La senda de las Espinas [la senda #2]

8

Si por Elliot hubiera sido, habría pasado cada segundo explorando Adah y la ciudad de Espinas; pero, por supuesto, aquella decisión se escapaba de sus manos. Él estaba en aquel mundo por órdenes de la reina Eliza y para llevar a cabo un objetivo específico, por lo cual su presencia en las reuniones de estrategia para invadir Daha era vital. Aquella era la tercera reunión de aquel tipo que tenían en tres días, a la misma estaban presentes la reina, por supuesto, Dentory, un hada antigua que fue presentada a Elliot bajo el nombre de Agny y tres hadas jóvenes que formaban parte de los consejeros de la reina Eliza.

Hasta el momento la reina les había hablado sobre su reunión con Walden. La misma tuvo lugar poco tiempo antes de que Arwin fuera enviada en busca de Elliot. La historia dio paso a que Eliza explicara lo que sabía sobre el arma que Walden había fabricado. Hasta donde Elliot pudo entender, se imaginó esta arma letal como una especie de bomba, con mecanismo de tiempo y toda la cosa. La cuestión era que hasta el más mínimo contacto de un hada con ella podría hacerla estallar o, en el menor de los casos, afectar de manera negativa al hada que estuviera en contacto con ella.

Eliza no dio mayores detalles sobre en qué lugar se hallaba esta misteriosa arma, pero explicó que Walden la tenía a buen recaudo, fuera de Adah y de Daha, en donde quiera que eso fuera. Llegado el momento de usarla, Walden se había ofrecido a guiar a Elliot hacia el lugar en donde se encontraba y a explicarle su mecanismo para que luego supiera cómo accionarla.

Para la segunda reunión, se centraron más en el tema de la seguridad de Daha. Hasta donde sabían, Beth había redoblado su guardia y el tránsito tanto aéreo como terrestre estaba bastante difícil de usar sin llamar la atención. Se hicieron propuestas que se descartaron con rapidez, se plantearon dudas que casi no tenían solución y al final la reunión terminó sin una propuesta clara.

Para aquella tercera reunión, se hallaban de nuevo en el punto en que dejaron la anterior, pero no avanzaban. Dentory sugería que formaran un ejército e irrumpiera en Daha. Su propuesta era que atacaran Daha y en la confusión de la lucha, Elliot encontrara la forma de infiltrarse y llegar hasta el castillo. Para ello tendrían que coordinar un límite de tiempo, para que así las hadas de Adah que hubieran ingresado en Daha tuvieran oportunidad de marcharse antes de que Elliot accionara el arma, pero Eliza no estaba contenta con la propuesta.

En su opinión, aun cuando funcionara, era posible que algunas hadas de su corte muriesen a manos de las hadas de Daha y ella no estaba dispuesta a sacrificar a su gente teniendo a su disposición un arma que podría acabar con todo el conflicto sin la necesidad de aquel sacrificio.

Elliot notó que Dentory no estaba muy feliz con la negativa de la reina, pero aun así se contuvo de expresarlo de forma verbal. Para sorpresa de casi todos los presentes, la siguiente en proponer una idea fue Arwin. Esta llamó la atención sobre el hecho de que Elliot no era un desconocido para la corte de las Flores y en su opinión, si este aparecía de improviso en Daha, tanto la reina Beth como su corte estarían tan sorprendidos que Elliot tendría una gran posibilidad de abrirse camino hasta el castillo, plantar el arma y hacerla funcionar. Para horror de Elliot, no se alzaron de inmediato comentarios que descartaran la idea, de hecho Dentory se llevó una mano al mentón y se lo acarició como si encontrara interesante la sugerencia y la reina Eliza llevó sus ojos hasta Elliot como si ya lo estuviera viendo llegar a Daha con el arma bajo el brazo. Sin embargo, fue la antigua Agny quien se opuso en esta ocasión.

—Parece bastante probable, pero tiene un margen de error muy grande. —La antigua tenía el cabello de color naranja desparramado por su hombro derecho y mientras hablaba observaba las puntas de este, como si estuviera en medio de una conversación sobre el cabello.

—¿Cuál sería ese? —inquirió la reina, Agny comenzó a hacer una pequeña trenza con unos pocos mechones naranjas y contestó:

—En Daha saben que estamos planeando algo. La reina Beth no es estúpida y mucho menos lo son sus consejeros y antiguos. Si el humano apareciera de improviso en Daha, después de que ellos le devolvieran, comenzarían a sospechar de inmediato.

—Aun así, Elliot ya estaría en Daha —fue Dentory quien intervino y Elliot se percató con una ligera sorpresa de que se refirió a él por su nombre y no solo por el simple apelativo: el humano—. Así que podría accionarla antes de que comiencen a investigar. —Agny meneó la cabeza en negación.

—Entonces Adah estaría en el radio de explosión. Si entiendo bien el funcionamiento de esta arma, es que tiene que accionarse en el castillo de la reina de las Flores, de otra forma, las hadas de Adah nos veríamos en peligro. —La reina asintió.

—Es cierto, Walden fue muy específico con el lugar en donde debía detonarse.

—Volvemos al mismo punto entonces —comentó una de las hadas jóvenes consejeras de la reina, con una mueca de hastío y cansancio. Con algo de sorpresa, Elliot constató que todos desviaron una mirada de molestia hacia Arwin. La joven hada agachó la cabeza y no dijo nada. La reina Eliza dejó salir un suspiro.

—Deberíamos concluir esta reunión por hoy, el día apenas comienza y me gustaría que Elliot diera un paseo por los pozos. ¿Serías tan amable, Arwin?

—Como ordene, alteza.

El hada le hizo un gesto a Elliot con la cabeza y abandonó la habitación. Con una ligera reverencia a la reina, Elliot se despidió y siguió al hada al exterior. Salieron del castillo y se encaminaron a la ciudad en silencio, sin embargo las preguntas picaban en la garganta de Elliot. A varios minutos de caminata decidió empezar por las más fáciles.




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