Beth estaba de pie en medio de la sala de los reyes. Las paredes estaban cubiertas con cuadros de antiguos reyes y reinas de la corte de las Flores. De todos esos cuadros, solo tuvo la oportunidad de conocer a uno de esos reyes: el valiente Florian. Fue el único retratado sin la corona puesta, en cambio la sostenía en la mano, con la mirada perdida en el cielo y una suave sonrisa de travesura.
Beth podía recordarlo a la perfección, eso a pesar de todo el tiempo que había pasado desde que fuera asesinado. La reina dejó escapar un suspiro, se quitó la corona y la dejó descansar en el escritorio. Segundos después, entraron a la habitación las personas que estaba esperando. Los antiguos Bothle, Mayam y Melth, además de su corte, por supuesto, y de un invitado especial: Keveth.
Con un ademán de su mano los instó a sentarse y pudo percibir cómo las miradas de curiosidad viajaban de vez en cuando hacia Keveth, era comprensible, su fracaso difícilmente sería rápidamente olvidado.
—Les agradezco su presencia en esta pequeña reunión. Como saben, la he convocado con el propósito de trazar un plan de acción en vista de los acontecimientos recientes. Según nuestros lineamientos, no puedo convocar otro torneo humano por los momentos —Beth observó a los presentes, casi deseaba que alguien sugiriera la idea de abolir esa norma, pero sabía que nadie lo haría. El plazo de décadas entre los torneos tenía la finalidad de no sobrepoblar Daha. Era cierto que las hadas podían morir, pero eso no sucedía muy seguido, así que se debía tener cuidado de cuántas nuevas hadas eran creadas. Beth suspiró—. Así que supongo que lo más lógico es que encuentre otra forma de conseguir un heredero —Bothle permanecía sentada junto a Melth, pero cada pocos segundos lanzaba ocasionales miradas hacia Keveth, y debía haber estado esperando aquella oportunidad, pues sugirió.
—Mi reina, en vista del inesperado desenlace del último torneo —Bothle contuvo una risita, se apartó el cabello tras una de sus orejas puntiagudas y concluyó—. ¿Por qué no considerar la sugerencia de esa humana? Keveth no es una mala opción.
Beth también pensaba igual, pero aun así no podía olvidar lo humillada que aquella humana la hizo sentir. ¿Rechazarla a ella, a las hadas, a Daha? ¿Acaso estaba loca? Pero lo que más molestia le causaba era lo que Keveth había esperado de tan insípida humana. Así que miró al mencionado, que permanecía sereno en una esquina con la vista en un punto ciego, como si no se estuviera hablando de él. Beth meneó la cabeza en negación.
—Entiendo tu punto, Bothle, pero nuestro Keveth se equivocó en esta ocasión y no puedo evitar preguntarme, ¿cometerá los mismos errores como príncipe? No, además no quiero asentar un mal precedente en el torneo, tomando la palabra de una chica que nos ha rechazado. Debo tener un heredero, pero no puede ser Keveth —Dali, un hada miembro de su corte, intervino.
—Mi reina, debo insistir. ¿Es tan imperioso conseguir ese heredero? Su reinado prácticamente acaba de empezar, no veo una razón para que acabe pronto.
Beth le sonrió. Entendía que Dali calificara su reinado como que acababa de empezar, aunque Beth tenía ya muchos años portando la corona de las Flores, por supuesto en términos de hada el tiempo de Beth como reina era casi solo unos pocos meses humanos. Además sabía que Dali hablaba desde el cariño y la inocencia, así que una vez más ella intentó explicarle sus razones lo mejor que se lo permitía a sí misma.
—Mi querida Dali, una vez más debo decir que la respuesta es afirmativa, es imperioso que encuentre un sucesor. La visión que la corona me mostrara al momento de la coronación era una serie de sucesos muy específicos y el primero de ellos ya se ha hecho realidad. Como mis queridos antiguos me han ayudado a ver. Por eso quiero asegurar la perpetuidad de la corona.
—¿Existe alguna posibilidad de que la visión no se cumpla? —preguntó Galvin y Beth tuvo que suprimir las ganas de exhalar un suspiro de cansancio. Habían tenido esa conversación ya varias veces antes y las respuestas eran siempre las mismas, sin embargo, el tema central del asunto se hallaba aún sin solución.
—La corona no siempre muestra esas visiones, pero cuando lo hace no se deben tomar a la ligera —intervino el antiguo Mayam, que hasta donde Beth creía recordar, entre los mismos antiguos, era el más viejo en el mundo hada.
—Señores —Beth dijo—. Lo importante es encontrar una solución a lo que nos atañe, no seguir divagando en las mismas hipótesis. ¿Alguien tiene una sugerencia respecto al heredero? —Nadie dijo nada, Beth desvió la mirada hacia el cuadro de Florian—. Hallaré las respuestas —dijo en voz alta, aunque hablaba más para sí misma que para los demás—. Florian decía que un buen soberano no se deja intimidar por nada. Una visión no me hará flaquear, aunque las señales de su inminente cumplimiento sean tan claras. Encontraré a un heredero para esta corte y esta corona. Lo haré porque soy la reina —Beth se irguió y miró a todos los presentes—. Gracias por haber venido y por sus consejos, les informaré si necesito de su presencia nuevamente.
Con un ligero ademán de su mano los despachó, pero detuvo a Keveth con una mirada. Antes de irse, Bothle se detuvo junto a él, se inclinó y susurró algo al oído del chico, luego se fue, dejando la estela de una risa tras ella. Cuando la risa de Bothle se apagó y Beth y Keveth quedaron solos, la reina se recargó contra el escritorio, se cruzó de brazos y con una sonrisa comentó.
—Es admirable el encanto que derrochas, mi Keveth. Bothle es una de las antiguas más importantes de Daha y tal parece que no ha podido olvidarse de ti. Aun y con tu reciente fracaso —Keveth no parecía darle mayor importancia al asunto, se encogió de hombros y comentó.