La Semilla de los Animales y de la Vida

Capítulo 16 Destino: Perú

La semana en la casa de Tuheyoma no fue la calma que Nefertari esperaba. Aunque el grupo forjó una nueva camaradería, la visita de Omama había cargado el ambiente de tensión. Durante esos siete días, Tuheyoma apenas estuvo presente; la diosa realizó varias incursiones por la selva fronteriza para comprobar las advertencias de la anciana.

El equilibrio se había roto. Los animales ya no se comportaban como tales. Encontró rastros de aves después de estrellarse contra árboles en un frenesí suicida. Y varios insectos devoraban la flora de manera desmedida sin ningún propósito especifico. Los captures estaban jugando con la semilla, usándola para convertir la fauna en un circo de pesadilla.

Nefertari se adaptó a la serenidad del lugar, encontrando un refugio en el peculiar "zoológico" que era el patio de Tuheyoma. Se deleitaba en la compañía silenciosa de los gatos que dormitaban al sol, mientras Alexia, por su parte, encontraba un vínculo especial con las aves del bullicioso aviario, un recordatorio de su encuentro con Pancho en Caracas.

Nefertari mantenía su distancia con Leo; se sentía cada vez más vulnerable ante su presencia. Alexia, en cambio, había recuperado su brillo y compartía con Miguel mientras jugaban con su mono capuchino y las guacamayas. El descanso permitió a Nefertari intercambiar mensajes con su hermana Maya, pero la paz se interrumpió con un mensaje de su padre. Él exigía saber los avances de la misión. Nefertari le reveló brevemente el encuentro con la Mano Invisible, la herida de Leo y el inminente viaje a Perú. La respuesta de su padre fue fría y clara: cumplir la misión y andar con cuidado, recordándole que no tenía cómo defenderse. Aquellas palabras resonaron en su mente, frustrándola por la eterna falta de confianza de su progenitor.

La recuperación de Leo marcó el final de la espera. Isabel había preparado un plan para su salida del país. No usarían los aeropuertos del país. Si la Mano Invisible tenía en su nómina a personal de gobierno. Se enterarán del próximo destino.

El escape se produjo en el corazón de una madrugada cerrada. Alfredo y Chiquinquirá los guiaron hasta la frontera de Maicao. Jake, en su forma de gato, se deslizó silenciosamente entre las piernas de Leo y se acomodó a su lado en el asiento del vehículo. La noche se sentía más fría que de costumbre.

Una vez en la frontera, Alfredo los dejó en un punto de encuentro previamente acordado. Allí, los esperaba un pequeño grupo de guajiros. Cruzaron por las “trochas”, camino de polvo y olvido donde el único rastro era el de los guajiros que conocían cada piedra. El silencio de la Guajira inquebrantable. Disfrazados pudieron pasar la frontera sin ser detectados por la Mano Invisible.

Una vez en Maicao, el primer objetivo fue descansar. Se hospedaron en un pequeño y modesto motel, donde la única prioridad era reponer fuerzas. El grupo se desplomó por el cansancio. Nefertari se quedó observando el techo de su habitación con su mano sobre su collar. Sabía que debía llegar a Perú antes que Xavier y sus hombres pusieran sus manos sobre la siguiente semilla, si ya han descubierto el poder de la Semilla de los Animales, quien sabe que podrían hacer.

Al amanecer, consiguieron pasajes sin contratiempos: un vuelo a Bogotá y luego la conexión internacional hacia Lima. Antes de abordar, Jake se transformó de gato a hormiga bala y se ocultó en un bolsillo interior de la chaqueta de Leo.

Finalmente, tras un largo día de traslados y esperas, los tres descendientes se encontraban a bordo de un avión rumbo a Perú.

En la fría atmósfera de la cabina, se acomodaron en sus asientos: Alexia junto a la ventanilla, observando el cielo; lucía un jersey fino de manga larga con cuello en V de color vino, unos jeans de tiro alto de color oro pálido, sus sandalias planas de color camel, mientras su collar de cruz de oro y unos pendientes delicados completaban su atuendo. Llevaba su chaqueta de punta fina gris perla sobre el asiento.

Con la mente fija en el próximo destino, Nefertari ocupaba el centro de la fila. Llevaba unos pantalones anchos de un negro profundo y un jersey blanco de punto fino, resguardada por una chaqueta de lino gris oscuro que aportaba una textura profesional a su imagen. Había optado por la funcionalidad de sus botas cortas sin tacón, prescindiendo de adornos innecesarios salvo por la discreción de sus pendientes, su reloj de oro y la imponente presencia del escarabajo alado en su cuello.

Leo en el pasillo. Llevaba una camiseta de algodón amarilla, pantalones de tela elástica de corte moderno en color negro y una chaqueta gruesa de color negro. Sus gafas de diseñador polarizadas y el reloj de oro robusto pero elegante completaban su estilo.

Mientras el avión surcaba los cielos, Nefertari sacó un manuscrito de su bolso. Pasando sus manos por su portada de cedro y revisando sus páginas amarillentas.

—Creo que sería una buena idea conocer la historia del dios peruano creador de la Semilla de la Curación—, comentó Nefertari, hojeando las páginas con cuidado.

—¿Qué es ese libro? —, preguntó Leo con curiosidad.

—El Manuscrito de las Sietes Semillas. Isis lo escribió y me lo obsequio. Tiene la historia de cómo se crearon y la de los Dioses que la forjaron. Quiero conocer saber un poco más de la Diosa antes de conocerla—, respondió Nefertari.

—Yo la conocí—, respondió Leo, su mirada fija en el libro. —He viajado varias veces a Perú; nuestras familias han mantenido tratos comerciales por generaciones y han mantenido una estrecha relación personal. Además…




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