El símbolo del cuello de Cassian comenzó a brillar.
Elara lo observó sin poder apartar la mirada.
—¿Qué es eso?
Cassian se llevó una mano al cuello.
—No lo sé.
Ronan soltó una risa nerviosa.
—Eso sí que no me lo creo.
Cassian lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Que llevas años estudiando magia prohibida y ahora me dices que no sabes qué es un símbolo que acaba de aparecerte.
—No es lo mismo.
—Entonces explícanos.
Cassian no respondió.
Elara volvió a mirar la puerta.
La frase seguía allí.
LA VERDAD NO SIEMPRE QUIERE SER ENCONTRADA.
—Creo que deberíamos irnos —dijo Morgana.
Elara se giró.
—¿Qué?
—Esta habitación no debería existir.
—Pero existe.
—Precisamente por eso debemos alejarnos.
Elara negó con la cabeza.
—No.
Morgana frunció el ceño.
—Elara.
—Toda mi vida me han ocultado cosas. Mis padres no sabían que existía este mundo. Yo no sabía que tenía magia. Nadie me explicó qué era Eclipse. Y ahora aparece una habitación secreta que parece conocerme.
Se acercó a la puerta.
—No pienso marcharme.
Cassian se puso a su lado.
—Entonces no entrarás sola.
Elara lo miró.
—¿Otra vez?
—Otra vez.
—Pensé que debía alejarme de ti.
—Yo también.
Ronan los miró.
—¿Podrían decidirse de una vez?
Elara y Cassian lo ignoraron.
Morgana suspiró.
—Si van a abrirla, al menos háganlo con cuidado.
Elara levantó una ceja.
—¿Eso significa que podemos?
—Significa que no voy a poder detenerte.
—Me parece justo.
Morgana se acercó a la puerta.
—Hay algo que deben saber.
Todos guardaron silencio.
—La antigua Eclipse tenía siete habitaciones principales. Seis fueron destruidas cuando la casa cayó.
Elara miró la puerta.
—¿Y la séptima?
—Nunca apareció en ningún plano.
Ronan frunció el ceño.
—¿Cómo saben que existía?
Morgana bajó la voz.
—Porque alguien dejó una advertencia sobre ella.
—¿Cuál?
La directora miró la cerradura.
—No abras la habitación donde la casa guarda sus recuerdos.
Elara sintió un escalofrío.
—Entonces aquí dentro hay recuerdos.
—Probablemente.
—Quiero verlos.
Cassian negó.
—Eso puede ser peligroso.
—Todo lo que me ha pasado desde ayer es peligroso.
Cassian la miró durante unos segundos.
—Ese es precisamente el problema.
Elara puso la mano sobre la cerradura.
El símbolo de Eclipse brilló.
Nada ocurrió.
—No se abre.
Cassian observó la puerta.
—Quizás necesita una llave.
—Aurelia dijo que encontraríamos una.
Ronan señaló el suelo.
—¿Y si está aquí?
Todos miraron hacia abajo.
Entre las piedras había algo brillante.
Una pequeña llave plateada.
Elara se agachó.
—No estaba ahí antes.
Morgana dio un paso hacia atrás.
—No la toques.
Elara se detuvo.
—¿Por qué?
—Porque no sabemos quién la puso ahí.
—Pero Aurelia dijo que encontraría la llave.
Morgana negó lentamente.
—Aurelia también te dijo que no abrieras la puerta.
Elara miró la llave.
Después la puerta.
Después a Morgana.
—Entonces tendré que decidir a quién creer.
Tomó la llave.
En cuanto sus dedos la tocaron, una corriente de energía recorrió el pasillo.
Las paredes comenzaron a llenarse de imágenes.
Elara vio a personas caminando.
Estudiantes.
Profesores.
Una versión antigua de Lunaris.
Y después...
una niña.
La niña estaba sola frente a la puerta.
Era pequeña.
Quizás tenía ocho años.
Llevaba un vestido oscuro.
Y en su mano brillaba el símbolo de Eclipse.
Elara se acercó.
—¿Quién es ella?
Morgana no respondió.
La imagen cambió.
Ahora la niña era mayor.
Dieciséis años.
Elara reconoció su rostro.
Era Aurelia.
La futura heredera de Eclipse.
La joven hablaba con alguien.
Pero la persona frente a ella estaba cubierta por una sombra.
—No puedo hacerlo —decía Aurelia.
—Tienes que hacerlo.
—Si abro la puerta, ellos morirán.
—Y si no la abres, morirán todos.
Elara sintió que el corazón le latía más rápido.
—¿Qué puerta?
La imagen desapareció.
El pasillo volvió a la normalidad.
Cassian miró a Morgana.
—¿Qué fue eso?
Morgana parecía perturbada.
—Un recuerdo.
—¿De quién?
—De Aurelia.
Elara apretó la llave.
—Entonces esta habitación guarda recuerdos reales.
Morgana asintió.
—Sí.
La cerradura comenzó a iluminarse.
Elara acercó la llave.
Cassian la detuvo.
—Espera.
—¿Qué?
—Escucha.
Todos guardaron silencio.
Desde el otro lado de la puerta se escuchaba algo.
Una respiración.
Lenta.
Profunda.
Respirar.
Ronan dio un paso atrás.
—Eso no me gusta.
Cassian miró a Elara.
—Hay alguien ahí dentro.
Elara tragó saliva.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Morgana levantó una barrera mágica.
—No abras.
Elara miró la llave.
Después la puerta.
—Tengo que saber quién es.
—Elara...
—Si esa persona sabe algo sobre Eclipse, necesito descubrirlo.
Cassian respiró profundamente.
—Entonces hazlo.
Morgana lo miró.
—¿Cassian?
—Si ella no lo hace ahora, lo hará después. Al menos estaremos aquí.
Elara introdujo la llave.
Clic.
La cerradura se abrió.
La puerta comenzó a moverse lentamente.
Una corriente de aire frío salió de la habitación.
Las luces violetas del pasillo se apagaron.
Elara miró hacia el interior.
No había nadie.
Editado: 13.09.2026