Elara no podía apartar la mirada del hombre que tenía delante.
Cassian estaba completamente inmóvil.
Su padre también.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
El bosque parecía haberse quedado en silencio para observarlos.
—Papá... —repitió Cassian.
El hombre dio un paso hacia él.
—Has crecido.
Cassian apretó la mandíbula.
—Tú estás muerto.
—Eso es lo que todos creen.
—¿Por qué?
El hombre bajó lentamente la capucha.
Elara pudo verlo por primera vez.
Tenía el mismo cabello oscuro que Cassian y unos ojos grises que parecían guardar demasiados secretos.
Pero había algo extraño en él.
Una oscuridad rodeaba su cuerpo.
No era una sombra normal.
Parecía magia.
Magia prohibida.
—Porque necesitaba que creyeras que estaba muerto —respondió.
Cassian soltó una risa amarga.
—¿Para protegerme?
Su padre no contestó.
—¡¿Para protegerme?! —insistió Cassian.
El hombre lo miró fijamente.
—No.
La respuesta fue tan fría que incluso Ronan dio un paso atrás.
—Necesitaba proteger el secreto.
Cassian bajó la mirada.
—¿Qué secreto?
El hombre miró a Elara.
Ella sintió que el corazón se le aceleraba.
—Ella.
Cassian se colocó delante de Elara.
—No la mires.
Su padre sonrió.
—Sigues siendo igual que tu madre.
Cassian se quedó helado.
—No vuelvas a hablar de ella.
—Tu madre sabía la verdad.
—¿Qué verdad?
El hombre dio otro paso.
—Que Eclipse nunca desapareció.
Elara sintió que su símbolo comenzaba a calentarse.
—Entonces ¿por qué todos creen que fue destruida?
La madre de Elara respondió antes que él.
—Porque alguien necesitaba que el mundo lo creyera.
El hombre la miró.
—Sigues protegiéndola.
—Es mi hija.
—Precisamente.
La madre de Elara se colocó delante de ella.
—No permitiré que vuelvas a acercarte a ella.
El hombre sonrió.
—Ya es demasiado tarde.
Elara sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Su madre la tomó de los hombros.
—Elara, tienes que escucharme.
—Estoy escuchando.
—Eclipse no era solamente una casa de la academia.
Elara frunció el ceño.
—¿Entonces qué era?
Su madre respiró profundamente.
—Era un linaje.
El bosque pareció oscurecerse aún más.
—Un linaje de personas capaces de controlar una magia diferente a cualquier otra.
Vespera dio un paso adelante.
—¿La magia de los vínculos?
La madre de Elara la miró sorprendida.
—¿Cómo sabes eso?
—Morgana nos lo explicó.
La mujer negó lentamente.
—Morgana sabe solamente una parte.
Elara sintió que la respuesta escondía algo mucho más grande.
—¿Qué parte no sabe?
Su madre la miró directamente.
—Eclipse podía unir cosas.
—¿Personas?
—Personas.
—¿Lugares?
—También.
—¿Recuerdos?
Su madre asintió.
—Y destinos.
Elara se quedó en silencio.
Cassian levantó la mirada.
—¿Destinos?
—Sí.
La madre de Elara observó a Cassian.
—Por eso tu padre era un guardián.
Cassian no apartó los ojos de ella.
—¿Qué significa ser guardián?
—Proteger a la heredera.
El silencio volvió a caer.
Elara miró a Cassian.
Después miró a su madre.
—¿A mí?
Su madre asintió.
—A ti.
Cassian negó lentamente.
—No.
Su padre sonrió.
—Ahora entiendes por qué tuve que mantenerme lejos de ti.
Cassian se giró hacia él.
—No entiendo nada.
—Lo harás.
—¡Deja de hablar como si todo tuviera sentido!
El hombre lo observó.
—Porque todavía no recuerdas.
Cassian se quedó inmóvil.
—¿Recordar qué?
Su padre levantó una mano.
El símbolo del cuello de Cassian brilló intensamente.
Elara sintió que el suyo respondía.
Una luz violeta los envolvió.
Cassian cayó de rodillas.
—¡Cassian!
Elara corrió hacia él.
Su madre intentó detenerla.
—¡No!
Pero ya era demasiado tarde.
Cuando Elara tocó la mano de Cassian, una visión apareció frente a ellos.
Un castillo.
Un cielo rojo.
Personas corriendo.
Gritos.
Fuego.
Y en medio de todo...
Una joven.
Aurelia.
Elara reconoció su rostro inmediatamente.
Pero esta vez no estaba sola.
A su lado estaba una mujer.
La madre de Elara.
Solo que mucho más joven.
Elara abrió los ojos.
—Mamá...
La visión continuó.
Aurelia sostenía a un bebé entre sus brazos.
La joven madre de Elara lloraba.
—No puedo hacerlo —decía.
—Tienes que hacerlo —respondió Aurelia.
—Es demasiado peligroso.
—Si se queda aquí, morirán todos.
La visión cambió.
Apareció el padre de Cassian.
Era mucho más joven.
Estaba frente a Aurelia.
—La protegeré.
Aurelia negó con la cabeza.
—No.
—Es mi deber.
—Tu deber no será protegerla.
El hombre la miró confundido.
Aurelia se acercó.
—Tu deber será protegerlo a él.
La visión mostró a un niño pequeño.
Cassian.
Elara sintió que el corazón se le detenía.
Aurelia continuó:
—Cuando llegue el momento, ellos dos tendrán que encontrarse.
La imagen comenzó a desaparecer.
Pero antes de que se desvaneciera por completo, Elara escuchó una última frase.
—Y cuando lo hagan, la séptima casa despertará por completo.
La visión terminó.
Elara soltó la mano de Cassian.
Ambos respiraban con dificultad.
—¿Qué acabamos de ver? —preguntó Ronan.
Nadie respondió.
Cassian levantó lentamente la cabeza.
Miró a su padre.
—Tú sabías que esto iba a pasar.
—Sí.
—Sabías que ella era la heredera.
Editado: 13.09.2026