Al finalizar su reunión, los cuatro de Liternia e Isaac decidieron dividirse para tener la oportunidad de conocer mejor a otros compañeros. Fueron con quienes debían trabajar en la asignación. Amara fue con Diana, Dean con Gregorio, Tomás con Abril, Sofía con Oliver y por último, Isaac con Eyra. No esperaba encontrar a la melliza sola, sabía que no se separaba de su hermano nunca.
Se acercó con cuidado como si se tratara de perros rabiosos que en cualquier momento se lanzarían sobre ella. El primero en mirarla fue Oliver, su expresión le hacía parecer triste, mientras que su hermana siempre parecía estar enojada. Cuando se encontró con sus ojos, dudó unos segundos si hablarle. Luego sintió la hostil mirada de Diana. Era de su estatura, así que se la encontraba de frente, desafiante.
Los hermanos Rodriguez, de cabello dorado y ojos oscuros. Siempre muy serios. Algunos mellizos no se parecen, pero ellos eran fotocopias. Misma estatura, mismos ojos, mismo tono de piel, misma seriedad. La única diferencia era que Diana usaba el cabello largo, atado en una cola de caballo y Oliver tenía su cabello un poco por arriba de sus hombros. Además de la curiosa máscara que utilizaba, de color blanco y cubría la mitad de su rostro, como en El fantasma de la ópera. Sofía asumió que cubría su rostro por una terrible herida, aunque le parecía imposible que un curandero no fuera capaz de sanarlo.
—Se tomaron muy en serio lo de conocernos —dijo Oliver al ver que ambas se acercaban.
—Bueno, creo que es importante. Además, vamos a trabajar juntos —explicó Amara.
Diana simplemente miraba a Sofía de pies a cabeza, causando un escalofrío en la chica, parecía muy nerviosa.
“No quiero dejarla sola con ella, pero…”, pensó Amara antes de hablar.
—Iré a la biblioteca, quiero saber más sobre el FACA. ¿Me acompañaría, Oliver? —pidió ella también nerviosa. Esperaba que se negara o que le dijera que tenía mejores cosas por hacer. Para su sorpresa… ¡accedió!
—Está bien, yo también pensaba investigar un poco más.
Amara no pudo disimular su emoción. Oliver luego miró a su hermana, esperando una respuesta. Ella asintió. Sofía se volvió a Amara con una sonrisa.
Los cuatro caminaron entre los largos pasillos, con el piso reluciente y las paredes grises. Sofía intentó iniciar una conversación, que rápidamente apagaron. Sus respuestas monosílabas hacían esa tarea imposible, considerando también que ni Amara ni Sofía eran expertas en iniciar conversaciones con otros.
La gran puerta de vidrio de la biblioteca estaba abierta de par en par, unos alumnos mayores salían con una montaña de libros cada uno. Esperaron a que ellos pasaran. Justo cuando se iba a dirigir a la fuente, Oliver tocó su hombro y señaló una puerta tras ellos. Amara nunca había ido ahí.
—Esa sala es de llamadas, podemos contactar a un creador para que nos hable de la feria —explicó él mientras caminaban hacia una sala con varias puertas.
Parecían oficinas. Oliver se asomó para buscar una vacía. La cuarta a su izquierda parecía estarlo. Él abrió la puerta y las dejó pasar, luego cerró con cuidado. La sala era pequeña, tenía una mesa larga y cuatro sillas colocadas del lado de la puerta. Al otro lado de la mesa había una pizarra. Amara miró a Diana, quien simplemente se sentó en la silla a la derecha. El hermano tocó el orbe gris que había en el centro de la mesa, al hacer contacto, este se volvió de un tono naranja claro.
—Un creador.
Al dar la orden, el orbe se volvió celeste. Esperaron unos segundos en silencio. Luego el orbe cambió nuevamente de color a blanco. En ese momento, la sombra de una mujer apareció frente a ellos. Era como un holograma, su cuerpo se veía normal a diferencia de una extraña luz blanca a su alrededor. Llevaba el uniforme de los creadores, y su brazo estaba cubierto por algo sólido que no logró identificar, parecido a una barrera.
—Buenas tardes, mi nombre es Génova. Soy creadora de cuarto rango. ¿En qué puedo ayudarles?
Amara no estaba muy familiarizada con las jerarquías de los creadores. Preguntarle sería vergonzoso, prefería investigarlo luego.
—Buenas tardes, mi nombre es Oliver —se presentó él, luego señaló a su derecha—. Ella es mi hermana, Diana.
El chico miró a sus compañeras.
—Yo… soy Sofía, un gusto.
—Mi nombre es Amara. ¡Buenas tardes!
La mujer asintió.
—Buscamos información general sobre el FACA.
—El FACA, me imagino que ustedes fueron asignados como escolta. ¡Qué bueno! Les va a encantar la actividad, ¿son de primer año? Se ven muy jóvenes. ¡Qué lindos! Les voy a contar todo lo que deben saber para que la pasen súper bien junto a los otros chicos. ¡Yo enviaré un grupo de jóvenes muy talentosos! Espero que tengan la oportunidad de conocerlos.
Los cuatro fueron sorprendidos ante la emoción de la mujer, quien dedicó las siguientes dos horas explicando en detalle las actividades, incluyendo anécdotas suyas. Les habló de premios, proyectos, torneos, la cena y la historia de Lisandro Cacharro. Muy interesante lo grande que era esa actividad.
Para su suerte, Génova explicó sobre los rangos de los creadores. Siendo cinco rangos, el más alto el cinco, donde estaban los creadores más importantes en sus respectivas áreas de estudio. Así que se encontraban frente —no realmente al frente— de una creadora de alto rango. ¿Por qué respondía las preguntas de niños? Por poco olvidaba que seguían siendo parte de Oculus Aquilae, por supuesto que altos rangos les ayudarían.