La senda de las Espinas [la senda #2]

13

—¿Recuerdas que comenté lo bueno que sería que regresaras a los pozos de lucha?

Arwin lucía una sonrisa de satisfacción, mientras tanto Elliot mantenía las manos dentro de los bolsillos de una sudadera marrón, mientras intentaba ocultar su evidente molestia. Junto a Arwin se hallaba Walden. Llevaba pantalones negros y una camisa de botones azul cielo. La dualidad hecha hada, si pudiera decirse.

—Entonces, ¿por fin conoceré la famosa arma? —Elliot sabía la respuesta a su pregunta antes de que Arwin la diera: No.

—Por supuesto que no, pero ¿quién mejor que Walden para que sigas entrenándote un poco más? Ya conoces mi estilo de pelea, por más que lo cambie ya sabes cómo seguirme la pista. Necesitas mayores retos: Walden es la respuesta. —El mencionado no decía nada, pero miraba a Elliot como si ya lo estuviera viendo vencido, comiendo el piso.

—Me parece que a Walden no le interesa un trabajo tan inferior como mi entrenamiento.

A sus palabras siguió un silencio que al principio Elliot no supo entender. Entonces Arwin le lanzó una mirada indescifrable y un segundo después sus alas estaban fuera y emprendió el vuelo hacia el cielo. El pelirrojo vio su figura alejarse por el cielo, parpadeando aún confuso, entonces Walden por fin habló.

—Me parece que la has herido.

—No era lo que pretendía, mi intención era burlarme de ti. —Pero nada más decirlo Elliot vio el problema, cerró los ojos y asintió. Walden dejó salir una risita.

—Creo que ahora ya viste cómo la ofendiste. La pobre se ha dedicado mucho a tu estadía, y tú la descartas como un trabajo inferior. —Elliot no pensaba permitir mostrar sus emociones ante Walden, así que se encogió de hombros.

—No puedo ir hacia atrás, luego la busco y me disculpo. Volviendo al porqué de tu presencia aquí, no creo que sea necesario.

—¿Te lo parece?

—En mi mundo presté servicio militar —Elliot contestó—. Lo que significa que ya he tenido todo el entrenamiento que necesito. Luego tuve otro entrenamiento con hadas en Flores, y desde que llegué aquí he tenido más entrenamiento con Arwin y esos benditos pozos. Así que sí, ya estoy listo, no necesito que me sigan moliendo a golpes, he aprendido todo lo que debía aprender, gracias.

—Dime una cosa —Walden se acercó un poco, estaban afuera del castillo, el viento soplaba y era primera hora de la mañana. Lo cierto era que luego de su visita a Aziza Elliot no había tenido un resto del día agradable. Se la pasó pensativo, algo ido y no pudo conciliar el sueño. Por lo que en aquel momento lo único que deseaba era irse a dormir. Pero siguió escuchando a Walden, quizás con la leve esperanza de que dejara caer algo sobre la dichosa arma destruyehadas, pero no abordó ese tema, sus intenciones eran otras—. ¿De verdad crees que las guerras, que los conflictos y las disputas solo se limitan al ámbito físico? —Elliot frunció el ceño.

—No te sigo. —Walden dejó salir una risa.

—Me refiero a que hay muchas formas de luchar, de defenderse, de atacar. Pongámoslo así, ¿qué sucedería si en plena batalla te encontraras con alguien que te importa?

—La única persona que me importaba de Daha era Aziza y ahora ella está aquí.

—¿Qué me dices de Nissa? —Elliot tragó, pero no se dejó manipular.

—Estará a salvo, la reina me dio su palabra, no puede mentir.

—Por supuesto que no, pero dime, ¿acaso le pusiste un tiempo límite para cumplir su palabra? Fíjate en Aziza, la tienes aquí solo porque se infiltró en Adah, si no seguiría en Flores, perdida en su ignorancia.

—¿Qué tratas de decirme?

—Digo, y solo es un comentario imparcial, que la reina bien podría olvidar a Nissa y cuando la retes por su promesa, simplemente podría decirte algo como: «Oh, cariño, pero si no te mentí, iba a traértela, solo que se me fueron los días, como no establecimos una fecha». —Dicho eso, sonrió, como si acabara de decir la cosa más lista del mundo y lo peor era que quizás lo era. Por puro instinto y en contra de sus deseos, Elliot se volvió a mirar hacia el castillo—. Oh, pero aún estás a tiempo, no hace falta que vayas corriendo a encarar a la reina Eliza, yo solo estoy aquí dándole algo de luz a tu vida.

—¿Qué es lo que buscas? —Elliot intentó controlarse, por lo que se volvió hacia Walden, el susodicho lo miraba con ojos divertidos.

—La vida de un hada es larga, y la mía, por ser un antiguo, ha sido tan larga que casi podría decirte que estaba allí el día que le pusieron su nombre a las flores y las espinas. Esto no lo sabes, no tienes cómo saberlo, pero una vida así de larga tiene un gran inconveniente: aburrimiento. ¿Y cuál es la cura del aburrimiento?

—¿Un buen entretenimiento?

—Un buen espectáculo. Eso es lo que busco, Elliot, y los que mejores espectáculos ofrecen son los humanos, sobre todo cuando se mezclan con nosotros. ¿Hay alguien en particular que extrañes, Elliot? ¿Alguien que desees ver con desesperación? —Elliot cerró los puños, ¿era idea suya o el nombre de Fernanda flotaba entre los dos? ¿Cómo podía él siquiera sospecharlo? Como si siguiera la línea de pensamiento del muchacho, dejó salir una risita que era casi un canto y comentó—. No te asustes, no soy un adivino, solo he tenido una divertida charla con Eliza y ella me hizo partícipe de tus exigencias. Has pedido tres mujeres y una corona. Un hombre astuto, si me lo preguntas. Ahora bien, a Aziza ya la tienes aquí y sospecho que luego de nuestra charla irás a presionar a la reina para que te traiga a Nissa. Pero nos falta alguien, ¿no es así? Y según lo que Eliza cuenta, tal parece que no quieres tenerla aquí como un juguete en El Humano Ahogado. Quieres tenerla por propia voluntad, ¿me equivoco?




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