Fer permaneció en aquel lugar mientras iban por ella. Aunque no fue la primera a la que buscaron. Primero vinieron por Xin-Mi y se la llevaron en brazos. Luego aparecieron Aziza y Nissa. La primera arrojó una no muy grata mirada hacia Fernanda y entre las dos cargaron con el muchacho pelirrojo lejos del lugar. El siguiente en ser retirado fue Capteus por sus dos guías femeninas. Quienes tampoco miraron con mucho cariño a Fernanda. Unos cinco minutos después, por fin Keveth y Doriat se aparecieron descendiendo del cielo.
—Ganaste —eso fue lo primero que dijo Keveth, como si acabara de descubrir algo que nadie más sabía.
Doriat, sin embargo, ostentaba su sonrisa usual, solo que aquel día había algo diferente en ella, como un brillo de realidad que le aseguró a Fernanda que aquella sonrisa, más que ser la usual, era una de absoluta felicidad por su desempeño.
—No sabía que te gustaba resaltar lo obvio —Fernanda estaba de brazos cruzados, apoyada contra un árbol. Keveth alzó una ceja.
—Tendrán un día para descansar. Mañana habrá una ceremonia que será el final de todo el torneo. Elliot y Capteus quedaron en tercer y segundo lugar respectivamente, así que estarán presentes.
—¿Xin-Mi no? —Fue Doriat quien contestó.
—Quedó de cuarta, así que no. Por suerte todos los guías estarán presentes —Fer no pudo evitar sonreír al entender su entusiasmo. Había sido testigo en la última fiesta de la reina del ligero flirteo entre Doriat y el guía estético de Xin-Mi, Hypert.
—Vámonos, debes descansar —Keveth se dio la vuelta, pero Fernanda habló.
—Si no te importa, quisiera que Doriat me llevara —lo dijo como quien dice que quiere un poco de agua, pero sabía que sus ojos cafés dejaban traslucir solo para Keveth la realidad de lo que deseaba. «No deseo tener contacto contigo, porque no confío en ti. No sé por qué me escogiste pero tengo una teoría y no me gusta nada».
—Como quieran —Keveth remontó el vuelo. Doriat tomó a Fernanda por la cintura y lo imitó, pero Fernanda podía leer también en los ojos de Keveth y antes de que remontara el vuelo lo había visto: «Estás molesta, puedo comprenderlo, pero pronto todo tendrá sentido». Más le valía que así fuera.
Luego de una larga ducha, Fer durmió largo y tendido. Toda la mañana y toda la tarde. Se levantó al anochecer y comió algo, pero no vio a ninguno de los otros participantes por el complejo, quizás fuera posible que todos hubieran sido devueltos al mundo humano. Fer casi lamentó haber ganado, porque ella todavía debía permanecer un día más en aquel mundo, y ya estaba añorando su antigua vida. El dulce olor de la pastelería, el ronroneo de su gata, la plática fácil y divertida de Mili. E incluso las visitas inesperadas de su madre a la pastelería o los comentarios impertinentes de su padre. Luego de una cena rápida, volvió a la cama y durmió hasta el día siguiente. A media mañana, Doriat fue a verla. Escogieron un vestuario para aquella noche y hablaron del torneo.
Doriat lo había visto todo. La felicitó por su entereza ante la mesa de los dulces y halagó su lucha contra la rubia. Le dijo que sus comentarios mientras vencía a Capteus estuvieron muy bien y que cuando estuviera ante la reina debía mostrarse segura.
—Pero ya gané —Fernanda protestó, caminaban por los alrededores del complejo de habitaciones—. ¿Por qué debería comportarme como si todavía estuviera jugando?
—Porque de cierta forma así es. No se acaba hasta que la reina te otorgue su favor especial. Pero tranquila, lo has hecho bien hasta aquí, el final no tiene por qué ser menos espectacular —Él le pellizcó una mejilla y Fer sonrió. Anduvieron un rato en silencio, pero entonces ella sintió la necesidad de saciar ciertas curiosidades.
—Capteus dijo que no cayó en la trampa mágica y que le dejaron escoger su premio. ¿Por qué a mí no me dieron esa posibilidad? —Doriat lo pensó antes de contestar, finalmente se encogió de hombros, como si considerase que no había peligro en satisfacer esa duda de Fernanda.
—Las trampas mágicas fueron creadas específicamente para cada participante según cómo son. Walden recibió una descripción de la vida de cada uno de ustedes, según lo que la reina había visto antes de traerlos aquí y lo que los guías apreciamos al entrenarlos. Al igual que la trampa mágica, el premio también fue elegido conforme a esas características. Tanto las trampas como los premios fueron ideados por Walden y autorizados por la reina. Es posible que para Capteus haya considerado interesante darle dos opciones para escoger, mientras que para ti puede que darte un premio misterioso fuera más interesante —Fernanda resopló.
—No es ningún premio misterioso, es un anillo. Él mismo me lo dijo —Doriat asintió.
—Uh, no lo subestimes. Las joyas de los antiguos pueden ocultar muchas cosas.
—Hablando de cosas ocultas —Fer se detuvo, se agarró las manos y miró hacia sus pies desnudos hundidos en la hierba—. Desde el momento en que lancé la última flecha hacia Capteus, hay algo en lo que no he podido dejar de pensar —Doriat la miró con cariño.
—Oh, florecilla, no me digas que se trata sobre lo del heredero.
—Es justo eso, yo —Doriat no la dejó terminar, la miró con un brillo en los ojos, su sonrisa de siempre, y la interrumpió.
—Vas a elegir a Keveth, ¿no es cierto? —Fer lo miró sorprendida. Pero él solo sonrió—. No te preocupes, entiendo esa decisión mejor que cualquiera. Yo no tengo madera de príncipe y no es lo que estoy buscando.
—Pensé en lo que hablamos en Flores —ella dijo, a pesar de que Doriat parecía muy tranquilo, ella se sentía en la necesidad de explicarse—. Dijiste que no buscabas grandeza, que te gustaba la belleza y enseñarla. Temo que si te conviertes en príncipe todo lo que eres cambie. No me gustaría que eso sucediera, me gusta cómo eres —Doriat le acarició una mejilla.
—Eres muy dulce, florecilla. Y estás en lo cierto, la realeza no es lo mío. Aunque puedes ser honesta conmigo, prometo no decírselo a Keveth.