Los chicos regresaron a la sala con las esperanzas renovadas. Habían logrado descifrar las pistas de las diosas y, aunque el panorama era sombrío, al menos ya no caminaban a ciegas.
—¡Creo que esto merece volver a celebrar! —exclamó Alexia, sirviéndose una copa de vino con un entusiasmo que Nefertari encontraba casi envidiable dadas las circunstancias.
—Alexia, es tarde. Deberíamos descansar —replicó Nefertari, sintiendo el peso de los siglos que acababa de leer en los diarios.
—¡Vamos, Nefertari! Quién sabe cuándo tendremos otro momento de paz como este —insistió Alexia antes de dar un sorbo largo.
—Celebraremos cuando derrotemos a los Oscuros —intervino Leo, su voz grave resonando en la estancia con una firmeza que no admitía discusiones.
—Salud por eso —respondió Alexia, imperturbable. Dejó la copa sobre la mesa y su expresión cambió, volviéndose inusualmente aguda—. Saben, me acabo de dar cuenta de algo. Afrodita nos dio tres destinos específicos: Nueva Zelanda, China e Islandia. ¿Cierto?
—Es verdad —afirmó Nefertari, asintiendo.
—¿Y por qué no mencionó Grecia o Egipto? —preguntó Alexia, entornando los ojos—. Sus descendientes directos, nosotras, estamos aquí. Eso me hace un ruido extraño en la cabeza.
—¿A qué te refieres? —preguntó Nina, ladeando la cabeza con curiosidad.
Alexia clavó su mirada en Nefertari, buscando esa complicidad que solo ellas compartían por su historia común. —Creo que Afrodita no quiere que estemos allá. Sabes a lo que me refiero, Nefertari.
Nefertari sintió un clic en su mente. La lógica arqueológica de unir puntos distantes se activó. —Sí... creo que te entiendo —afirmó Nefertari, sintiendo una punzada de inquietud.
—¿Qué es lo que están intentando decir? —preguntó Nina, con un deje de impaciencia ante el misterio de las otras dos.
—Afrodita quiere que nos mantengamos lejos de nuestras propias semillas —explicó Alexia con seriedad—. Porque los Oscuros nos necesitan a nosotras para conseguirlas. Somos la llave y, a la vez, el mayor riesgo.
—Y no solo eso —añadió Nefertari, completando la teoría—. Según lo que leímos, necesitan a alguien cercano que nos traicione. Alguien cuyo corazón pueda ser llenado de soberbia o lujuria para corromper el don. Si no estamos en nuestros templos, les arrebatamos el catalizador.
—No se confíen —advirtió Leo, y el crujido de sus puños cerrados subrayó su tensión—. Aquí también necesitaban a Nina y a alguien cercano para robar la semilla, y lo hicieron ver aterradoramente fácil. Ya deben tener un plan en marcha para la Semilla de la Ilusión y la del Futuro, estemos allí o no.
—Es probable —concedió Alexia, dejando su copa a medio llenar—. Pero mientras tanto, nuestra mejor jugada es mantenernos lejos de su radar y decidir nuestro próximo movimiento. ¿Qué lugar visitamos primero? ¿Islandia, China o Nueva Zelanda?
—¿Qué tal China? —sugirió Nina. Sus dedos jugueteaban con el borde de su túnica—. Fue la última que obtuvieron la vez anterior; tal vez quieran apresurar las cosas esta vez. Además, ya conocemos a Urga. Si ella quiere esa semilla, irá directo a por ella. Fabiola tiene la de los Animales, Santiago la de la Vida... la lógica dice que la siguiente es la de la Tierra.
—Puede ser —dijo Leo, aunque su rostro reflejaba duda—. Pero yo creo que irán por la de la Selva en Nueva Zelanda. Si fue la primera que cayó en el pasado, deben pensar que no les costará mucho repetirlo.
Nefertari intervino, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. —¿Y qué hay de Islandia? Si la guardia se ha aislado tanto, los Oscuros podrían llegar a los descendientes de Baldur haciéndose pasar por nosotros. Son presas fáciles.
—Creo que deberíamos ir a los tres sitios al mismo tiempo —soltó Alexia, con una naturalidad que dejó a Nefertari helada.
Clavó su mirada en ella, sintiendo cómo el instinto de protección se disparaba. —No, Alexia. Debemos mantenernos juntos.
—Sí, eso fue lo que nos ordenaron: permanecer unidos —afirmó Nina, buscando el apoyo de Nefertari.
Alexia dejó escapar un suspiro de frustración, echando la cabeza hacia atrás. —Mira, niña, podemos pasar el resto de la noche debatiendo a donde ir, total nos quedan veinte días para la próxima Luna Nueva. Pero, ¿qué pasa si nos equivocamos? Imaginen que por ejemplo vamos todos a China como sugeriste, Urga nos detecta, advierte a Santiago y, mientras estamos allí aprendiendo del Feng Shui, roban la Semilla de Fuego y la del Bosque al otro lado del mundo. ¿De qué nos sirvió estar juntos si perdimos dos semillas más?
Se inclinó hacia adelante, su mirada volviéndose intensa. —Ellos creen que nos sentimos derrotados. Y lo estamos. Pero deberíamos usar eso a nuestro favor; que se confíen. Ellos han aprendido con los años, es momento de que nosotros también lo hagamos.
—¿Qué sugieres entonces? ¿Que cada uno vaya a un sitio diferente? —preguntó Nina, cruzando los brazos en un gesto defensivo.
—Somos cuatro y hay tres destinos —razonó Alexia—. Alguno irá acompañado y, además, nos encontraremos con los otros descendientes. No estaremos solos, simplemente estaremos cubriendo más terreno.
—No. Debemos mantenernos juntos —insistió Nina. Su voz tembló ligeramente, dejando ver que su negativa nacía del miedo a otra masacre.