La Séptima Casa de Lunaris

Capítulo 6: La sombra en el pasillo

El sonido volvió a escucharse.

Tac.

Elara dejó de respirar.

Tac.

Algo caminaba hacia ellos desde el fondo del pasillo.

La oscuridad era tan profunda que apenas podían distinguir las paredes.

Cassian se colocó inmediatamente delante de Elara.

—Quédate detrás de mí.

Ella lo miró.

—¿Siempre tienes que hacer eso?

—¿Hacer qué?

—Actuar como si necesitara que me protejas.

Cassian giró apenas la cabeza.

—Ahora mismo hay algo caminando hacia nosotros en un pasillo oscuro. Creo que podemos discutir tu independencia después.

Ronan, que había logrado entrar antes de que la puerta se cerrara y acababa de reunirse con ellos, murmuró:

—Por una vez estoy de acuerdo con él.

Elara suspiró.

—Genial. Dos contra una.

Morgana levantó una mano.

Una pequeña esfera de luz apareció sobre sus dedos.

La luz iluminó el pasillo.

Y entonces todos pudieron verlo.

Al final del corredor había una figura.

Una mujer.

Vestía un largo vestido oscuro.

Su cabello caía sobre sus hombros.

Permanecía completamente inmóvil.

Elara sintió que su corazón se detenía.

Era la misma joven del retrato.

—Es ella...

Morgana dio un paso hacia atrás.

—No puede ser.

La mujer levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos brillaban de color violeta.

Elara sintió que el símbolo de su mano comenzaba a arder.

—¿Quién eres? —preguntó.

La figura no respondió.

En cambio, comenzó a caminar.

Tac.

Tac.

Cada paso hacía que las paredes del pasillo vibraran.

Cassian levantó una mano.

Una sombra oscura comenzó a rodear sus dedos.

Elara lo miró.

—¿Qué estás haciendo?

—Preparándome.

—¿Para qué?

—Para lo que sea que venga.

La figura continuó acercándose.

Pero entonces Morgana levantó la voz.

—¡Detente!

La mujer se detuvo.

La directora la observó.

—Si eres quien creo que eres...

La figura sonrió.

—¿Todavía recuerdas mi voz, Morgana?

Elara vio cómo la directora palidecía.

—No...

La mujer inclinó ligeramente la cabeza.

—Han pasado muchos años.

—Eso es imposible.

—Para ustedes, quizá.

Elara miró a Morgana.

—¿La conoce?

La directora tardó varios segundos en responder.

—Sí.

La figura volvió a sonreír.

—Dile quién soy.

Morgana cerró los ojos.

—Su nombre era...

La voz se quebró.

—Aurelia.

Elara miró nuevamente a la mujer.

—¿Quién era Aurelia?

Cassian bajó lentamente la mano.

Parecía tan sorprendido como los demás.

Morgana respondió sin apartar los ojos de ella.

—La última heredera de Eclipse.

Elara sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—¿La heredera que desapareció?

Aurelia comenzó a caminar otra vez.

Esta vez nadie intentó detenerla.

Cuando llegó frente a Elara, la observó durante unos segundos.

Elara no sabía por qué, pero no podía moverse.

Había algo en aquella mujer.

Algo familiar.

—Finalmente —susurró Aurelia—. Después de tanto tiempo.

Elara tragó saliva.

—¿Me estabas esperando?

—No exactamente.

Aurelia levantó una mano.

El símbolo del eclipse apareció sobre su palma.

Idéntico al de Elara.

—Estaba esperando a alguien que pudiera abrir la puerta.

Morgana dio un paso hacia adelante.

—¿Dónde has estado?

Aurelia la miró.

—Donde me dejaron.

El silencio cayó sobre el pasillo.

Elara frunció el ceño.

—¿Quién te dejó?

Aurelia sonrió, pero no había alegría en su rostro.

—La misma persona que destruyó Eclipse.

Cassian intercambió una mirada con Morgana.

Elara lo notó.

—Ustedes saben quién fue.

—No —dijo Morgana rápidamente.

—Entonces, ¿por qué están actuando como si sí?

Cassian se alejó unos pasos.

—Porque hay historias que nunca fueron contadas completas.

Elara cruzó los brazos.

—Estoy empezando a odiar esa clase de respuestas.

Ronan soltó una pequeña risa.

—Eso es porque aquí todos hablan como si estuvieran en una profecía.

Morgana lo miró.

Ronan dejó de reír.

—Está bien. Me callo.

Aurelia observó a Elara.

—No tienes idea de quién eres.

—Eso ya lo sé.

—Crees que llegaste aquí porque tu magia despertó.

—¿No fue así?

Aurelia negó lentamente.

—Tu magia no despertó, Elara.

Elara sintió un escalofrío.

—Entonces ¿qué ocurrió?

La mujer se acercó un poco más.

—Alguien la despertó.

El pasillo quedó completamente silencioso.

—¿Quién? —preguntó Elara.

Aurelia levantó la mirada hacia el techo.

—Alguien que lleva siglos buscando la manera de regresar.

Las luces violetas comenzaron a parpadear.

Morgana comprendió inmediatamente.

—No.

Cassian volvió a levantar la mano.

—¿Qué pasa?

Morgana miró a Aurelia.

—No puedes estar aquí.

La mujer sonrió tristemente.

—Nunca estuve realmente aquí.

Elara frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Aurelia comenzó a desvanecerse.

Su cuerpo se volvió transparente.

—¡Espera! —gritó Elara.

La joven extendió una mano hacia ella.

—Escucha con atención.

Elara se acercó.

—¿Qué?

Aurelia la miró directamente a los ojos.

Y por primera vez, Elara vio miedo en su rostro.

—No confíes en la corona.

Morgana se quedó inmóvil.

Cassian apretó la mandíbula.

Elara sintió que todo volvía a complicarse.

—¿La corona?

Pero Aurelia ya estaba desapareciendo.

—Busca la habitación que nunca existió.

—¡¿Qué habitación?!

La figura comenzó a desvanecerse por completo.

—Y cuando encuentres la llave...



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 13.09.2026

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