La Séptima Casa de Lunaris

CAPÍTULO 9 El intruso de Elaria

Las campanas de Lunaris seguían sonando.

Una.

Dos.

Tres.

Cada sonido hacía que el aire pareciera más pesado.

Elara permanecía junto a Cassian, todavía intentando comprender lo que acababa de suceder.

Alguien había entrado en Elaria.

Alguien que conocía su existencia.

Alguien que sabía que ella era la heredera de Eclipse.

—Tenemos que salir de aquí —repitió Cassian.

Elara lo miró.

—¿A dónde?

—A un lugar seguro.

—¿Y dónde está ese lugar?

Cassian no respondió inmediatamente.

Eso fue suficiente para preocuparla.

—Cassian...

—Hay un pasadizo debajo de la academia.

Ronan se acercó.

—¿El pasadizo de los guardianes?

Cassian asintió.

—Ese mismo.

Vespera frunció el ceño.

—Ese pasadizo está sellado desde hace décadas.

—No para mí.

Ronan lo miró con desconfianza.

—¿Cómo sabes eso?

Cassian guardó silencio.

Elara comenzó a sospechar.

—Tú ya habías estado aquí.

Cassian la miró.

—Sí.

—¿Cuándo?

—Antes de que llegaras.

—¿Por qué?

Cassian apartó la mirada.

—Porque estaba buscando respuestas.

Elara sintió que la frustración regresaba.

—¿Sobre Eclipse?

—Sobre mi padre.

Aquellas palabras hicieron que todos guardaran silencio.

Cassian miró nuevamente el antiguo retrato.

—Desde pequeño me dijeron que mi padre había muerto.

—Pero Morgana dijo que podía seguir vivo —respondió Elara.

—Y eso es precisamente lo que quiero descubrir.

Otra campanada resonó.

Esta vez fue diferente.

La magia de las paredes tembló.

Una corriente de aire atravesó la habitación.

Las velas se apagaron.

—Ya está dentro de la academia —susurró Vespera.

Ronan miró hacia la puerta.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque las protecciones mágicas están cayendo.

Un fuerte golpe se escuchó en algún lugar del pasillo.

Después otro.

Y otro.

Alguien estaba avanzando por la academia.

Elara sintió que su corazón comenzaba a acelerarse.

—¿Quién puede hacer eso?

Vespera negó con la cabeza.

—No lo sé.

Cassian sacó su varita.

—No importa quién sea.

Miró a Elara.

—No voy a dejar que te encuentre.

Por alguna razón, aquellas palabras hicieron que Elara sintiera algo extraño.

Seguridad.

Pero también miedo.

Porque cada vez que Cassian estaba cerca, parecía que había una parte de su historia que ella todavía no podía comprender.

—Vamos —dijo él.

Abrieron una pequeña puerta oculta detrás de una estantería.

Un túnel oscuro apareció frente a ellos.

Ronan fue el primero en entrar.

—Esto es una pésima idea.

Vespera lo siguió.

—Entonces estamos de acuerdo.

Elara respiró profundamente y entró.

Cassian fue detrás de ella.

La puerta se cerró.

El ruido de la academia quedó atrás.

El túnel era estrecho y estaba iluminado por pequeñas piedras azules incrustadas en las paredes.

Elara caminaba en silencio.

Después de unos minutos, no pudo contenerse.

—Cassian.

—¿Sí?

—¿Qué era exactamente tu padre para Eclipse?

Cassian siguió caminando.

—Un guardián.

—Eso ya lo sé.

—Entonces sabes suficiente.

Elara se detuvo.

—No.

Cassian también se detuvo.

—No sé nada.

Él la miró.

—Mi padre protegía a la familia de Eclipse.

—¿A Aurelia?

—Sí.

—Entonces conocía a mi familia.

—Mucho más de lo que imaginas.

Elara sintió un nudo en el estómago.

—¿Y por qué nunca me dijiste eso?

Cassian bajó la mirada.

—Porque no sabía si podía confiar en ti.

Ella abrió los ojos.

—¿En mí?

—No sabíamos quién eras.

—¡Yo tampoco sabía quién era!

Cassian se quedó callado.

La expresión de Elara se suavizó un poco.

—Yo no elegí ser la heredera de Eclipse.

—Lo sé.

—No elegí tener esta magia.

—Lo sé.

—Y tampoco elegí que todos quieran decidir mi destino.

Cassian se acercó lentamente.

—Entonces deja de permitir que lo hagan.

Elara lo miró.

—¿Y qué se supone que debo hacer?

—Elegir por ti misma.

Por un instante, ninguno dijo nada.

Ronan carraspeó desde adelante.

—No quiero interrumpir este momento tan profundo, pero creo que alguien nos está siguiendo.

Todos se giraron.

El túnel estaba vacío.

Pero se escuchaban pasos.

Lentos.

Cada vez más cerca.

Vespera levantó su varita.

—¿Lo escuchan?

Elara asintió.

Cassian se colocó delante de ella.

—Sigan caminando.

—¿Y tú? —preguntó Elara.

—Los alcanzaré.

—No.

Cassian la miró sorprendido.

—¿Qué?

—No pienso dejarte aquí.

—Elara...

—Si viene por mí, no voy a esconderme detrás de ti.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Cassian.

—Eso fue exactamente lo que pensé que dirías.

Ronan negó con la cabeza.

—Definitivamente están locos.

Continuaron avanzando.

Los pasos dejaron de escucharse.

Durante unos segundos, reinó el silencio.

Entonces una voz apareció detrás de ellos.

—Elara.

Ella se congeló.

No era una voz desconocida.

Era una voz que había escuchado antes.

En su sueño.

La misma voz que le había dicho que corriera.

—No puede ser —susurró.

Cassian se giró rápidamente.

—¿Qué pasa?

Elara no respondió.

La voz volvió a escucharse.

—Elara...

Las piedras azules del túnel comenzaron a apagarse una por una.

Una sombra apareció al final del pasillo.

Alta.

Completamente cubierta por una capa negra.

No podían ver su rostro.

Vespera levantó su varita.

—¡Identifícate!

La figura continuó caminando.

—La corona no podrá protegerte.



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 13.09.2026

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