La segunda esposa.

Capítulo 13: El teatro abandonado

El Teatro Albéniz se alzaba al final de una calle casi olvidada, con la fachada de piedra ennegrecida por el abandono y un cartel medio desprendido que todavía anunciaba, con letras descoloridas, una función que nadie había representado en años. Las puertas principales, cerradas con cadenas oxidadas, no eran la entrada que Clara había indicado: un mensaje posterior los dirigió hacia una puerta lateral, junto a un callejón estrecho, que cedió al primer empujón de Castaño.

—Permanezcan juntos —susurró él, encendiendo una linterna que iluminó un vestíbulo cubierto de polvo y telarañas, con fragmentos de yeso desprendidos del techo esparcidos sobre una alfombra roída—. Mis hombres están posicionados en el perímetro. Cualquier señal de peligro, y entramos de inmediato.

Alexa sintió que el corazón le latía con una fuerza desbocada mientras avanzaban por el pasillo central del teatro, hacia el patio de butacas, donde una única luz, proveniente de una linterna colocada sobre el escenario vacío, iluminaba una silueta solitaria que los esperaba de pie, envuelta en un abrigo oscuro.

—Llegan puntuales —dijo la figura, con una voz de mujer, firme pero cansada, el tono de alguien que lleva demasiado tiempo viviendo con el peso constante de mirar por encima del hombro—. Eso dice mucho de ustedes.

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Clara Izaguirre, cuando finalmente se acercó lo suficiente para que la luz revelara su rostro, no era en absoluto lo que Alexa había imaginado. Rondaba los cuarenta años, con el cabello corto y teñido de un castaño anodino que claramente buscaba pasar desapercibido, y unos ojos oscuros que mostraban el agotamiento acumulado de tres años viviendo en las sombras.

—Gracias por venir —dijo, con la mirada fija en Alexa con una intensidad particular—. Dios mío. El parecido es todavía más impresionante en persona de lo que Adrián me describió.

—¿Por qué nos citó aquí? —preguntó Damián, sin perder tiempo en cortesías, con la tensión evidente en cada línea de su cuerpo—. Dijo que sabía quién mató a Valentina.

—Lo sé —confirmó Clara, con una certeza que no dejaba espacio a la duda—. Llevo tres años reuniendo pruebas, moviéndome de ciudad en ciudad, cambiando de identidad más veces de las que puedo contar, precisamente para poder decir esta noche, con total seguridad, lo que estoy a punto de contarles.

Sacó de su abrigo una carpeta gastada, mucho más delgada que la de Lerma, pero que sostenía con una reverencia que sugería que contenía, de alguna manera, la pieza final de todo el rompecabezas.

—Antes de mostrarles esto —dijo—, necesito preguntarle algo a la señorita Montes. ¿Recibió usted, poco después de llegar a la mansión Varelli, una nota anónima?

Alexa sintió que un escalofrío le recorría la espalda.

—Sí —respondió, con la voz tensa—. Decía: No eres la segunda esposa. Eres la razón por la que ella murió.

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Clara asintió, con una expresión que mezclaba alivio y una tristeza profunda.

—Yo envié esa nota —confesó—. Y también los mensajes posteriores. El que le advertía sobre Tomás Elizondo, el que mencionaba el banco Dumont, el que le dijo que alguien había entrado en la habitación de Valentina la noche que usted lo descubrió.

El aire pareció congelarse en el teatro vacío.

—¿Usted era la voz anónima? —preguntó Alexa, con una mezcla de alivio e indignación compitiendo violentamente dentro de ella—. ¿Por qué no se identificó desde el principio? ¿Por qué dejarme creer que alguien dentro de esa casa me estaba jugando una trampa?

—Porque necesitaba que usted descubriera la verdad por sus propios medios, paso a paso, sin que nadie pudiera acusarla después de haber sido manipulada por una periodista con una agenda propia —explicó Clara, con una calma que sugería que llevaba mucho tiempo ensayando aquella justificación—. Si yo le hubiera entregado todo de golpe, cualquier abogado defensor habría podido argumentar que las pruebas fueron plantadas, que usted actuó bajo mi influencia directa. Necesitaba que la verdad emergiera de manera orgánica, verificable, sostenida por descubrimientos independientes que cualquier tribunal pudiera aceptar sin cuestionamientos.

—Eso no explica la frase de la primera nota —dijo Damián, con una tensión que no disimulaba—. "Eres la razón por la que ella murió." Eso suena a una acusación, no a una advertencia protectora.

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Clara bajó la mirada, con una expresión de genuino remordimiento cruzándole el rostro por primera vez desde que había comenzado a hablar.

—Fue cruel de mi parte, lo reconozco. Pero también era, de alguna manera retorcida, la verdad más literal que podía ofrecerle en ese momento. —Levantó la vista, sosteniendo la mirada de Alexa con una intensidad que no admitía evasivas—. Valentina murió, en parte, porque estaba decidida a encontrarla a usted, señorita Montes. A encontrar a la hija de Ernesto Montes, para devolverle la verdad que su familia merecía desde hacía dieciocho años. Esa búsqueda fue lo que la llevó a descubrir el esquema financiero completo. Y ese descubrimiento fue lo que, directa o indirectamente, selló su destino.

—Entonces no fue mi culpa —dijo Alexa, con la voz quebrada, entendiendo por fin el peso completo de aquella frase que la había atormentado desde la primera noche en la mansión—. Fue la culpa de quien decidió silenciarla por buscarme.

—Exactamente —confirmó Clara—. Y esa persona está a punto de conocer el precio de sus acciones, si ustedes están dispuestos a escuchar lo que tengo que mostrarles.

Abrió la carpeta sobre una de las butacas más cercanas, revelando documentos, fotografías y una serie de capturas de pantalla de correos electrónicos, cuidadosamente organizados con la precisión metódica de una investigadora que había dedicado años enteros a aquel único propósito.

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—Durante los primeros meses después de la muerte de Valentina, me dediqué a investigar cada posible sospechoso —explicó Clara, mientras extendía los documentos—. Ricardo Varelli, obviamente, por el esquema financiero. Ramón, por sus deudas con Salas. Incluso consideré a Beatriz, dado el testimonio inicial de Tomás Elizondo sobre lo que había visto esa noche.




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