La senda de las Flores [la senda #1]

14

Siguieron hablando a lo largo de la noche sobre la estructura social de las hadas. Su jerarquía era bastante simple. En la cima de todo estaba la reina Beth, la seguían sus consejeros, formados a partes iguales por hadas jóvenes y antiguos. Luego venía su guardia personal y, después de ellos, los guías, tanto guerreros como estéticos, del torneo humano. Los antiguos estaban a un nivel diferente, era como si no entraran en la jerarquía, pero al mismo tiempo era como si estuvieran casi al mismo nivel que la reina, aunque ella y solo ella podía mandar y llevar la corona de cristal y flores lilas.

Fernanda intentó saber por qué los guías del torneo humano parecían estar tan alto en la jerarquía, pero Keveth ignoró la pregunta y ella decidió no insistir. Tenía quince puntos —Keveth la obsequió con uno cuando ella dijo con sinceridad estar maravillada por todo el sistema hada— y no quería perder ninguno. Sin embargo, pronto sería medianoche, el día llegaría a su fin y a ella aún le faltaban cinco puntos para llegar a veinte.

Estaban sentados en el sofá negro en silencio, cuando decidió hacer una pregunta sincera, porque ya no sabía qué más podía hacer.

—¿Qué debo hacer para ganar cinco puntos? —Keveth lo pensó un instante.

—Dime qué te ha parecido este día, todo lo que has visto, y compáralo con el mundo humano —Fer suspiró antes de contestar.

—Al principio no entendía qué pretendías y supongo que estaba sugestionada por ello, pero todo parece salido de un cuento de hadas, lo que es un halago —se apresuró a agregar—. Aunque admito que ese antiguo, Walden, me asustó un poco, y me molestó que me usaras para conseguir esa sangre, aunque fuera para mí, pero me gustó presenciar la guerra mágica y me gustó tener alas —Fer toqueteó el borde de su ala izquierda, una sonrisa involuntaria dibujándose en su boca, luego esta desapareció al tiempo que dejaba caer las manos en el regazo—. En mi mundo, lo más impresionante que he vivido fue una vez que me subí a una montaña rusa con mi exnovio, y ni siquiera lo disfruté. Me bajé mareada, vomité y Luis se burló de mí —Guardó silencio y Keveth preguntó unos segundos después.

—Si tuvieras que elegir entre los dos mundos, ¿cuál elegirías? —Él tenía la vista al frente, un codo apoyado en el reposabrazos del sofá, Fernanda sopesó la pregunta. Pensó en las personas que estaban en su mundo y en todas las maravillas de Daha, no estaba muy segura de la respuesta, pero tenía una certeza, Keveth debía oír lo que quería y, recordando todo su entrenamiento, eso fue lo que ella le dio.

—Daha, elegiría el mundo hada —Ni siquiera sabía si era verdad, pero lo dijo con convicción y Keveth debió creerle, porque dijo con un amago de sonrisa.

—Felicitaciones, Fernanda, tienes cinco puntos más, lo que te da un total de veinte justo a tiempo. Puedes hacer una pregunta que responderé. Ya sabes que no puedo mentir y, puesto que te has ganado el derecho de una respuesta, tampoco podré omitir o ignorar por esta vez, así que piensa bien tu pregunta.

Fernanda lo pensó, pero eran tantas preguntas que no sabía cuál escoger. ¿Cuál es el favor especial de la reina? ¿Es un deseo cualquiera? ¿Puedo pedir lo que yo desee? ¿Por qué existe un torneo humano en Daha? ¿Cómo se reproducen las hadas? ¿Me besarías si te lo pidiera?
Fer estaba segura de conocer la respuesta de la última pregunta, así que fue la primera en descartar; respecto a las otras, pues, aunque le causaran curiosidad, no eran fundamentales en aquel preciso momento, pero la más importante: ¿cuál es el favor especial de la reina? Tenía la sensación de que si hacía esa pregunta a Keveth no le gustaría. Bien era cierto que ya no podía quitarle puntos, pero eso no significaba que no pudiera encontrar la forma de castigarla y, más que eso, ella quería demostrarle que había aprendido. Que era una excelente pupila, que haría todo por ganar.

—¿Cómo hacen las hadas para escoger a los humanos que participarán en el torneo? —Keveth volvió el rostro y la miró. Parecía satisfecho, casi algo contento.

—Hace ya algún tiempo, la reina prohibió las incursiones al mundo humano, desde entonces, cada vez que se va a realizar un nuevo torneo son enviadas las pixies al mundo humano para que encuentren a los humanos indicados. Los observan por un tiempo y luego, con ayuda de sus espejos, muestran sus hallazgos a la reina y su consejo. Son ellos quienes finalmente seleccionan a los treinta. Una vez escogidos, por orden de logros e incluso favoritismo real, la reina permite a los guías guerreros escoger a sus pupilos —Dejó de hablar, pero continuó observando a Fernanda, como si estuviera esperando su reacción. Ella se mantuvo serena a pesar de que su cerebro estaba bullendo.

Si había entendido bien la respuesta de Keveth, una de aquellas pixies había estado siguiéndola en el mundo humano, luego la reina Beth la había observado sin que ella se diera cuenta y, más que eso, la reina la había aprobado como concursante, pero eso no era lo más impresionante de todo, lo más impresionante era que Keveth, siendo favorito de la reina y teniendo varios logros en su haber, tuvo la oportunidad de elegir una pupila entre los primeros y la había escogido a ella. «¿Por qué yo?», quería preguntar, pero Keveth solo le había dado una pregunta, estaba segura de que si intentaba hacerle otra, él la ignoraría en el mejor de los casos. Así que decidió tragarse todas sus dudas y sorpresas y decir de la forma más serena posible.

—Gracias —«Gracias por contestar la pregunta, gracias por elegirme, gracias por tenerme paciencia, gracias, gracias, gracias». Él ladeó una sonrisa, pequeña, suave, casi imperceptible.




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