La senda de las Flores [la senda #1]

16

Luego de la ceremonia de unión de las dos hadas, la tercera ronda del torneo iba a ser llevada a cabo, sin embargo, un imprevisto la retrasó por un día más. Todos los humanos fueron convocados al complejo de ceremonias, que ya no lucía como la noche anterior. Habían barrido los pétalos de flores y las vides ya no se abrazaban al techo, que aquella mañana dejaba entrar los rayos de sol sin ningún impedimento.

Algunas mesas seguían en el lugar, pero era lo único que quedaba de la pasada fiesta y, a diferencia de la noche anterior, el ambiente que se respiraba era todo menos festivo. Doriat estaba a su lado y los demás participantes contaban con sus guías a sus lados también. Sobre la tarima se hallaba la reina, luciendo su corona y el cabello recogido en una coleta que le colgaba por un hombro. A su lado estaba Keveth y hablaban en voz baja.

Nadie sabía qué sucedía o por qué habían sido llamados, aunque Fernanda tenía una sospecha. Keveth retrocedió y permaneció detrás de su reina, con la lanza descolgada. Casi parecía uno más de la guardia de la reina, salvo que no lo era. La puerta lateral al estrado se abrió y dos humanos entraron siendo escoltados cada uno por sus hadas guías. Iban desnudos y sus cabellos despeinados dejaban ver ramitas y hojas enredadas. Era casi como si los acabaran de atrapar rompiendo las reglas, solo que Fernanda sabía que los habían descubierto la noche anterior.

Miró a la reina y a Keveth un poco horrorizada. En aquel momento fue consciente de algo que siempre se decía sobre las hadas en la fantasía humana; las hadas eran crueles cuando lo deseaban y parecía que estaba a punto de presenciar algo de esa crueldad.

Los dos humanos tenían las manos atadas tras la espalda. Los dejaron en el suelo arrodillados y la reina se paró entre ellos.

—Como todos aquí sabemos, una de nuestras reglas es que cualquier tipo de interés entre ustedes está prohibido. No pueden gustarse física, emocional o sexualmente. ¿Por qué? Pues por el simple hecho de que no los sacamos de su insípido mundo humano con ese propósito, el propósito de ustedes en Daha es mucho más que eso —Nadie hablaba ni pronunciaba sonido alguno, sin embargo, Fernanda pudo ver la sorpresa disimulada en el rostro de los otros participantes humanos que observaban aquella escena. Fer regresó la vista a la reina, lo cierto era que parecía molesta—. Asimismo, ustedes tampoco pueden sentir nada de eso por sus guías o viceversa. ¿Acaso es una regla tan difícil de seguir?

Fernanda apretó las manos en un puño, decidida a no buscar con la vista a Elliot, al tiempo que desechaba el recuerdo del beso robado y se concentraba en la escena frente a ella.

—Anoche, mi querido Keveth se disponía a regresar a casa, cuando por el camino encontró a estos dos participantes internados en el bosque, dándose placer sexual mutuamente —La reina hizo una pausa, dejando asentar la noticia—. No estamos en contra del sexo, muy por el contrario, pero como ya se les ha dicho, ustedes no están aquí con ese propósito y ese tipo de distracciones los apartan de su objetivo real. No permitiremos que nos hagan perder el tiempo, no lo toleraremos.

»Como reina y soberana de la corte de las Flores, por el poder que la corona me da sobre el reino de las Flores de Daha, declaro que estos dos participantes quedan descalificados del torneo. Ambos serán regresados al mundo humano con sus recuerdos intactos de este lugar. Para que día tras día sean conscientes de las maravillas que han dejado escapar. Pero antes de ser regresados a su mundo, pasarán unos días al otro lado de Daha. Es todo.

Las hadas que los habían traído hasta la tarima fueron las mismas que recogieron a los condenados y los arrastraron fuera. Ambos participantes temblaban y la chica, de larga cabellera pelirroja, sollozaba, todo su glamour aprendido perdido en aquel momento. Fer la recordó con su espada y, aunque deseó sentirse mal, en realidad no pudo. Había eliminado a una concursante poderosa y todo por dar una simple dirección.

El chico no lo conocía, aunque recordaba haberlo visto un par de veces, pero nunca había llamado su atención. Fueron llevados lejos y desaparecieron tras la puerta lateral. Luego, la reina dio unas palmadas, llamando la atención. Habló un poco más sobre cómo debían seguir las reglas y no cuestionar a sus guías. Luego los despachó.

Fernanda salió en compañía de Doriat, que la acompañó hasta su habitación, en el camino ella le preguntó qué había al otro lado de Daha, pero él no contestó. Desvió el tema diciendo que lo lamentaba por un tal Greg, que entonces Fer supo que era el guía estético de la pelirroja y que ella recordaba de la cena con la reina. Se dejó caer en la cama y se preguntó si después de eso seguiría siendo favorito de la reina.

—¿Cómo está Tatty? —Doriat la miró, estaba sentado en el tocador de Fer mientras ella se había tumbado en su cama.

—Desnuda, probablemente, así la dejé en mi apartamento cuando salí.

—No termino de comprender a las hadas —comentó ella, jugando con el dobladillo de la blusa rosa que llevaba aquel día, Doriat enarcó ambas cejas.

—Pensé que esa etapa estaba superada.

—O sea, entiendo su sistema —Fernanda se apoyó en los codos y miró a Doriat—. Entiendo su jerarquía y sus costumbres. Admito que sus relaciones interpersonales parecen más fáciles que las humanas, pero... aun así siento que son un poco frías. Quiero decir: ¿no sienten emoción, tristeza, obsesión, alegría, amor desenfrenado o un deseo incontrolable? La vida parece un poco aburrida y simple sin esas cosas.




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