Un nuevo día. Última página de esta historia.
No sé si el mundo será más justo mañana, ni si las guerras cesarán por fin. Lo único que sé con certeza es que, cuando llegue el próximo conflicto, estaré lista. No porque le tema al dolor, sino porque sé que no estaré sola. Mientras tenga a los mejores a mi lado, no habrá enemigo que me doblegue ni sombra que me consuma.
Con el tiempo, todo encuentra su cauce. Cada quien en esta tierra cosecha lo que ha sembrado, y esta historia —nuestra historia— no es la excepción. No hay redención sin sacrificio, ni victoria sin pérdida.
De Alan y de mí nacerán rumores, mitos y teorías. Algunos nos verán como héroes, otros como villanos, y unos cuantos más jurarán que somos la reencarnación de Ann y Mohat. Dirán que repetiremos sus errores, que el ciclo jamás se rompe, que la historia se repite como si el destino se burlara de quienes intentan desafiarlo. Pero se equivocan.
Si todo lo que vivimos no nos cambió... nada lo hará. El equilibrio cósmico habló, advirtió, castigó y redimió a través de nosotros. No fuimos víctimas ni verdugos; fuimos reflejo. Y eso, les guste o no, seguirá ocurriendo generación tras generación. No por maldición, sino por naturaleza.
Por eso escribo estas páginas. No para inmortalizarme, sino para advertir. Para que quien lea estas palabras comprenda lo que significa tener poder en las manos: no como un privilegio, sino como un compromiso. Todos, tarde o temprano, libramos una guerra interior. Y no hay espada ni ejército que pueda ayudarnos a ganarla si no estamos dispuestos a enfrentarnos a nosotros mismos.
La paz y la felicidad no son trofeos que se conquistan. Son estados que se cultivan día a día, con cada decisión, con cada acto de valentía y a veces, eso significa aceptar nuestra realidad, no para rendirnos ante ella, sino para aprender a caminar entre sus ruinas... y construir algo nuevo.
Este no es el final de todo. Es solo el cierre de un capítulo que nos recordó que, por más oscuro que parezca el túnel, siempre —siempre— hay una luz al fondo. Y si no la ves... me convertiré en ella.
Firma; Helen Laurent.