La Séptima Casa de Lunaris

CAPÍTULO 12 El regreso del guardián

Cassian seguía mirando el lugar donde su padre había desaparecido.

No se movía.

No hablaba.

Parecía que todo lo que ocurría a su alrededor había dejado de existir.

Los estudiantes seguían corriendo hacia el interior de la academia. Los profesores intentaban reparar las protecciones mágicas. Las criaturas que habían acompañado al hombre de la capa habían desaparecido entre las sombras.

Pero Cassian no reaccionaba.

—Cassian —dijo Elara suavemente.

Nada.

Ella se acercó un poco más.

—Cassian...

Él finalmente parpadeó.

—Está vivo.

Fue lo único que consiguió decir.

Elara asintió.

—Sí.

—Mi padre está vivo.

—Sí.

Cassian soltó una pequeña risa nerviosa.

—Durante años pensé que había muerto.

Ronan se acercó.

—Todos lo pensamos.

Cassian negó con la cabeza.

—No.

Miró hacia el cielo.

—No todos.

Elara frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Cassian la miró.

—Alguien sabía que estaba vivo.

Morgana se acercó lentamente.

—Cassian...

—¿Usted lo sabía?

La directora guardó silencio.

La expresión de Cassian cambió.

—Usted lo sabía.

—Sabía que existía la posibilidad de que hubiera sobrevivido.

—¡Eso no es lo mismo!

Su voz resonó por todo el patio.

Los estudiantes que aún estaban cerca comenzaron a mirar.

—¡Me dijeron que estaba muerto!

Morgana mantuvo la calma.

—Porque necesitábamos protegerte.

—¿Protegerme de qué?

—De él.

Cassian se quedó inmóvil.

—¿Mi propio padre?

—Tu padre ya no es el hombre que conociste.

Cassian apretó los puños.

—¿Qué le pasó?

Morgana bajó la mirada.

—Eso es precisamente lo que debemos descubrir.

Elara intervino.

—¿Por qué dijo que no confiáramos en la reina?

Todos se quedaron callados.

Vespera palideció.

—Mi madre...

—No sabemos qué quiso decir —respondió Morgana.

—Pero él sí lo sabía —dijo Cassian—. Y regresó después de cientos de años.

Elara lo miró.

—¿Cientos de años?

Cassian asintió.

—Mi padre desapareció cuando yo era niño.

—Pero la caída de Eclipse ocurrió hace más de trescientos años —dijo Ronan.

Cassian miró a Morgana.

—Exactamente.

Elara abrió los ojos.

—Eso no tiene sentido.

Morgana respiró profundamente.

—Los guardianes de Eclipse tenían una habilidad especial.

—¿Cuál?

—Podían prolongar su vida mediante magia de protección.

Elara miró hacia la dirección por donde había desaparecido el hombre.

—Entonces...

—Es posible que tu padre haya estado vivo durante todo este tiempo —dijo Morgana.

Cassian negó.

—¿Y por qué nunca volvió por mí?

Nadie respondió.

Esa pregunta parecía más dolorosa que cualquier otra.

Elara se acercó.

—Tal vez no podía.

Cassian la miró.

—¿Lo estás defendiendo?

—No.

Elara negó.

—Estoy diciendo que todavía no sabemos qué ocurrió.

Cassian apartó la mirada.

—Yo necesito saberlo.

Esa noche, Lunaris estaba extrañamente silenciosa.

Las clases habían sido suspendidas.

Los estudiantes permanecían en sus dormitorios mientras los profesores reparaban las barreras mágicas.

Pero Elara no podía dormir.

Estaba sentada junto a la ventana de su habitación.

El anillo de Eclipse estaba sobre la mesa.

Lo había observado durante horas.

La inscripción seguía allí.

PARA MI HIJA.

Su madre.

Había pertenecido a Eclipse.

Había conocido a Aurelia.

Había conocido al padre de Cassian.

Y había ocultado todo durante años.

Elara tomó el anillo.

La piedra violeta comenzó a brillar.

—¿Qué estás intentando decirme? —susurró.

De pronto, escuchó un ruido.

Toc.

Toc.

Elara se levantó.

Miró hacia la puerta.

—¿Quién es?

No hubo respuesta.

Volvió a escuchar.

Toc.

Toc.

Pero esta vez el sonido venía de la ventana.

Elara se acercó lentamente.

Abrió las cortinas.

No había nadie.

Solo la oscuridad del bosque.

Entonces una pequeña criatura apareció sobre el alféizar.

Era un pájaro negro.

Tenía los ojos violetas.

Elara lo observó.

—¿Tú hiciste eso?

El pájaro inclinó la cabeza.

Después dejó caer algo.

Una pequeña hoja de papel.

Elara la recogió.

Había una sola frase.

No busques a tu madre.

El corazón de Elara comenzó a latir rápidamente.

—¿Quién te envió?

El pájaro salió volando.

Elara abrió la ventana.

—¡Espera!

Pero desapareció entre los árboles.

Volvió a mirar el papel.

Entonces apareció una segunda frase.

Ella ya está en peligro.

Elara sintió un escalofrío.

—No...

Agarró su capa.

Salió de la habitación.

Encontró a Cassian en uno de los corredores.

Parecía que él tampoco había dormido.

—¿Tú tampoco puedes dormir? —preguntó Elara.

—No.

Ella le mostró el papel.

Cassian lo leyó.

Su expresión se volvió seria.

—¿Dónde encontraste esto?

—En mi ventana.

—¿Quién lo entregó?

—Un pájaro.

Cassian frunció el ceño.

—Un mensajero mágico.

—¿Eso qué significa?

—Que quien lo envió conoce las protecciones de Lunaris.

Elara sintió miedo.

—Entonces puede entrar aquí cuando quiera.

—Probablemente.

—Tengo que volver al mundo humano.

Cassian negó.

—No.

—Mi madre está en peligro.

—Y tú también.

—No me importa.

Cassian la tomó suavemente del brazo.

—A mí sí.

Elara se quedó mirándolo.

Cassian pareció darse cuenta de lo que acababa de decir y la soltó.

—Si sales ahora, podrían estar esperando eso.



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En el texto hay: fantasia, romance, magia

Editado: 13.09.2026

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