El descubrimiento de la fotografía desató una nueva ola de pánico contenido por toda la mansión. Castaño ordenó de inmediato un registro exhaustivo de cada rincón de la propiedad, revisando cámaras de seguridad, verificando los accesos de cada empleado, y examinando con lupa cualquier movimiento inusual registrado durante las últimas veinticuatro horas.
—Quienquiera que haya dejado esto, lo hizo con un conocimiento preciso de los horarios de la casa —dijo Castaño, examinando las imágenes de las cámaras de seguridad en el despacho principal, junto a Damián y Alexa—. El sobre apareció en la mesa de entrada entre las nueve y las nueve y media de la mañana, exactamente cuando el personal de limpieza cambia de turno y la vigilancia del vestíbulo se reduce momentáneamente.
—Eso significa que quien lo dejó conoce la rutina interna de la casa con un nivel de detalle que solo alguien que trabaja aquí regularmente podría tener —dijo Damián, con una expresión sombría.
—O alguien que ha estado observando esa rutina durante el tiempo suficiente como para memorizarla con precisión —añadió Alexa, sintiendo que la paranoia que creía haber dejado atrás volvía a instalarse en cada rincón de su mente.
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Durante las siguientes horas, Castaño y su equipo entrevistaron discretamente a cada miembro del personal doméstico, desde los jardineros hasta las doncellas, buscando cualquier indicio de comportamiento sospechoso, cualquier conexión financiera inusual, cualquier motivo oculto que pudiera explicar una posible colaboración con Valeria Ibáñez.
—Nadie del personal muestra señales evidentes de culpabilidad —informó Castaño, tras completar la primera ronda de entrevistas—. Pero eso no descarta la posibilidad de que el infiltrado sea alguien mucho más cercano a la familia, alguien cuya presencia regular en la casa no levantaría ninguna sospecha inmediata.
—¿Estás sugiriendo que podría ser alguien de la propia familia? —preguntó Damián, con una expresión que mezclaba incredulidad y un cansancio profundo ante la perspectiva de enfrentar otra traición más desde dentro de su propio círculo cercano.
—No puedo descartarlo —admitió Castaño—. Considerando que Ramón ya demostró estar dispuesto a colaborar con Lerma a cambio de beneficios personales, y que todavía no hemos esclarecido completamente el papel de cada miembro de la familia en los eventos de estas últimas semanas, necesitamos mantener la mente abierta a cualquier posibilidad.
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Esa tarde, mientras la tensión seguía creciendo dentro de la mansión, Alexa decidió revisar nuevamente, con mayor detenimiento, el correo electrónico que había recibido de Valeria Ibáñez, buscando cualquier detalle que pudiera haber pasado por alto durante su lectura inicial, dominada por el miedo y la sorpresa.
—"Nos reuniremos pronto. Yo elegiré el momento y el lugar" —leyó en voz alta, repasando aquella línea con atención renovada—. Esto sugiere que ella tiene un plan específico, no solo una amenaza genérica destinada a intimidarnos.
—¿Crees que quiere algo específico de ti? —preguntó Damián, sentado junto a ella en el sofá del despacho, revisando también sus propias notas sobre el caso.
—Creo que quiere evaluarme —respondió Alexa, pensando en voz alta mientras las piezas empezaban a encajar de una manera nueva—. Igual que hiciste tú, al principio, cuando me ofreciste ese contrato de matrimonio. Valeria ha estado observando esta familia durante dieciocho años. Probablemente sepa exactamente quién soy, qué represento, y quiere entender personalmente qué tipo de amenaza, o quizás qué tipo de oportunidad, podría representar yo para sus intereses continuados.
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La conversación fue interrumpida por la llegada de Adrián, con una expresión agitada que contrastaba con la actitud relajada que había mostrado durante las últimas semanas desde su propia confesión.
—Necesito hablar con ustedes —dijo, cerrando la puerta del despacho tras de sí con una urgencia evidente—. Recibí una llamada hace una hora. De un número desconocido, usando un sintetizador de voz para ocultar su identidad.
—¿Qué te dijeron? —preguntó Damián, con una tensión inmediata.
—Me ofrecieron dinero. Mucho dinero. A cambio de información sobre los movimientos de ustedes dos, sobre los planes de Castaño, sobre cualquier detalle que pudiera serles útil para anticipar los próximos pasos de la investigación —respondió Adrián, con una expresión de genuina indignación—. Les dije que no, por supuesto. Pero quería que supieran que están intentando reclutar directamente a miembros de la familia, posiblemente a varios de nosotros al mismo tiempo.
—¿Mencionaron el nombre de Valeria Ibáñez? —preguntó Alexa.
—No directamente. Pero mencionaron algo sobre "representar los intereses de una cliente muy poderosa, que prefiere mantener su identidad en reserva por el momento".
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La revelación de Adrián confirmó los peores temores de Alexa y Damián: Valeria Ibáñez no solo había logrado infiltrarse dentro de la mansión a través de un contacto desconocido, sino que también estaba intentando activamente reclutar a otros miembros de la familia, ampliando su red de influencia desde múltiples frentes simultáneamente.
—Necesitamos advertir a todos en la familia sobre estos posibles contactos —dijo Damián, levantándose con una determinación renovada—. Y necesitamos reforzar aún más la seguridad, no solo física, sino también en términos de comunicaciones. Si Valeria está contactando directamente a mis familiares, es posible que también haya intervenido nuestras líneas telefónicas o correos electrónicos.
Castaño, que había estado escuchando desde la puerta tras ser alertado por el propio Adrián, asintió con gravedad.
—Ya estaba considerando esa posibilidad. Traeré especialistas en seguridad informática mañana mismo para revisar completamente los sistemas de comunicación de la mansión, buscando cualquier indicio de intervención no autorizada.