El silencio que siguió al apagón fue peor que cualquier grito.
Elara permaneció inmóvil en medio del salón del palacio, mirando hacia la oscuridad que había cubierto cada rincón.
Las enormes lámparas mágicas habían dejado de brillar.
Los cristales de las paredes estaban apagados.
Incluso las runas de protección que rodeaban el palacio habían desaparecido.
—Esto no es un simple apagón —susurró Lucian.
Cassian se colocó inmediatamente delante de Elara.
Ronan gruñó.
Sus ojos comenzaron a adquirir un brillo sobrenatural.
—Hay alguien aquí.
Vespera levantó una mano.
—¿Dónde?
Ronan cerró los ojos.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después abrió los ojos lentamente.
—En todas partes.
Elara sintió un escalofrío.
—¿Cómo que en todas partes?
—No puedo encontrar su rastro —respondió Ronan—. Es como si la persona que está haciendo esto no tuviera un cuerpo.
Un golpe resonó en algún lugar del palacio.
¡BOOM!
Todos se sobresaltaron.
Después llegó otro.
¡BOOM!
Las puertas principales temblaron.
Lucian desenvainó su espada mágica.
—Todos atrás.
Cassian no se movió.
—No.
Lucian lo miró.
—¿No?
—Si alguien viene por Elara, no pienso esconderme detrás de ti.
Elara observó a Cassian.
Había algo diferente en su mirada.
Ya no era solamente preocupación.
Era miedo.
Pero no por él.
Por ella.
—Cassian...
Él giró hacia ella.
—Quédate cerca de mí.
—No necesito que me protejas todo el tiempo.
—Lo sé.
Cassian bajó la voz.
—Pero quiero hacerlo.
El corazón de Elara dio un pequeño vuelco.
Antes de que pudiera responder, una voz atravesó el salón.
—Elara.
Ella se quedó helada.
Era una voz femenina.
Suave.
Conocida.
Aunque no podía recordar de dónde.
—¿Quién eres? —preguntó.
La voz volvió a escucharse.
—Mi niña...
Elara abrió los ojos.
—Mamá.
Cassian la miró.
—¿La escuchaste?
Elara asintió.
—Sí.
Vespera se acercó.
—¿Dónde?
Elara cerró los ojos.
La voz volvió a llegar.
Esta vez mucho más clara.
—Ven al bosque.
Elara abrió los ojos.
—Está en el bosque.
Lucian negó inmediatamente.
—No puedes ir.
—Es mi madre.
—Precisamente por eso puede ser una trampa.
Elara miró a Cassian.
Él parecía estar pensando.
—Tiene razón —dijo finalmente.
Elara frunció el ceño.
—¿Tú también?
—No digo que no vayamos.
Cassian miró hacia las ventanas oscuras.
—Digo que no iremos por donde quieren que vayamos.
Vespera entendió.
—Un camino alternativo.
Cassian asintió.
—Hay un antiguo sendero detrás del palacio. Los guardianes de Eclipse lo utilizaban para entrar y salir de Elaria sin ser detectados.
Morgana, que hasta ese momento había permanecido en silencio, levantó la mirada.
—Ese sendero fue sellado hace siglos.
Cassian la observó.
—Entonces será mejor que alguien nos diga cómo abrirlo.
La directora respiró profundamente.
—No puedo.
Elara dio un paso hacia ella.
—¿Por qué?
Morgana sostuvo su mirada.
—Porque solamente un miembro de Eclipse puede abrirlo.
El símbolo de la mano de Elara comenzó a brillar.
Todos guardaron silencio.
—Entonces supongo que ya sabemos quién puede hacerlo —dijo Vespera.
Elara extendió la mano.
El símbolo violeta apareció sobre su piel.
Una corriente de energía recorrió el salón.
Las paredes comenzaron a vibrar.
Y, muy lejos del palacio, algo respondió.
Una puerta oculta apareció detrás de una enorme biblioteca.
Tenía el mismo símbolo.
Eclipse.
Elara se acercó.
Cassian caminó a su lado.
—No sabemos qué hay detrás.
—Es mi madre.
—Lo sé.
—Entonces voy.
Cassian suspiró.
—Sabía que dirías eso.
—¿Y tú?
Él la miró.
—Voy contigo.
Ronan se acercó.
—Entonces yo también.
Vespera sonrió.
—No pienso dejar que ustedes tres se metan en un bosque encantado sin mí.
Lucian negó con la cabeza.
—Y yo tampoco.
Morgana los observó.
—No deberían ir todos.
—¿Por qué? —preguntó Elara.
La directora miró fijamente el símbolo de Eclipse.
—Porque si el enemigo realmente ha regresado...
Hizo una pausa.
—...podría estar esperando que ustedes abandonen el palacio.
Elara sintió un nudo en el estómago.
—Entonces alguien debe quedarse.
Lucian levantó la espada.
—Yo me quedaré.
Vespera lo miró sorprendida.
—Lucian...
—Si esto es una distracción, alguien tiene que proteger el palacio.
Morgana asintió.
—Buena decisión.
Lucian se acercó a Elara.
—Trae a tu madre de vuelta.
Elara asintió.
—Lo haré.
La puerta de Eclipse se abrió.
No hubo explosión.
No hubo luz.
Simplemente apareció un camino cubierto de árboles oscuros.
El aire que salió de allí era frío.
Demasiado frío.
Ronan olfateó el aire.
—No me gusta.
—¿Por qué? —preguntó Vespera.
—Huele a magia antigua.
Cassian miró a Elara.
—Mantente cerca.
Ella entró primero.
El bosque parecía diferente al resto de Elaria.
Los árboles eran enormes.
Sus ramas se entrelazaban sobre sus cabezas formando un techo natural.
Pequeñas luces violetas flotaban entre las hojas.
Elara reconoció algunas.
Eran las mismas luces que había visto en sus sueños.
—Yo conozco este lugar.
Cassian se detuvo.
—¿Has estado aquí antes?
—En mis sueños.
Vespera miró alrededor.
Editado: 13.09.2026