La Secretaria Muda Del Ceo

Capítulo 16: Estrategias, compasión y un nuevo horizonte

El lunes por la mañana, la imponente sala de estar del penthouse amaneció inundada por la luz dorada del sol. Sin embargo, en lugar de la compostura que había mostrado durante la boda, Mariangel caminaba de un lado a otro sobre la alfombra, apretando las manos con evidente nerviosismo.

Marcos salió de la suite vistiendo un impecable traje gris carbón. Al notar la agitación de su esposa, dejó su maletín sobre la mesa de centro y se acercó a ella con calma.

—¿Mariangel? ¿Qué ocurre? —preguntó con voz suave.

Mariangel se detuvo de golpe, lo miró con los ojos bien abiertos y sus dedos comenzaron a moverse en un lenguaje de señas caótico y apresurado: "Marcos, estoy entrando en pánico... No sé cómo voy a manejar esto. Son demasiadas cuentas, las Empresas Valverde están en crisis, los terrenos, la junta directiva... ¡No sé cómo empezar! Nunca he dirigido una compañía tan grande".

Marcos esbozó una sonrisa cálida y tranquila, de esas que rara vez mostraba al mundo corporativo, pero que tenían el poder instantáneo de calmar la mente de Mariangel. Dio un paso hacia ella, tomó suavemente sus manos temblorosas y las sostuvo entre las suyas.

—Respira —le dijo con ternura—. Es completamente normal que te sientas abrumada, pero no estás sola en esto. Recuerda que no tienes que resolver quince años de desastre en un solo día. Yo voy a guiarte y acompañarte en cada paso.

Mariangel exhaló un largo suspiro, sintiendo cómo la seguridad que emanaba de Marcos disipaba su pánico. Asintió despacio, y juntos se sentaron en el amplio sofá de piel para trazar el plan de acción.

—Lo primero y más importante —comenzó Marcos en tono estratégico— es la siderúrgica. Debes tomar la presidencia de las Empresas Valverde de inmediato. Iremos juntos a la sede principal para que la junta directiva y los empleados reconozcan tu autoridad. Es fundamental que asistas a diario para que te vayas adaptando al ritmo ejecutivo y, en paralelo, mi equipo de auditores comenzará a sanear las finanzas y solucionar los problemas operativos.

Mariangel asintió con determinación. Luego, recordó los otros activos detallados en el testamento de su padre y firmó: "Quiero ir a revisar personalmente los terrenos de desarrollo industrial. Mi padre tenía planes muy grandes para esas tierras".

—Iremos a ver los terrenos el día que tú lo desees —respondió Marcos sin dudar—. Pondré a los ingenieros del Grupo Vane a tu disposición para evaluar proyectos de construcción o desarrollo.

Mariangel guardó silencio un momento, mirando por el gran ventanal. Había un tema que le pesaba profundamente en el corazón: el hogar de su infancia.

"Quiero volver a vivir en la mansión Valverde" —le explicó a Marcos con señas claras—. "Yo nací en esa casa. Cada rincón tiene recuerdos de mi padre y de mi madre antes del accidente. No quiero dejarle la casa de mi infancia a esa gente... pero no quiero vivir allí sola. ¿Te gustaría que vivamos juntos en la mansión?".

Marcos la miró con una mezcla de sorpresa y complacencia. Que ella quisiera compartir su espacio con él era una muestra de la confianza profunda que estaba naciendo entre los dos.

—Acepto encantado —dijo Marcos con una leve sonrisa—. Haremos los arreglos necesarios para trasladarnos cuando lo decidas.

Sin embargo, Mariangel bajó la mirada por un segundo y continuó firmando con cierta timidez: "Pero... hay algo más. No quiero echarlos a la calle. Sé lo horribles que fueron conmigo, pero no quiero ser como ellos. No quiero dejarlos en la indigencia absoluta. Me gustaría asignarles una propiedad modesta y una pensión justa para que puedan vivir sin pasar necesidades, pero fuera de la mansión".

Marcos arrugó levemente la frente, poco conforme con la idea. Su instinto de protección y su sentido de la justicia corporativa le pedían aplastar por completo a Raúl y a Eugenia por todo el daño que le causaron a Mariangel. Sin embargo, al contemplar la mirada pura y libre de rencor de su esposa, la dureza en su rostro se suavizó.

—Eres demasiado buena, Mariangel —dijo Marcos, soltando un suspiro y acariciándole la mejilla con el dorso de la mano—. No se merecen ni un centavo de tu piedad, pero si eso le da paz a tu corazón, respetaré tu decisión. Les asignaremos un departamento pequeño y un fondo controlado.

Mariangel le dedicó una sonrisa llena de gratitud. Finalmente, tomó la carpeta azul que Fernando Restrepo le había entregado unos días atrás.

"Por último, está el tema de Brasil", firmó Mariangel con entusiasmo. "El treinta por ciento de las acciones en esa siderúrgica de Brasil vale una fortuna, pero está lejos. He estado pensándolo y creo que lo mejor sería vender esa participación para inyectarle ese capital a las Empresas Valverde aquí. Pero antes de tomar la decisión definitiva, me gustaría viajar a Brasil para conocer la planta, hablar con los ejecutivos y evaluar la situación".

Los ojos azules de Marcos brillaron con abierta admiración. Detrás de la joven tímida se estaba despertando una mente ejecutiva intuitiva y brillante.

—Es una idea excelente —aprobó Marcos, poniéndose de pie y ofreciéndole la mano—. Un viaje a Brasil nos permitirá revisar los fondos retenidos, evaluar la oferta de los directivos y tomar la mejor decisión financiera. Pero antes de preparar las maletas para Sudamérica, tenemos una cita esta mañana.

Mariangel lo miró con curiosidad mientras tomaba su mano.

—Las Empresas Valverde te están esperando, Sra. Vane —sentenció Marcos con determinación—. Es hora de ir a tomar lo que es tuyo.




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