El símbolo sobre la mano de Elara ardía.
No era un dolor normal.
No quemaba su piel.
Era como si algo dentro de ella estuviera intentando despertar.
Elara apretó los dientes y retrocedió.
—¿Qué está pasando?
Nadie respondió.
Todos los estudiantes permanecían inmóviles.
El enorme salón, que unos minutos antes había estado lleno de murmullos, ahora estaba completamente en silencio.
Frente a Elara se encontraba la puerta.
La séptima puerta.
Negra.
Antigua.
Y marcada con el símbolo de un eclipse.
Elara levantó lentamente la mirada.
—¿Esa puerta siempre estuvo aquí?
—No —respondió Morgana.
Su voz apenas fue un susurro.
Ravenna observaba la puerta con una expresión que Elara no había visto antes.
Miedo.
—Esto no puede estar pasando —murmuró alguien entre los estudiantes.
—Eclipse desapareció.
—La séptima casa fue destruida.
—¡No existe!
Elara giró hacia ellos.
—¿Alguien podría explicarme por qué todos están hablando de mí como si yo fuera una catástrofe?
Ronan soltó una pequeña risa nerviosa.
—Créeme, nosotros también queremos una explicación.
Cassian no dijo nada.
Sus ojos estaban clavados en la puerta.
Elara lo observó.
—Tú sabes algo.
Cassian levantó la mirada.
—No ahora.
—¿Por qué todos dicen eso?
—Porque ahora mismo tenemos un problema más importante.
La puerta comenzó a abrirse.
Un sonido profundo atravesó el salón.
Creeeeek.
Los estudiantes retrocedieron.
Morgana levantó una mano.
Una barrera mágica apareció frente a ellos.
—Nadie se acerque.
Elara miró a la directora.
—¿Y yo?
Morgana tardó unos segundos en responder.
—Tú sí.
Elara abrió los ojos.
—¿Qué?
—La puerta apareció por ti.
—Eso no significa que quiera entrar.
Morgana se acercó lentamente.
—Lo sé.
—Entonces no entraré.
En ese instante, el símbolo sobre su mano volvió a arder.
Elara soltó un pequeño grito.
Una luz violeta salió de su piel.
La puerta respondió.
Se abrió un poco más.
Morgana comprendió algo.
—No es una invitación.
Elara la miró.
—¿Qué?
—Es un llamado.
Elara sintió un escalofrío.
—Eso no suena mejor.
Cassian finalmente se acercó.
—No debería entrar sola.
Morgana se giró inmediatamente.
—No.
—Cassian...
—Si algo está esperando detrás de esa puerta, ella no sabe defenderse.
Elara cruzó los brazos.
—Gracias por la confianza.
—No fue un insulto.
—Sonó como uno.
Cassian suspiró.
—No conoces este mundo.
—Y tú no conoces el mío.
Ronan observaba la discusión con una sonrisa divertida.
—Creo que se llevan muy bien.
Cassian y Elara lo miraron al mismo tiempo.
—Cállate —dijeron.
Ronan levantó las manos.
—Ya, ya.
Morgana se acercó a la puerta.
Su rostro había cambiado.
Parecía estar recordando algo.
—Yo entraré con ella.
Cassian negó.
—Directora, si realmente es Eclipse...
—Lo sé perfectamente lo que es Eclipse.
Su voz fue más fuerte de lo habitual.
Todos guardaron silencio.
Morgana respiró profundamente.
Después miró a Elara.
—Hace muchos años crucé esta puerta.
Elara frunció el ceño.
—¿Qué?
Morgana apoyó una mano sobre la madera oscura.
—Cuando todavía era estudiante.
Elara sintió que algo encajaba.
—Usted perteneció a Eclipse.
Morgana cerró los ojos.
Durante varios segundos nadie dijo nada.
Finalmente, respondió:
—Sí.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
—¿La directora?
—Eso es imposible.
—¿Eclipse tenía sobrevivientes?
Morgana abrió los ojos.
—No.
El silencio volvió a llenar el salón.
—Eclipse no desapareció por completo —continuó—. Algunos sobrevivimos.
Elara la observaba atentamente.
—Entonces, ¿por qué ocultó todo?
La directora miró el símbolo sobre la puerta.
—Porque alguien se aseguró de que el mundo creyera que todos habíamos muerto.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Elara.
—¿Quién?
Morgana no respondió.
Cassian sí.
—La familia real.
Todos se giraron hacia él.
Morgana lo miró con dureza.
—No sabes de qué estás hablando.
Cassian sostuvo su mirada.
—Sé más de lo que cree.
Elara volvió a mirar a Cassian.
—¿Qué tiene que ver la familia real?
—Nada que debas saber todavía.
—Otra vez con el "todavía".
—Porque no estás preparada.
Elara apretó los labios.
—Estoy empezando a cansarme de que todos decidan eso por mí.
Antes de que alguien pudiera responder, una ráfaga de viento salió de la puerta.
Las velas del salón se apagaron.
Durante unos segundos, todo quedó oscuro.
Y entonces...
una voz habló desde el interior.
—Elara.
Ella dejó de respirar.
La voz volvió a llamarla.
—Elara de Eclipse.
El símbolo de su mano brilló.
La puerta se abrió completamente.
Detrás de ella había un largo pasillo.
Elara podía ver luces violetas encendiéndose una tras otra.
Como si alguien estuviera iluminando el camino para ella.
—No —dijo Morgana—. Esto no estaba aquí antes.
Cassian dio un paso hacia adelante.
—¿Qué significa?
Morgana parecía realmente preocupada.
—Significa que la casa está cambiando.
Elara miró el pasillo.
Sentía algo extraño.
No miedo.
No exactamente.
Era más parecido a...
reconocimiento.
Como si aquel lugar la conociera.
Como si hubiera estado esperando durante mucho tiempo.
—Tengo que entrar.
Morgana la miró.
Editado: 13.09.2026