La senda de las Flores [la senda #1]

11

Antes de regresar con Keveth decidieron pedir otra ronda de bebidas. Doriat hizo que lo hiciera Fernanda, alegando que quería ver cómo se comportaba con otras hadas. Fer supo que tenía que hacer el pedido con cuidado porque de lo contrario Doriat le restaría el punto que le había dado.

Pidió tres jugos de naranja morada, que era una fruta de las hadas y, en opinión de Doriat, muy deliciosa, además, también agregó: de ser la fruta favorita de Keveth. Fer pensó que hizo bien el pedido a pesar de que el dependiente no dejaba de mirarla como si ella tuviera cinco brazos y que a su paso más miradas de ese estilo le fueron dirigidas.

En todo el rato que llevaban allí, hadas habían salido y otras nuevas habían entrado, por lo que entendía que las miradas de curiosidad siguieran, pero aun así no dejaba de ser molesto. Fer depositó los tres vasos sobre la mesa, el de Keveth en un vaso para llevar, y bebieron.

—¿No necesitas más bebida energizante?

—No, más de un vaso puede ser contraproducente. Ahora lo que necesito es descansar, pero no creo que Keveth lo consienta —Siguieron bebiendo, de pronto Fer comentó.

—Lo que dije más temprano era cierto. O sea, en parte sí lo dije para molestar a Keveth, pero no lo hubiera dicho si no lo pensara. Creo que eres un excelente profesor. Me sorprende que no estés entre los favoritos de la reina.

—Eso puede ser porque esta es mi segunda vez en el torneo. Soy algo así como nuevo en todo esto.

—¿Crees que en algún momento la reina se fije en ti?

—Es bastante posible, sí lo creo. Aunque seré sincero contigo, no me interesa demasiado. La labor de guía estética es divertida e interesante, pero solo lo hago porque es parte de mi deber. No me interesa ganar privilegios ni reputaciones. De hecho lo único que me interesa es la belleza y enseñarla.

—Parte de tu deber. ¿Por qué las hadas hacen estos torneos?

—¿Qué tal está tu jugo de naranja morada? El mío está algo simple, espero que el de Keveth no lo esté porque odia que esté simple —Ahí estaba de nuevo, deliberadamente Doriat decidía ignorar sus preguntas. Fer deseaba insistir e insistir hasta que cediera, pero estaba el tema de los puntos. No quería seguir perdiéndolos.

—Si pierdo todos los puntos —dijo mientras Doriat abría el vaso para llevar de Keveth y olfateaba la bebida—. ¿Qué crees que haga Keveth?

—Pues es posible que hable con la reina para que te dejen salir de última. O es posible que cuando te deje dentro del campo lo haga muy cerca de algún rival bastante poderoso. Las opciones con Keveth son siempre infinitas.

—¿Y si termino el día con los veinte puntos intactos?

—Uh… puede que decida contestar con seguridad a alguna de tus múltiples dudas —Le sonrió y ella le devolvió una sonrisa más de cortesía que de otra cosa.

—Keveth es muy rudo. A veces creo que me odia.

—No lo hace. Las hadas difícilmente odiamos. Lo que sucede con Kev es que se siente obligado a ganar.

—Pero sus pupilas no siempre han ganado, ¿cierto? Recuerdo que me dijo que cuando no ganaban quedaban entre los primeros lugares.

—Sí bueno, eso ha sucedido, pero nunca tan seguido.

—¿Qué quieres decir? —Doriat lo meditó un instante, observó el local y sus ojos se detuvieron en un sujeto cuyas alas caían al costado de su silla. Eran de color naranja pero muy apagado.

—¿Ves a ese sujeto? —Doriat lo señaló y Fer asintió—. Bien, te contaré una historia que lo involucra a él y a Keveth. Hago esto porque creo que es buena idea que conozcas mejor a Keveth, aunque estoy seguro de que él diferiría, quizás así se te haga un poco más fácil no ceder tan rápido a tu ira cuando estás con él. Pero debo pedirte que esto quede entre nosotros, Kev es muy reservado y no le gusta que se hable de él, ¿de acuerdo? —Fer asintió, ansiosa porque Doriat comenzara a relatar la historia—. Bien —El hada acunó su vaso con ambas manos y se inclinó hacia adelante, bajó la voz y comenzó a contarle—. Ese sujeto de allá era uno de los mejores guías guerreros que existían. En toda su carrera solo perdió cuatro veces, lo que es sorprendente en una carrera tan larga como la que nosotros tenemos. En su último torneo antes de su retiro, todos estaban esperando que su pupila fuera la mejor y que por supuesto ganara —Doriat hizo una pausa, mirando al sujeto sobre su hombro, y Fer aprovechó para decir.

—Pero no ganó, ¿cierto?

—No, no lo hizo. La chica quedó de segunda. Hizo una actuación magistral. Era hermosa y letal, pero la venció la pupila de un nuevo guía guerrero.

—¿Keveth?

—Nuestro Keveth, sí. Fue su primera victoria. De inmediato se hizo con la bien merecida fama y por supuesto la atención de la reina. Además su compañero estético era también un hada que llevaba mucho tiempo en el torneo, así que eran un muy buen equipo, juntos ganaron muchas veces y perdieron muy pocas, y como él bien te dijo, las veces que perdieron, sus pupilas siempre quedaban entre las primeras cinco.

—¿Cuándo te uniste tú a él?

—En el torneo anterior al actual. Todavía recuerdo a nuestra pupila, no aprendía muy rápido pero eso era porque estaba en negación.

—¿Por qué en negación?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.