Técnicamente, Keveth no era el único que debía contestar a sus preguntas, Doriat era parte también de todo eso y, al igual que su compañero hada, era hermético con ciertas preguntas de Fernanda. Así que pensó que en lugar de ahogar a uno solo a preguntas, ahogaría a los dos, ya pensaría en la forma de hacerlo para lograr obtener respuestas, mientras tanto debía concentrarse en seguir permaneciendo dentro del torneo.
Los siguientes días luego de su pelea con la chica de cabellos ensortijados pasaron muy tranquilos. Se mantuvo en movimiento pensando que sería la forma idónea para encontrar otro concursante, pero no fue así. Estaba segura de que el campo no era muy grande, a juzgar por lo que alcanzó a vislumbrar cuando volaba con Keveth y a juzgar también por lo recorrido.
Volvió a pasar junto al río y reconoció varias zonas en las que estuvo en la ocasión pasada. Fue al quinto día cuando sucedió algo. Estaba adentrándose en una zona que no conocía cuando se encontró con otro participante, en esa ocasión un muchacho. Las palabras de su primera contrincante regresaron a su memoria: «Si la batalla es entre chico y chica, el ganador automáticamente gana más privilegio ante las hadas».
Era su oportunidad. Dos combates en la segunda ronda y el segundo contra un chico. Pero antes de salir a la luz decidió observarlo primero. No veía ningún arma a la vista y él parecía bastante relajado. Estaba apoyado contra el tronco de un árbol con los brazos cruzados y los ojos cerrados, como si estuviera descansando aunque no se le veía agitado.
Fernanda no quería dar el primer paso sin antes saber qué arma utilizaba. El chico era delgado y alto, de cabello castaño oscuro, por su porte bien podría ser un arquero, lo que los ponía en igualdad de condiciones, pero aun así Fer todavía no confiaba en su puntería y hasta donde sabía ese chico bien podría ser mejor que ella. Sacudió la cabeza, debía sacar de su mente cualquier pensamiento pesimista. Ella ya había ganado una pelea, podía ganar otra si confiaba en sí misma lo suficiente.
Decidió hacerlo, salir y captar su atención para que empezara otra batalla. Pero cuando levantó un pie para acercarse escuchó pasos. El chico del árbol debió oírlo también, porque abrió los ojos y se puso alerta. A su derecha apareció una imponente figura: Capteus.
Fernanda permaneció en su escondite observándolos. No parecía que fueran a luchar, lo que era extraño porque hasta donde sabía las relaciones interpersonales estaban prohibidas.
—Bien, ¿dime qué sabes? —El chico se despegó del tronco y observó a Capteus. Este hizo girar su hacha mientras contemplaba el suelo.
—Mi información no es cien por ciento segura, pero debemos quedar dieciocho.
—¿A quiénes han eliminado?
—No estoy muy seguro de todos, pero sé que eliminaron a esa chica que usaba una hoz, y sé también de dos chicos que se eliminaron mutuamente. Ninguno pudo seguir en pie después de la pelea.
—Vaya, de verdad que eres bueno sacando información en este mundo caja fuerte.
Los chicos se rieron, lo que a Fer le inquietaba. ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Eso era una especie de alianza? Pero más importante, ¿estaban siquiera permitidas? Keveth no había dicho nada sobre eso. Decidió que se iría con sigilo. Una cosa era atacar al chico de cabello castaño y luego tener tiempo para descansar, pero si lo retaba con Capteus presente, luego tendría que pelear con él y estaba segura de que no lo lograría. Sin embargo, justo cuando intentaba alejarse, un cuchillo voló en dirección a los chicos y se clavó en la madera del tronco.
El chico de cabello castaño se puso en alerta, se inclinó hacia el árbol haciendo que Fer pensara que tomaría el cuchillo, pero lo que hizo fue tomar una ballesta que tenía apoyada en la base.
—Los ataques a traición son penalizados por la reina —rugió el chico hacia el bosque. Pero Fernanda no siguió su mirada, porque Capteus llamó su atención. En vez de estar igual de consternado que el otro chico, sonreía. ¿Por qué?
—No te preocupes, conozco muy bien las reglas.
Apareció una chica delgada y menuda, de cabello muy liso negro. Era la asiática, quien se movía con una elegancia que parecía insuperable, en el cinto de su pantalón, a modo de cinturón, tenía varios cuchillos que colgaban de él, esperando ser empuñados. Así que fue ella, Fer pensó, quien la atacó en el lago fue la asiática, quien ciertamente se veía hermosa y letal ahí de pie, con un cuchillo en su mano derecha.
—Verás, las hadas parecen muy estrictas pero en realidad no lo son si sabes interpretarlas. Nos exigen ciertos puntos; como honestidad y pelea limpia, ciertamente eso les importa. Pero en cuanto alianzas y pequeñas... ¿Cómo decirlo? ¿Omisiones? Sí, omisiones, en cuanto a eso no dicen nada.
—¿De qué estás hablando? —El castaño la apuntaba con su ballesta, se veía tan confundido como lo mismo parecía de alerta, a la espera de disparar.
—¿No te has dado cuenta de cómo las hadas esquivan ciertas preguntas? Lo hacen porque por sus principios no les gusta mentir, así que omiten. Nosotros, si sabemos usar nuestras cartas, podemos hacer lo mismo. Observa bien a las hadas y aprenderás más de lo que crees. Por ejemplo, en mi primera ronda sondeé a un par de participantes. Mi intención no era eliminarlos, sino medirlos. Saber qué armas usaban y qué tan buenos eran con ellas —Fernanda apretó el puño alrededor del arco. Con que eso era lo que buscaba cuando la atacó y lo peor era que Fernanda le dio toda la información que necesitaba—. Así pues, mi actuación no rompió ninguna norma y sin embargo me dio mucha ventaja. Por otro lado tenemos la norma de no relacionarnos entre nosotros —Por un instante Fernanda no entendía por qué la dejaban seguir hablando y no atacaban, pero al ver a la asiática comprendió. Ella solo estaba ahí de pie, sujetando un cuchillo pero sin lucir amenazadora. Si alguno de ellos atacaba estaría faltando al principio de lucha limpia. Solo podían atacar cuando ella mostrara intención de hacer lo mismo—. Si analizas esa norma, solo hace referencia a una cuestión de afectos. No podemos sentir amor, cariño o interés sexual por ninguno de nosotros, sin embargo, podemos relacionarnos si nuestra única intención es el torneo.