La segunda esposa.

Capítulo 28: Rumbo a Zúrich

Los preparativos para el viaje consumieron los siguientes tres días con una intensidad que recordaba, de alguna manera, a la operación coordinada durante la confrontación con Hector Salas en el muelle, meses atrás, aunque esta vez con una escala considerablemente mayor dada la naturaleza internacional del encuentro planeado.

—Castaño coordinó con una agencia de seguridad privada suiza, reconocida por su discreción absoluta en situaciones similares —informó Marisol Beltrán, durante una reunión final antes de la partida—. Tendremos protección local desde el momento en que aterricemos, además del equipo que viajará directamente con ustedes.

—¿Alguna novedad sobre dónde exactamente tendrá lugar el encuentro? —preguntó Damián, revisando los documentos extendidos sobre la mesa del despacho.

—Weidmann propuso un hotel de lujo en el centro de Zúrich, con una sala de reuniones privada que, según sus propias condiciones, debe permanecer libre de cualquier dispositivo de grabación —respondió Castaño—. Aceptamos esa condición específica, aunque insistimos en mantener vigilancia externa discreta alrededor del perímetro completo del edificio.

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Alexa pasó gran parte de aquellos tres días preparándose mentalmente para lo que representaría, posiblemente, el encuentro más significativo de toda aquella investigación: enfrentar directamente, cara a cara, al hombre que había diseñado deliberadamente el sistema completo responsable de la desaparición de su padre.

—¿Estás segura de que quieres hacer esto personalmente? —preguntó Damián, mientras ambos empacaban juntos en la habitación de Alexa, la noche anterior a la partida—. Todavía podríamos insistir en que algún representante legal viaje en tu lugar.

—Necesito hacerlo yo misma —respondió Alexa, con una determinación que reflejaba todo el camino recorrido desde aquella primera noche en que cruzó el portón de la mansión Varelli—. Después de dieciocho años enteros buscando respuestas, necesito mirar directamente a los ojos del hombre que construyó el sistema que destruyó a mi familia, aunque él mismo insista en que nunca ordenó directamente ninguna muerte específica.

—Entonces estaré a tu lado durante todo el proceso —prometió Damián, con una convicción inquebrantable—. No voy a permitir que enfrentes esto completamente sola, sin importar las condiciones específicas que Weidmann haya impuesto para este encuentro.

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El vuelo hacia Zúrich transcurrió en un silencio tenso, con Alexa observando por la ventanilla las nubes que se extendían bajo el avión privado que Castaño había organizado, mientras repasaba mentalmente, una vez más, cada pregunta específica que necesitaba formularle directamente a Weidmann durante aquel encuentro decisivo.

—¿Nerviosa? —preguntó Damián, tomándole la mano con una ternura que había caracterizado cada momento compartido entre ambos durante aquellos meses de investigación conjunta.

—Más que nerviosa —admitió Alexa, con una honestidad vulnerable—. Siento que todo lo que hemos investigado durante estos meses converge finalmente en este único encuentro. Y una parte de mí teme que, independientemente de lo que descubramos, nunca logremos obtener la resolución completa y perfecta que había imaginado al comenzar esta búsqueda.

—Quizás esa resolución perfecta nunca existió realmente como posibilidad genuina —dijo Damián, con una sabiduría que reflejaba todo lo aprendido durante aquella travesía compartida—. Pero obtendremos, al menos, considerablemente más verdad y justicia de la que teníamos disponible cuando comenzamos esta búsqueda juntos.

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Aterrizaron en Zúrich durante las primeras horas de la mañana siguiente, recibidos de inmediato por el equipo de seguridad local que Castaño había coordinado previamente, hombres y mujeres de expresión profesional que los condujeron rápidamente hacia un vehículo blindado estacionado discretamente en una zona restringida del aeropuerto.

—El encuentro está programado para las tres de la tarde —informó el líder del equipo local, un hombre de mediana edad llamado Heinrich, con un acento que delataba décadas enteras de experiencia en seguridad privada de alto nivel—. Les recomiendo descansar durante las próximas horas en el hotel donde tenemos reservadas sus habitaciones, bajo vigilancia constante hasta el momento exacto del encuentro.

Mientras se dirigían hacia el hotel designado, Alexa observó la ciudad desconocida que se extendía a través de las ventanillas del vehículo, considerablemente más limpia y ordenada que cualquier paisaje urbano que hubiera conocido anteriormente, consciente de que, en algún lugar de aquella misma ciudad, el hombre responsable de tanto sufrimiento acumulado durante décadas enteras esperaba, con la misma calma calculadora que había caracterizado cada una de sus comunicaciones previas.

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A las dos y media de la tarde, con el equipo completo reunido en la suite del hotel para una última revisión de estrategia antes del encuentro programado, Castaño recibió una llamada que modificó considerablemente los planes cuidadosamente establecidos durante los días anteriores.

—Weidmann cambió la ubicación —anunció, con una expresión tensa tras colgar el teléfono—. Dice que, por razones de seguridad adicionales que no especificó completamente, prefiere reunirse en un lugar distinto al hotel originalmente acordado.

—¿Dónde propone ahora? —preguntó Damián, con una desconfianza inmediata ante aquel cambio repentino de planes.

—Una propiedad privada en las afueras de la ciudad, cerca del lago —respondió Castaño, revisando rápidamente los detalles adicionales que acababa de recibir—. Según la información disponible, pertenece formalmente a una de las fundaciones vinculadas con su nombre, aunque bajo un registro considerablemente más discreto que cualquiera que hayamos identificado previamente.

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—Esto podría ser una trampa —advirtió Marisol Beltrán, con su cautela legal habitual—. Cambiar la ubicación acordada apenas media hora antes del encuentro programado sugiere, posiblemente, una estrategia diseñada específicamente para comprometer nuestras propias medidas de seguridad cuidadosamente planificadas.




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