La frase se repite en mi cabeza con una insistencia devastadora, reformulando por completo quince años de duelo que construí sobre la premisa de una pérdida trágica e involuntaria. Si mi hermano sobrevivió, y decidió deliberadamente no volver, no contactarme, no hacer nada durante quince años enteros excepto, aparentemente, alinearse cada vez más profundamente con los enemigos de nuestra propia familia, entonces el dolor que he cargado todo este tiempo necesita transformarse en algo completamente distinto: no duelo por una muerte trágica, sino duelo por un abandono deliberado.
—¿Cómo estás? —pregunta Valentina, cuando finalmente llegamos a nuestra habitación, con una delicadeza que reconozco como su forma de darme espacio sin dejarme completamente solo con este peso.
—No lo sé. —Es la respuesta más honesta que puedo dar—. Toda mi vida, desde los catorce años, he estado furioso con quien mató a mi hermano. Ahora descubro que la persona con quien debería estar furioso podría ser el propio Enzo, por elegir esto, por elegir alejarse voluntariamente durante quince años enteros mientras yo cargaba un duelo que quizás nunca debió existir de la forma en que existió.
—Quizás hay más en esta historia de lo que Ferretti pudo contarnos. Quizás Enzo tiene sus propias razones, complejas, que solo él puede explicar completamente.
—¿Y si esas razones no son suficientes para justificar quince años de silencio, Valentina? ¿Y si simplemente eligió una vida distinta, más peligrosa, más alineada con la brutalidad de los Fabrizi, en lugar de volver a una familia que siempre lo amó?
No tengo respuestas para mis propias preguntas, y Valentina, sabiamente, no intenta ofrecerme ninguna respuesta fácil tampoco, simplemente se queda a mi lado, presente, mientras proceso una tormenta emocional que no había anticipado tener que enfrentar de esta forma.
Mi teléfono suena esa misma noche, con un número que reconozco de inmediato: Rocco Fabrizi.
—Dante. Espero que la confesión de tu leal investigador haya sido suficientemente esclarecedora.
—¿Qué quieres, Rocco?
—Ofrecerte lo que has estado buscando desesperadamente durante estas últimas semanas: una conversación directa con tu hermano. Cara a cara, sin intermediarios, sin cartas anónimas ni mensajes crípticos.
El corazón me da un vuelco, una mezcla de anhelo desesperado y terror que no consigo separar completamente.
—¿Dónde? ¿Cuándo?
—Todo a su tiempo. Primero, necesito que entiendas las condiciones. Vienes solo, sin Sasa, sin ningún hombre de seguridad. Y traes a Valentina Rosales contigo.
La mención de Valentina hace que la sangre se me hiele instantáneamente.
—No. Ella no tiene nada que ver con esto.
—Al contrario, Dante. Enzo insiste específicamente en que ella esté presente. Parece que hay algo sobre ella que le interesa particularmente, algo que solo él puede explicarte cuando finalmente estén cara a cara.
—No voy a exponerla a un encuentro que podría ser una trampa.
—No es una trampa, Dante. Es una oportunidad, la única que vas a tener, de finalmente entender la verdad completa sobre lo que le pasó a tu hermano y por qué eligió el camino que eligió. Rechaza esta oferta, y quizás nunca vuelvas a tener otra oportunidad de escuchar su versión de la historia directamente de su boca.
Cuelga antes de que pueda responder, dejándome con el teléfono en la mano y una decisión imposible frente a mí: arriesgar la seguridad de la mujer que amo por la posibilidad de finalmente obtener respuestas sobre el hermano que perdí, o proteger a Valentina rechazando una oportunidad que quizás nunca vuelva a presentarse.
—¿Qué pasó? —pregunta Valentina, notando de inmediato el cambio en mi expresión.
Le explico la llamada, cada condición, cada implicación inquietante de la insistencia de Enzo en que ella esté presente, y observo cómo su expresión pasa de la sorpresa a una determinación que reconozco de inmediato, la misma firmeza que la llevó a Ginebra, a Milán, a cada decisión difícil que ha tomado desde que empezó a construir su propio lugar de poder en este mundo.
—Voy contigo —dice, sin dudarlo—. Sea lo que sea que Enzo quiera de mí, prefiero enfrentarlo directamente, contigo a mi lado, que quedarme aquí imaginando todas las formas en que podría salir mal.
—Valentina, esto podría ser exactamente la trampa que Rocco necesita para destruirnos a ambos de una vez.
—O podría ser la única forma de finalmente cerrar este capítulo, Dante, de una forma que nos permita seguir adelante, sea cual sea la verdad que descubramos.
Me quedo mirándola, sintiendo la misma mezcla de terror y admiración que siento cada vez que ella decide enfrentar el peligro con esta claridad de propósito, y aunque cada instinto protector que tengo grita que la mantenga lejos de cualquier encuentro con Rocco Fabrizi y con el hermano en quien ya no sé si puedo confiar completamente, entiendo, con una certeza silenciosa, que esta decisión, como tantas otras importantes en nuestra relación, tenemos que tomarla juntos, como iguales, sin importar cuán aterradora resulte ser la verdad que nos espera.