Elara no sabía qué mirar primero.
Desde que había cruzado el portal, todo parecía imposible.
Las calles de Elaria estaban llenas de criaturas que, hasta hacía unas horas, ella habría considerado personajes de algún cuento.
Una chica con pequeñas alas transparentes discutía con un vendedor de pociones.
Dos jóvenes con ojos brillantes caminaban por la calle hablando en voz baja.
Un hombre de aspecto elegante pasó junto a ellas y desapareció entre una nube de humo negro.
Elara se quedó mirando.
—¿Acaba de...?
—Sí —respondió Morgana.
—¿Se convirtió en humo?
—Sí.
—¿Y eso es normal?
Morgana continuó caminando.
—En Elaria, sí.
Elara suspiró.
—Creo que voy a necesitar acostumbrarme.
—Te llevará tiempo.
—¿Cuánto?
Morgana la miró de reojo.
—Toda una vida, quizá.
Elara no supo si aquello era una broma.
Probablemente no.
Siguieron avanzando por una avenida iluminada por faroles flotantes. Algunos cambiaban de color cuando alguien pasaba debajo de ellos.
Elara levantó la mirada.
Al fondo podía ver la Academia de Lunaris.
Era todavía más impresionante de cerca.
Torres enormes se elevaban hacia el cielo.
Las paredes parecían construidas con una piedra oscura que reflejaba la luz de la luna.
Sobre la entrada había un enorme escudo formado por seis símbolos.
Elara se detuvo.
—¿Esos son los símbolos de las seis casas?
—Sí.
—¿Y Eclipse?
Morgana no respondió.
Elara volvió a mirar el escudo.
Había un espacio vacío.
Justo en el centro.
Como si alguien hubiera arrancado un símbolo de allí.
—¿Ese espacio...?
—No preguntes todavía.
Elara frunció el ceño.
—Todos me dicen que no pregunte.
Morgana continuó caminando.
—Porque todavía no estás preparada para todas las respuestas.
—¿Y cuándo lo estaré?
—Cuando dejes de buscar respuestas y empieces a hacer las preguntas correctas.
Elara hizo una mueca.
—Eso sonó muy misterioso.
Morgana sonrió ligeramente.
—Lo era.
Al cruzar las puertas de Lunaris, Elara sintió inmediatamente una energía diferente.
El aire parecía vibrar.
Había estudiantes por todas partes.
Algunos llevaban uniformes negros con detalles plateados.
Otros tenían símbolos bordados en sus capas.
Elara pudo distinguir pequeñas alas, ojos brillantes y hasta una chica que parecía tener escamas en los brazos.
—Todos estudian aquí —preguntó.
—Sí.
—¿Y nadie se sorprende de ver una humana?
Morgana se detuvo.
—Algunos sí.
Elara miró alrededor.
Varias personas ya estaban observándola.
Algunos estudiantes susurraban.
Otros señalaban discretamente.
—Creo que ya me están mirando.
—Déjalos.
—Fácil para ti decirlo.
Morgana la miró seriamente.
—Elara, escucha con atención. Tu llegada provocará preguntas. Algunas personas sentirán curiosidad. Otras sentirán miedo.
—¿Miedo de mí?
—No saben qué eres.
Elara bajó la mirada hacia sus manos.
—Yo tampoco.
Morgana guardó silencio.
Entonces una voz femenina se escuchó detrás de ellas.
—Así que ella es la humana.
Elara se giró.
Una joven de cabello oscuro estaba parada a unos metros.
Su piel era extremadamente pálida.
Sus ojos tenían un tono rojizo.
Llevaba el uniforme de una de las casas y caminaba con una seguridad que hacía que los demás estudiantes se apartaran para dejarla pasar.
Morgana la observó.
—Ravenna.
La joven sonrió.
—Directora.
Ravenna miró a Elara de arriba abajo.
—Pensé que sería diferente.
Elara levantó una ceja.
—¿Diferente cómo?
Ravenna sonrió.
—No sé. Más... especial.
Elara cruzó los brazos.
—Bueno, siento decepcionarte.
Algunos estudiantes rieron.
La sonrisa de Ravenna desapareció por un instante.
—Tienes carácter.
—Eso me dicen.
Ravenna se acercó.
Elara sintió un escalofrío cuando sus ojos se encontraron.
—Bienvenida a Lunaris.
No sonó como una bienvenida.
Sonó como una advertencia.
Ravenna pasó junto a ella.
Morgana observó cómo se alejaba.
—No te preocupes por Ravenna.
—¿Quién es?
—Una de las estudiantes más influyentes de la academia.
—Lo imaginé.
—Y pertenece a una familia muy antigua.
Elara miró hacia donde había desaparecido.
—¿Vampiros?
Morgana asintió.
—Exactamente.
Elara tragó saliva.
—Genial.
Después de recorrer parte de la academia, Morgana llevó a Elara hasta un enorme salón.
En el centro había un pedestal de piedra.
Sobre él flotaba una esfera cristalina.
Alrededor había seis puertas.
Cada una tenía un símbolo.
—¿Qué es esto?
—El Salón de las Casas.
Morgana señaló la esfera.
—Este cristal reconoce la magia de cada estudiante y determina a qué casa pertenece.
Elara observó los símbolos.
—¿Y si no reconoce mi magia?
Morgana no respondió.
Eso fue suficiente para preocuparla.
—Directora...
—Lo descubrirás pronto.
La puerta del salón se abrió.
Decenas de estudiantes entraron.
Ravenna también.
Y detrás de ella apareció un joven de cabello oscuro.
Elara sintió que el corazón se le detenía.
Era él.
El chico de su sueño.
Cassian.
Sus miradas se encontraron.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Cassian parecía tan sorprendido como ella.
Ronan apareció detrás de él.
—¿Qué ocurre?
Cassian no respondió.
Ronan siguió su mirada hasta Elara.
—Ah.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Así que ella es.
Cassian lo miró.
—Cállate.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Tu cara lo dijo.
Editado: 13.09.2026