La senda de las Espinas [la senda #2]

6

—En mi apartamento hay papel y lápiz. Escribir una nota toma menos de un minuto. ¿Lo sabes, verdad? —Elliot estaba de pie enfrente del armario de su nueva habitación. Cuando se despertó en la mañana tendido cuan largo era sobre la cama de la reina Eliza, lo hizo solo, o al menos sin la reina a la vista, en su lugar un hada de cabello negro le había deseado los buenos días con una sonrisa coqueta y luego le informó que la reina la había enviado para llevarlo a su nueva habitación.

—Lo siento, supongo que no lo pensé. —Arwin tenía una expresión serena mientras apoyaba un hombro sobre una pared y parecía que su comentario carecía de cualquier emoción, pero quizás no fuera así, aunque Elliot no terminaba de saber qué tipo de emoción pudo haber sentido Arwin al regresar a su apartamento y encontrarlo vacío. ¿Rabia? ¿Indignación? ¿Preocupación? Tampoco parecía que ella se lo fuera a aclarar, pues se encogió de hombros y miró la habitación.

—Ya da igual, pero es una simple norma de educación. Así que. —De inmediato cambió el tema, señalando el lugar con un movimiento lacónico de la muñeca—. Ahora vivirás aquí.

—Sí —contestó él, lanzando una nueva mirada al armario equipado con varias prendas que podrían servirle—. Dydy dice que la reina dio la orden muy temprano en la mañana, tal parece que encuentra necesario tenerme cerca y mostrarme algo de hospitalidad. —Dydy era el hada de cabello negro que le escoltó a su nueva habitación. Pasaría los días allí en el castillo y tendría que someterse a un entrenamiento. El cual iba a ser guiado por Arwin, así que Elliot la miró—. También dijo que tú debías entrenarme. —Arwin asintió.

—Sí, lo sé. Quiere que estés en forma y preparado para cualquier cosa.

—¿En qué momento me dejarán ver esa arma tan importante?

—Por el momento no, primero tienes que prepararte un poco, así que ten algo de paciencia. ¿Ya has desayunado?

No lo había hecho, por lo que se sintió agradecido de que Arwin tocara el tema. Bajaron a la cocina del castillo y tomaron algo de comida de las alacenas. Arwin dijo que le daría unos minutos para hacer la digestión y que luego empezarían el entrenamiento. Elliot no estaba muy seguro de querer entrenar. Ya lo había hecho para el torneo en la corte de las Flores y en su mundo había sido un soldado. Sabía luchar y estaba en buena forma, así se lo dijo a Arwin, pero esta dijo que todo eso le tenía sin cuidado. Que hasta donde sabían él podía estar algo fuera de forma y, dejando eso de lado, la reina había dado una orden y él no era nadie para incumplirla, así se lo dijo y allí acabó la discusión.

Entrenaron por los alrededores del castillo. Arwin lo hizo trotar mientras lo vigilaba desde el aire con sus alas cartilaginosas agitándose al viento. Luego lo hizo hacer lagartijas y abdominales. Para finalizar, hicieron algo de lucha cuerpo a cuerpo. A pesar de que Arwin era delgada y unos cinco centímetros más baja que él, no era un rival fácil de vencer, Elliot lo descubrió por las malas. El hada era fuerte, rápida y por sobre todo no tenía ningún tipo de compasión. En cierto momento le aplicó una llave, retorciéndole el brazo hacia atrás, y luego lo dejó caer sobre el suelo, haciéndole comer tierra. Además de eso, Arwin encontraba divertido burlarse de él cuando estaba caído. En aquel momento se irguió sobre él y, mientras él rodaba sobre su espalda y escupía tierra, comentó:

—Tienes que ser un poco más malicioso. Esto no es Daha ni su estúpido torneo, aquí permitimos algo de lucha sucia.

—Ya lo noté —comentó colocándose de pie y limpiándose las manos en los pantalones.

—¿Qué esperas entonces? —Ella lo retó y él atacó.

Los siguientes minutos siguieron igual. Elliot intentaba tenderle trampas, mirando hacia un lado concreto y luego lanzándose hacia el contrario, pero Arwin nunca caía. Adivinaba sus movimientos justo a tiempo y bloqueaba en consecuencia, para luego aplicarle alguna zancadilla o, en los movimientos más vergonzosos, le hacía cosquillas y lo derribaba sin contemplaciones luego.

Estaba comenzando a sentirse humillado, muy cansado y algo molesto, cuando el sonido del revoloteo de tela los alcanzó. Cesaron el entrenamiento y observaron a la reina Eliza caminar hacia ellos. Elliot no pudo evitar rememorar la noche anterior, la desnudez de la reina y sus gemidos, su peso encima de él y la suavidad de su piel, aunque por el semblante de ella no parecía como si esos mismos recuerdos la estuvieran asaltando. De hecho, los miró a ambos como si estuviera tomando decisiones en su mente. Se detuvo a pocos metros y volvió su atención a Arwin.

—Quiero que lo lleves con Walden. Le he comprado algo para Elliot y me gustaría que aprenda a usarlo antes de entrar en batalla. —Arwin asintió y la reina agregó—. Se está quedando en El Humano Ahogado y estará solo por unos días. No dejes pasar mucho tiempo antes de ir a verlo. —Arwin asintió.

—Lo llevaré por la noche, su alteza.

—Muy bien, ¿qué tal el entrenamiento? —Arwin ladeó una sonrisa de burla que Elliot odió no más verla.

—Mejorará, se lo aseguro.

—Eso espero. —La reina volvió la vista a Elliot y hubo un pequeño destello de malicia en sus ojos, luego con una ligera sonrisa, giró sobre sí misma con su vestido violeta ondeando tras ella y se marchó.

—Conocí a un Walden en la corte de las Flores —Elliot comentó, la interrupción de la reina le dio chance para recuperar algo del aire perdido, a su comentario Arwin se giró a verlo, diversión bailando en toda su expresión.




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