La sala de la mansión Valverde se convirtió en el escenario del juicio final.
A un lado de la mesa de centro se sentaron Guillermo, Fernando y el Licenciado Aranda. En el sofá principal, Marcos Vane no se apartó de Mariangel ni un solo segundo. Mantuvo su mano entrelazada con la de ella, transmitiéndole una calidez firme que desarmaba cualquier atisbo de miedo en la joven. Al otro lado, Raúl, Eugenia, Lorenzo e Isabella estaban petrificados, escuchando el segundero del reloj de pared con la respiración sofocada.
El Licenciado Aranda desabrochó su maletín de cuero, extrajo un sobre lacrado con el sello oficial de la notaría y acomodó sus anteojos.
—Daremos lectura formal a la ejecución del fideicomiso y testamento de Don Mario Valverde —declaró el abogado con voz pausada y solemne—. Dado que el compromiso de la señorita Mariangel Valverde con el señor Marcos Vane cumple con la totalidad de los requisitos morales, legales y financieros exigidos por el difunto, la voluntad de Mario se activará el día en que se celebre el matrimonio.
Eugenia tragó saliva con dificultad. Su rostro impecablemente maquillado comenzaba a agrietarse por el pánico.
—Procedo a detallar los bienes que pasarán a ser propiedad exclusiva e inalienable de Mariangel Valverde tras la boda —continuó Aranda, leyendo el documento de hoja dorada:
Cuentas bancarias internacionales (Fideicomisos acumulados con intereses durante 15 años):
Primera cuenta en dólares: 25 millones de dólares en el Bank of America.
Segunda cuenta en dólares: 40 millones de dólares en el Chase Bank.
Tercera cuenta en dólares: 15 millones de dólares en fondos de reserva de inversión.
Primera cuenta en euros: 30 millones de euros en Deutsche Bank.
Segunda cuenta en euros: 20 millones de euros en BNP Paribas.
Tercera cuenta en euros: 15 millones de euros en Credit Suisse.
Al escuchar las desorbitadas cifras, a Raúl se le abrió la boca en un gesto de estupidez absoluta, mientras a Eugenia se le salían las lágrimas de rabia pura. ¡Era una fortuna colosal que había estado bloqueada a solo unos metros de sus garras durante quince años!
—Continuamos —dijo Aranda con frialdad, disfrutando el impacto del momento—:
Propiedades e Inmuebles:
La propiedad absoluta de la Mansión Valverde, terreno, estructura y mobiliario.
Tres terrenos de desarrollo industrial de 50 hectáreas cada uno en la zona norte de la ciudad.
Una villa privada de descanso en la costa.
Inversiones y Dividendos retenidos:
Un paquete accionario del 20% en tres multinacionales tecnológicas y automotrices. Durante los últimos 15 años, los dividendos no cobrados ni retirados han acumulado un total de 38 millones de dólares, los cuales serán transferidos íntegramente a la cuenta personal de Mariangel.
—¡Eso es absurdo! —estalló Raúl, levantándose de golpe de la silla con las venas del cuello marcadas—. ¡Nosotros hemos mantenido esta casa! ¡Nosotros hemos administrado la empresa todos estos años! ¡Nos corresponde una compensación justa por haber criado a esta niña!
—Siéntese, señor Raúl —intervino Fernando Restrepo con una voz tan dura que hizo que Raúl volviera a caer en el sillón de un brinco—. La administración que ustedes hicieron llevó a la ruina a las Empresas Valverde. Bastante generoso fue Mario al contemplar a Eugenia en sus últimos días.
El Licenciado Aranda carraspeó y dirigió una mirada helada a la madrastra.
Empresas Valverde y Cláusula de Beneficiarios:
Mariangel Valverde asume el 95% de las acciones con derecho a voto, la presidencia del consejo y el control total de la Junta Directiva de las Empresas Valverde.
A la señora Eugenia, únicamente por su condición de viuda legal al momento del deceso de Don Mario, se le otorga una participación simbólica del 5% sin derecho a voto ni voz directiva.
Respecto a los señores Lorenzo e Isabella... no figuran en ninguna de las cláusulas, anexos ni disposiciones de este testamento.
—¿¡Qué!? —gritó Isabella fuera de sí, pálida y temblando de furia—. ¿¡Nada para mí!? ¡Mamá, haz algo! ¡Yo he vivido aquí toda mi vida! ¡No me pueden dejar sin nada!
—¡Esto es una injusticia! —chilló Eugenia, abalanzándose sobre la mesa—. ¡Mario no podía hacerme esto! ¡Yo soy su esposa! ¡Esa chiquilla muda no sabe ni administrar un centavo!
Marcos Vane, que hasta ese momento había permanecido en silencio absoluto observando el patético espectáculo, apretó suavemente la mano de Mariangel, se inclinó hacia adelante y fijó sus ojos de hielo sobre Eugenia y Raúl.
—Ella no estará sola —sentenció Marcos con una voz cargada de una autoridad aplastante que acalló de golpe los gritos de la sala—. Mariangel tendrá a su lado al Grupo Vane. A partir de hoy, la reestructuración de las Empresas Valverde comenzará bajo mi supervisión personal. Y les sugiero que empiecen a preparar sus maletas y sus libros contables.
Marcos se puso de pie con elegancia, tirando suavemente de Mariangel para que se levantara junto a él.
—Porque el día en que firmemos el acta de matrimonio —agregó Marcos mirando a Raúl e Isabella con un desprecio infinito—, auditaré hasta el último centavo que le hayan quitado a mi prometida. Y si encuentro la más mínima irregularidad... no solo terminarán en la calle, terminarán tras las rejas.