Las ramas golpeaban sus brazos y el aire frío del bosque le quemaba los pulmones, pero no se detenía.
Cassian corría a su lado.
Vespera y Ronan iban detrás.
—¡Por aquí! —gritó la madre de Elara.
La siguieron entre los árboles hasta llegar a una pequeña cueva escondida detrás de una cascada de luz violeta.
La mujer levantó la mano.
El agua se detuvo en el aire.
Detrás apareció una entrada.
—Entren.
Todos pasaron rápidamente.
Cuando la última persona entró, la cascada volvió a caer.
La cueva quedó completamente silenciosa.
Elara apoyó la espalda contra la pared.
Intentó recuperar el aire.
—¿Estamos a salvo?
Su madre no respondió inmediatamente.
Eso fue suficiente para preocuparla.
—Mamá.
—Por ahora.
Cassian se acercó.
—Mi padre.
La madre de Elara bajó la mirada.
—Lo siento.
—No.
Cassian negó con la cabeza.
—No me diga que lo siente. Dígame qué está pasando.
Su voz estaba llena de rabia.
—¿Quiénes son esos cazadores?
—Personas que llevan siglos buscando a los descendientes de Eclipse.
—¿Por qué?
—Porque creen que si eliminan al último heredero, Eclipse desaparecerá para siempre.
Elara dio un paso adelante.
—Pero yo soy la última heredera.
Su madre la miró.
—Eso creen ellos.
Elara frunció el ceño.
—¿Qué significa?
—Significa que hay cosas sobre tu familia que todavía no conoces.
Cassian intervino.
—¿Hay otro heredero?
La mujer guardó silencio.
El silencio fue demasiado largo.
—Mamá...
—No puedo decirte todo aquí.
Elara apretó los puños.
—¡Siempre dices lo mismo!
Su voz rebotó en las paredes de la cueva.
—Todo lo que me han dicho desde que llegué a Elaria son secretos. Mi familia es un secreto. Eclipse es un secreto. Cassian es un secreto. ¡Hasta mi propia madre es un secreto!
La mujer se acercó.
—Te protegí.
—¿De qué?
—De la verdad.
Elara soltó una risa triste.
—¿Y de qué sirvió?
Su madre no respondió.
Elara bajó la mirada.
—Tengo derecho a saber quién soy.
La mujer tomó aire.
—Sí.
Por primera vez, parecía dispuesta a hablar.
—Pero antes necesito que entiendas algo.
Se acercó a una pared de la cueva.
Tocó una pequeña piedra.
La pared comenzó a iluminarse.
Apareció un mapa antiguo de Elaria.
Pero había algo extraño.
En el centro de la ciudad había un símbolo que Elara nunca había visto.
Una corona.
—¿Qué es eso? —preguntó Vespera.
La madre de Elara la miró.
—La Corona de Eclipse.
Elara sintió un escalofrío.
—Pensé que Eclipse solo tenía una casa.
—La casa era el comienzo.
La mujer señaló el símbolo.
—La corona era el verdadero poder.
Cassian se acercó.
—¿Quién la llevaba?
—Aurelia.
Elara abrió los ojos.
—¿La última heredera?
—Sí.
—Entonces ¿dónde está?
Su madre bajó la voz.
—Desapareció la noche de la traición.
Elara recordó la visión.
Aurelia.
El fuego.
La joven madre de Elara.
El padre de Cassian.
Y alguien más.
Una sombra.
—¿Quién la traicionó? —preguntó.
Su madre la miró directamente.
—Eso es lo que llevamos trescientos años intentando descubrir.
Mientras tanto, muy lejos de la cueva...
En lo alto de una torre abandonada, la figura de la corona observaba el bosque.
Había seguido cada movimiento.
Cada paso.
Cada decisión.
A su lado apareció una mujer vestida de negro.
—La encontraron.
—Sí.
—¿Y la heredera?
La figura sonrió.
—Está viva.
—Entonces debemos actuar.
La figura levantó una mano.
Una pequeña esfera de cristal apareció en el aire.
Dentro podía verse el rostro de Elara.
—Todavía no.
—¿Por qué esperar?
—Porque aún no sabe usar su poder.
La mujer guardó silencio.
—Cuando Eclipse despierte por completo...
La figura apretó la esfera.
—...ella misma abrirá la puerta que necesitamos.
En la cueva, Elara observaba el mapa.
—¿Qué puerta?
Su madre la miró sorprendida.
—¿Cómo sabes que existe una puerta?
Elara recordó las palabras de Aurelia.
Busca la habitación que nunca existió.
Y cuando encuentres la llave... no abras la puerta.
—Porque Aurelia me habló.
Su madre palideció.
—¿Aurelia?
—La he visto varias veces.
—Eso no puede ser.
—¿Por qué?
—Porque Aurelia desapareció.
—Lo sé.
—No.
Su madre negó lentamente.
—No entiendes.
Se acercó a Elara.
—Aurelia no puede aparecer como un espíritu.
—Entonces ¿qué es?
La mujer tragó saliva.
—Un recuerdo.
Elara se quedó inmóvil.
—¿Un recuerdo?
—Eclipse tenía una habilidad que permitía guardar la conciencia de una persona dentro de determinados objetos y lugares.
Cassian comprendió.
—Por eso la hemos visto.
—Sí.
—Entonces Aurelia está atrapada en algún lugar.
Su madre asintió.
—O esperando que alguien la encuentre.
Elara miró nuevamente el mapa.
—¿Dónde?
La mujer señaló una zona al norte de Elaria.
—Las Ruinas de Eclipse.
Vespera dio un paso atrás.
—Nadie puede entrar allí.
—¿Por qué?
—Porque fueron selladas por la corona después de la traición.
Elara miró a su madre.
—Quiero ir.
—No.
—Es mi familia.
—Precisamente por eso.
Cassian se acercó.
—Yo iré con ella.
La madre de Elara lo observó.
—Tú no entiendes el peligro.
—Sí lo entiendo.
—Tu padre acaba de sacrificarse para que escapemos.
Cassian bajó la mirada.
—Lo sé.
Editado: 13.09.2026