«Búscalo en el lugar donde todos creen que está a salvo.»
El palacio.
La reina.
La corona.
Todo parecía apuntar hacia el mismo lugar.
—Tenemos que regresar —dijo Elara.
Vespera negó con la cabeza.
—Si la carta tiene razón, regresar al palacio es exactamente lo que esperan que hagamos.
Cassian miró a Elara.
—Entonces no iremos por la entrada principal.
Ronan sonrió.
—Ahora sí estás pensando como un guardián.
Cassian no respondió.
Todavía tenía la mirada fija en la oscuridad del bosque.
—Primero debemos encontrar qué escondió mi padre.
Elara se acercó.
—¿Crees que dejó algo aquí?
—Estoy seguro.
Caminaron hasta el lugar donde había desaparecido la barrera.
Cassian se arrodilló y tocó la tierra.
Una sombra apareció bajo sus dedos.
El suelo comenzó a iluminarse.
Entonces apareció una puerta.
Elara sintió que su símbolo ardía.
—Eclipse.
Cassian asintió.
—Mi padre la escondió.
La puerta se abrió.
Dentro había una pequeña habitación.
En las paredes había cientos de símbolos.
Y en el centro, un espejo.
Elara se acercó.
Su reflejo desapareció.
En su lugar apareció su madre.
—Si estás viendo esto, significa que ya descubriste la verdad.
Elara contuvo la respiración.
—Mamá...
La imagen continuó.
—No confíes en la corona.
Después apareció otra imagen.
La reina Seraphina.
Elara abrió los ojos.
—No...
Su madre continuó:
—Pero tampoco creas que la reina fue quien destruyó Eclipse.
Cassian frunció el ceño.
—Entonces ¿quién?
La imagen cambió.
Apareció Aurelian.
El rey.
—La traición vino de alguien que estaba mucho más cerca de Aurelia de lo que todos imaginaban.
La imagen se distorsionó.
Y apareció una tercera persona.
Morgana.
Elara quedó paralizada.
—No puede ser.
Vespera retrocedió.
—Morgana...
La grabación terminó.
Cassian miró a Elara.
—Tenemos que volver.
Cuando llegaron al palacio, todo estaba extrañamente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Las puertas se abrieron antes de que las tocaran.
Vespera entró primero.
—¿Padre?
Nadie respondió.
Elara sintió que algo no estaba bien.
Subieron las escaleras.
Llegaron al salón principal.
Allí estaba la reina Seraphina.
Sola.
Llevaba la corona plateada.
—Sabía que regresarías —dijo.
Elara dio un paso adelante.
—¿Dónde está el rey?
La reina no respondió.
—¿Dónde están Lucian y Morgana?
Seraphina levantó la mirada.
—Lucian está a salvo.
—¿Y Morgana?
La reina guardó silencio.
Cassian apretó los puños.
—¿Qué sabe sobre Eclipse?
La reina lo miró.
—Más de lo que debería.
Elara sintió que su símbolo comenzaba a brillar.
—¿Morgana traicionó a Aurelia?
Seraphina cerró los ojos.
—No.
Elara quedó confundida.
—Entonces ¿por qué vimos su rostro?
La reina se acercó.
—Porque Morgana intentó detener al verdadero traidor.
—¿Quién?
Antes de que pudiera responder, una voz apareció detrás de ellos.
—Yo.
Todos se giraron.
Morgana estaba allí.
Pero no parecía la misma.
Su ropa estaba cubierta de sangre.
Y en su mano sostenía una antigua daga negra.
Elara retrocedió.
—Directora...
Morgana la miró.
—Perdóname.
La corona de Seraphina comenzó a brillar.
Las paredes del palacio temblaron.
Y una enorme grieta apareció en el suelo.
Desde las profundidades surgió una energía violeta.
Eclipse estaba despertando.
Morgana levantó la daga.
—La séptima casa no fue destruida.
Miró a Elara.
—Fue escondida.
—¿Por qué?
—Para protegerte.
Elara sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.
—¿De quién?
Morgana miró hacia la puerta.
Y una voz respondió.
—De mí.
Las puertas se abrieron.
El padre de Cassian entró.
Pero esta vez no estaba solo.
A su lado estaba un hombre que Elara reconoció inmediatamente.
El rey Aurelian.
Cassian dio un paso atrás.
—Padre...
El rey levantó la mirada.
—Cassian.
Elara sintió que todo su cuerpo se quedaba frío.
El verdadero traidor estaba frente a ellos.
Pero entonces Aurelian dijo:
—No soy el traidor.
Elara miró a Morgana.
Después a Seraphina.
Después a Cassian.
—Entonces...
La reina levantó lentamente la corona.
—La traición todavía no ha terminado.
Y la corona se partió en dos.
Una mitad cayó al suelo.
La otra mitad comenzó a flotar frente a Elara.
El símbolo de Eclipse apareció sobre su pecho.
Y una voz antigua llenó todo el palacio:
—La heredera ha sido encontrada.
Elara cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos...
Sus ojos brillaban de color violeta.
Editado: 13.09.2026